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Se despertó a media noche, con la oscuridad colándose por su cuarto como un manto de muerte. Hyde miró a su alredor y luego tocó sus mejillas húmedas. Entonces, supo que había llorado también durante el sueño.

No se escuchaba nada. Como si la noche hubiera eliminado también el ruido. Hyde se levantó de la cama con cuidado, le dolía la cabeza de nuevo… trató de recordar qué estaba soñando. Tenía en su memoria la imagen de estar a mucha altura, viendo con ansias la ciudad bajo sus pies. Aún podía sentir en la boca del estómago la sensación de ir cayendo, y sobre su piel todavía podía sentir el impacto del firmamento, quebrándolo por entero… se tocó las comisuras de la boca, casi esperando encontrar sangre. Pero no había nada más que los rastros de lágrimas. Y en su pecho, la sombra de la tristeza.

De pronto… necesitaba ver a Tetsu.

Con este pensamiento, Hyde se puso de pie y salió de la habitación. Se sentía un sonámbulo. Caminó al cuarto consigo al suyo y simplemente entró… sabía que Tetsu tendría la puerta abierta, quizás, también previendo aquella necesidad en media noche de trasladarse al cuarto del otro.

Tetsu dormía sobre la cama que no había sido ocupada por mucho tiempo. La habitación casi no tenía muebles, las cortinas estaban corridas, a diferencia del cuarto de Hyde. El bajista dormía tranquilo, completamente ajeno a la tristeza que Hyde aún sentía… Hyde caminó casi sin hacer ruido hasta la cama, luego se sentó a su lado y se tendió junto a él. Con mucho cuidado, Hyde abrazó el cuerpo de Tetsu y apoyó su rostro en su pecho, sintiendo el subir y bajar tranquilo y los latidos del corazón del bajista… un corazón que seguía siendo totalmente suyo.

¿Lo era?.

Hyde cerró los ojos y deseó por un momento olvidarse de todo. Que esa fuera una noche de hace tres años, sin memorias de dolor y de engaño, de resentimiento…

Miró a la luna. No podía olvidar. Pero… sí podía disfrutar de aquel amor, aquella compañía hasta que el mismo Hyde la alejara.

Y hasta que Tetsu sufriera, y después sintiera tanto odio como Hyde sentía hacia él.

Vivir los dos polos opuestos, el amor y el odio por Tetsu… lo estaba desgastando.

Y por alguna extraña razón Hyde lo sabía. Lo sentía en el cuerpo. Aquella intensidad terminaría desbordando, destrozándolo, y finalmente, matándolo.








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Bodas de Sangre
Capítulo 10

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Tetsu despertó por las primeras luces de la mañana, que se colaban por el cuarto y caían sobre su rostro.

Se movió lentamente sobre la cama, colocó las manos en su rostro como tratando de esconderse del sol, y viendo que no podía conciliar el sueño otra vez, abrió los ojos y miró alrededor con extrañeza. Aquella no era su habitación.

Después de un segundo, recordó dónde estaba y sonrió.

Su sonrisa se hizo aún más grande al percatarse del peso que tenía sobre su pecho, y ver a Hyde durmiendo junto a él, casi abrazado a su cuerpo, con los largos cabellos ocultando su rostro.

El corazón del bajista latió más rápido. Hyde debía haberse tendido a su lado durante la noche y él no lo había sentido.

Con mucho cuidado, le acarició el cabello y apartó los mechones sobre su frente. Entonces, vio plenamente los ojos almendrados de Hyde cerrados por el sueño, su rostro tan tranquilo, como un niño durmiendo en su pecho. Tetsu sintió unas enormes ganas de besar su boca, pero se conformó con dejar un beso sobre su frente, hacer un camino de caricias sobre la espalda desnuda del vocalista, y trazar el contorno del tatuaje de alas con la yema de sus dedos, con mucho cuidado para no despertarlo.

La piel de Hyde se sentía tan fría… realmente deseaba seguir acariciándola, pero Tetsu sabía que no podía. Hyde ya había delimitado su relación, y en esa imaginaria línea las caricias más íntimas no entraban

Con un suspiro resignado, Tetsu se separó del cuerpo suave del vocalista y salió despacio de la cama.

Se dirigió hacia la cocina, pensativo, miró el cielo azul tras el ventanal de vidrio en la sala y se enfundó ánimos.

El poder estar cerca de Hyde ya era suficiente… mucho más de lo que hubiera esperado hace unos meses, cuando él y Hyde seguían separados y sin contacto.

Pero… al mismo tiempo, recordó el rechazo de Hyde el día anterior, y aunque se había prometido respetar sus decisiones, Tetsu no pudo dejar de sentir tristeza.

Cuánto deseaba sentir a Hyde de nuevo, estar dentro de él… el sexo no era primordial en su vida, pero con Hyde todo era diferente. Ahora, el sexo sería una demostración física de lo que Tetsu sentía dentro de su corazón. Que pese a todo, Hyde lo seguía amando.

Y al mismo tiempo, Hyde tenía mucha razón. Y quizás era mejor esperar, uno a uno ir resolviendo los problemas alrededor hasta que todo estuviera en relativa calma y entonces…. Entonces él y Hyde sí podrían estar juntos como lo querían, de la forma más completa que Tetsu anhelaba.

Con un poco más de ánimo, Tetsu tomó algunos alimentos de la nevera y decidió preparar algo especial para el desayuno. Comenzó a hacer un poco de café y hotcackes, con una sonrisa en el rostro y un ánimo casi infantil. Porque…. Bien, él lo había prometido. Iba a reconquistar a Hyde. Iba a hacerlo olvidar todas las malas experiencias pasadas. Y mimándolo era un buen comienzo.

Estaba a medio terminar cuando sintió unas manos rodeando su cintura y un cuerpo abrazándolo por la espalda. Tetsu no se dio vuelta, sabía quien era, y su sonrisa se acentuó. Hyde le susurró los buenos días en su oído con una voz baja y algo sedosa, un tono que casi lo hizo estremecer.

- ¿Madrugaste para hacerme el desayuno, Techan?.

El bajista apagó los fogones de la cocina y se dio vuelta en el abrazo. Abrazó también a Hyde, quien estaba con los boxer como única prenda. Y con el cabello algo revuelto, signo inequívoco de que efectivamente, se acababa de despertar.

- No… madrugué porque sentí una presencia a mi lado- respondió Tetsu con una sonrisa. Acarició las mejillas de Hyde con cuidado, y luego sus dedos tocaron con suavidad los labios del vocalista.- ¿Sabes?... me parece que una criatura nocturna se coló en mi cuarto la otra noche, y quiso dormir conmigo… cuando desperté, esa criatura todavía seguía a mi lado.

Hyde sonrió también. Se empinó un poco y entonces, esos labios fueron acariciados directamente por los labios de Tetsu.

- De noche… cosas extraordinarias pasan, ¿no?- Hyde susurró aún sobre sus labios, con tono suave y misterioso.- Quizás… esa criatura era un vampiro, que entró en tu cuarto para beber de tu sangre… ¿no lo has pensado?.

“Eso soy… pero en vez de beber de tu sangre, yo quiero tu corazón. Tanto porque necesito de tu amor y tus cuidados… como porque necesito destrozarlo”.

- ¿Vampiro?...- Tetsu repitió pensativamente, y su sonrisa se acentuó- No, no lo creo. Él seguía a mi lado después de que amaneció, y además, era demasiado lindo para ser una criatura tan peligrosa. No lo parecía.

Hyde negó con un gesto.

- No… Piénsalo de esta manera. Quizás, el vampiro resiste el sol de la mañana porque es más fuerte de lo que imaginas. Y aunque sea lindo… puede ser muy peligroso. No te fíes de las apariencias.

- Tú nunca pierdes, ¿verdad?.- Tetsu dijo resignado. Hyde sonrió con tristeza y bajó la mirada.

- Te equivocas, pierdo más veces de las que imaginas.

" Y tú eres mi mayor derrota".

Tetsu le levantó el rostro con una mano, para encontrarse directamente con sus ojos.

- No importa cuantas veces pierdas, pero a mí… jamás me perderás.

Se miraron de manera fija, entonces, Tetsu se acercó lentamente y sus labios se unieron de nuevo en un beso suave, totalmente agridulce, con la suavidad del romanticismo y la acritud de la certeza.

“Me estás mintiendo”.

El vocalista escondió el rostro en el hueco de su cuello y cerró los ojos. Se había despertado algo melancólico. También, con la agridulce sensación de haber compartido la cama con Tetsu, y saber que eso duraría poco.

Pero era necesario.

Destrozar su corazón….

“De esta forma, quizás también destroce el mío y puede dejar de amarte. Y sentir esta maldita necesidad en cada noche, de viajar a tu lado”.

Ahora lo tenía cerca. Pero cuando Tetsu lo había traicionado, cuando se había casado y había ido a vivir con Ayana… aquella necesidad se había hecho insoportable. Y por varias noches Hyde no pudo dormir, preguntándose una y mil veces porqué Tetsu lo había traicionado. Qué había estado mal entre ellos…

Jamás encontró la respuesta.

Y por supuesto… tampoco lo perdonaría.

Hyde abrió los ojos. Debía recordar los días y las noches infernales que había pasado por culpa del engaño de Tetsu, para darse fuerzas y seguir adelante en su determinación de venganza

“Nunca más voy a pasar por eso… porque ahora, seré yo quien te deje, Tetsu”.

- ¡Vamos!, el desayuno se enfría y yo me muero de hambre…

Hyde se apartó de él y buscó en la alacena algunos platos para colocar el hotcackes que Tetsu había preparado. El bajista lo dejó hacer con una mirada embelesada hacia el tatuaje de alas en su espalda. Así era Hyde, cambiante, muy enérgico a veces… un niño con la mirada triste. En todos esos años, la mirada de Hyde no había cambiado. Tetsu la podía ver brillar tras los mechones de cabello que le tapaban el rostro, aquel rastro de tristeza que no se iba, que Tetsu había alimentado con sus actos… pero que, costara lo que le costara, él mismo se encargaría de aliviar.

- ¿Por qué sonríes?.

Hyde lo veía con cierta curiosidad, mientras depositaba los hotcackes en la mesa. El bajista amplió su sonrisa, ayudándolo a distribuir el café en dos tazas, y negó con un gesto.

- No es nada. Sonrío porque… no sé, creo que te prepararé hotcakes más seguido.

“Haré todo para que sonrías de nuevo… y alguna vez, tu sonrisa será de alegría pura. Y ya no de tristeza”.

- ¿Te ganarás mi corazón a punta de hotcakes?.

- Me ganaré tu corazón a punta de cariño.

- Oye, realmente te pones cursi con los años….

- ¿Eso es bueno?.

- Lo es- Hyde se sentó a la mesa frente a Tetsu, y colocó un par de cucharadas a su café. Mientras revolvía, su expresión se volvió un poco más pensativa…- vaya que lo es… a veces, solías ser tan frío, Tetsu…

“ Y yo me preguntaba si en realidad me querías”.

- Las personas aprendemos de nuestros errores- Tetsu comentó distraídamente.

- Sí, bueno… la próxima vez puede que aprendas que… ¡demonios!.¡Sabes que no me gusta el café tan cargado!…

Tetsu lo quedó viendo con algo de asombro. Y ahí, Hyde volvía a quebrar la tensión y la tristeza que había a veces entre ellos. Lo vio mientras ponía más cucharadas de azúcar en su café, con una expresión de puro fastidio, y sin poderlo evitar, Tetsu se puso a reír.

“Te adoro, doiha…”.






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- ¿Ves algo?.

- Nada…- Yukihiro suspiró con algo de hastío y se volvió hacia su acompañante.- Ken, sigo pensando que esto es una soberana tontería, en serio… con esto de jugar a los detectives no vamos a llegar a ninguna parte.

El guitarrista mantuvo su mirada fija en la ventana, hacia el ángulo en el cual se podía ver la entrada del restorán donde, minutos antes, había entrado el periodista.

- Yukki, esto es del todo necesario, créeme- dijo, con tono bastante calmado, pero algo forzado.- No voy a tolerar que Tetsu siga metiéndose en más problemas. Más de los que ya tiene.

Ken apretó el agarre sobre el volante y se quedó en silencio. Esbozando una sonrisa resignada, Yukihiro optó por no tratar de hacer cambiar de opinión, otra vez.

Mal que mal, Ken tenía una buena razón para estar enfadado.

Aquella mañana, Yukihiro y Ken estado hablando con el manager de la banda, quien los volvió a citar, pero esta vez, sin informar a Tetsu.

Y las noticias que les tenía preparadas no eran las mejores…

“Las cosas se están complicando demasiado, y eso Tetsu no lo sabe. El que Hyde y él hayan sufrido un accidente y ahora estén con reposo, complicó un tanto los ensayos… y ahora, con la noticia del divorcio… los productores están pensando seriamente postergar el concierto hasta que todo vuelva a estar en calma. Detuvimos la publicidad… todo está cancelado, de momento”.

Yukihiro y Ken se habían quedado momentáneamente en silencio después de escuchar la noticia. Yukihiro había escuchado una maldición entre dientes a su lado, y se había vuelto hacia el guitarrista.

“Bueno, que hagan lo que quieran”. El guitarrista respondió cruzándose de brazos, algo a la defensiva. Sakano lo había mirado con desaprobación.

“ ¡Por dios, Ken!, ¿no ves el problema?. Retrazar el concierto será un gasto enorme, una gran pérdida para todos nosotros…y sobre todo para ustedes.”

“¿ Y qué podemos hacer? ¿Llorar sobre la leche derramada?. Vamos… El concierto seguiría en la fecha que habíamos planeado si los medios dejan de escribir tonterías sobre Tetsu, ¿no?”.

“Probablemente… pero ya hablé con el hombre que publicó la noticia del divorcio, y él me dejó claro que no daría pie atrás en seguir indagando sobre el tema…”.

Sakano había dicho esto último con un enojo similar al de Kitamura. Ken se quedó en silencio por un rato, y por su mirada pensativa, Yukihiro pudo preveer que algo estaba planeando.

Después de la reunión, el baterista había ido tras de Ken en el estacionamiento. Entonces, Ken casi había reído por el rostro de preocupación de Yukihiro. Y fue en cierta medida un alivio que sonriera, porque Yukihiro también lo sabía… que Kitamura se mostrara inusualmente serio, era un signo inequívoco de que cosas realmente malas pasaban.

“No me mires así, no planeo matar a nadie, si eso es lo que piensas” Ken le había dicho entonces con algo de humor, y le hizo un gesto para que se subiera en el asiento del copiloto. “Si quieres vienes conmigo… solamente planeo ayudar a solucionar un poco las cosas. Es todo”.

Ken tenía un estilo bastante drástico para solucionar las cosas. Previendo esto, Yukihiro no lo pensó dos veces y había accedido de inmediato a ir con él.

“Tengo la dirección del puto periodista que lanzó la noticia del divorcio de Tetsu. Y no, no me preguntes cómo la conseguí. No te gustaría saberlo tampoco…” Mientras prendía el motor del automóvil, Ken le había mandado una mirada cómplice.” Ahora, vamos a hacerle una visita, ¿te parece?... Tetsu siempre dice que conversando las personas se entienden.”

“Tu concepto de diálogo es bastante peculiar, Ken”.

“Que bien que me conoces...”

“¿Y quién es el tipo que buscamos?. Leí el artículo que publicó, pero firma con un nombre ficticio. ¿Cómo fue que descubriste quién era? ¿Te lo dijo Sakano-san?”

“¡No!. Claro que no, Sakano se pondría más paranoico que tú, créeme” Estaban saliendo un poco de los límites de la ciudad. Ken le sonrió. “Verás, no fue difícil descubrir quien era el bastardo entrometido. Ya te dije, tengo algunos contactos, y además lo conocemos de hace años… ¿recuerdas el tipo que siempre seguía al enano y Tetsu cuando ellos antes estaban juntos?. ¿El mismo que Haido quería castrar a toda costa?…”

“Sí, creo…”

“Bien, es él. Al parecer, al muy maldito no se le ha quitado la afición por nosotros. Cuánto nos quiere, el muy hijo de…”.

Ken había dejado la frase a la mitad, apretando los labios. Yukihiro hizo memoria… y claro que lo recordaba. El asedio de ese periodista en el pasado había sido una de las cosas por las que Hyde se había mostrado más enfadado, en todos los años que Yukihiro conocía al vocalista.

Se quedaron en silencio nuevamente. Luego de unos minutos, llegaron a la calle indicada, y al encontrar la casa, vieron de lejos como el periodista subía a su auto y se marchaba. “Maldición… tendremos que seguirlo”, decidió Ken de inmediato, con aire de la mejor película de suspenso.

Situación que los tenía ahí.

Porque al final, la persecución había terminado en un de los restorán más caros de la ciudad. Yukihiro y Ken se quedaron dentro del auto, estacionados frente a la entrada del local, en la acera opuesta. Después de unos cuantos minutos de espera, el baterista estaba convencido de que estaban perdiendo el tiempo, pero por supuesto que no dijo nada. Ken permanecía serio, como un águila, sin perder de vista la entrada del restorán por si en determinado momento salía aquel hombre.

Y entonces, ¿qué?.

- ¿Piensas golpearlo para que no siga molestando?- le preguntó Yukihiro luego de un espacio de silencio, sin bromear del todo y sin estar del todo serio. Ken sonrió un tanto, pero no quitó la vista de su objetivo.

- Créeme, las ganas no me faltan… pero eso sería darle material para que siga escribiendo tonterías. Y no quiero verme en los periódicos de la mañana, como un matón que osó patear su intelectual trasero.

Yukihiro no pudo evitar reír. Así era Ken, después de todo. Y aunque a veces se transformaba en un monstruo para defender a sus seres queridos, no dejaba de ser el Kitamura bromista de siempre.

Yukihiro pensaba que eso era lo que le gustaba tanto de Ken. La simpatía que siempre irradiaba… Mientras se quedaban en silencio nuevamente, Yukihiro miró disimuladamente a su acompañante. Ken era una persona excelente, era un buen músico y un excelente amigo… el baterista realmente lamentaba que tuviera tan mala suerte en el plano amoroso.

“No soy un hombre de una sola mujer, ese es el problema” , le había confesado Ken una vez, y entonces Yukihiro había contestado con convicción: “No es eso… simplemente, no has encontrado a la persona indicada”.

Aún lo creía.

Mientras lo seguía mirando de reojo, Yukihiro sonrió. Estaba seguro, la persona que lograra conquistar el corazón indomable de Ken sería muy afortunada. Que lástima que la mayoría de las mujeres simplemente, no supieran comprenderlo.

“Por eso, quizás deba estar con un hombre, ¿no crees?”.

Otra vez recordó las palabras de Ken en alguna conversación pasada… y aunque entonces había hecho el comentario a manera de broma, Yukihiro ahora pensaba que no era una idea tan descabellada. Muchas veces, los hombres son los únicos capaces de comprenderse entre sí…

Más bien, algunas personas siempre estaban en la búsqueda de sus iguales. Y Yukihiro se contaba entre ellos… por eso, quizás, fue que sin planearlo, había acabado en una relación con Sakura.

Pensar en su amante hizo que su corazón doliera un poco. Yukihiro se removió incómodo en su asiento, no lo demostraría ante nadie, pero el tema de Sakura le provocaba algo de tristeza.

Hace mucho tiempo que no estaban juntos…

Y no sólo en el ámbito sexual, no… hace tantos días que casi no tenían contacto, después de todo lo del accidente de Hyde y Tetsu.

Yukihiro sabía que Sakura estaba muy al pendiente de Hyde, y respetaba eso. Pero… comenzaba a creer que realmente le importaba poco al otro baterista, tan poco como para que no lo llamara, ni siquiera le hablaba demasiado en las contadas ocasiones en que estuvieron todos juntos en el hospital, cuando Hyde estaba delicado de salud.

“Él no quieren que sepan que estamos juntos… si es que aún lo estamos”.

Después de todo lo que había pasado con el divorcio de Tetsu, Yukihiro también empezaba a estar receloso de su vida privada, y esperaba que nadie indagara mucho en ella. Sin embargo, Ken, Tetsu y Hyde eran sus amigos, y… por un segundo, Yukihiro sentía la necesidad de compartir aunque sea con uno de ellos, todas las dudas que lo aquejaban respecto a su bien oculta vida privada.

Ahora su máxima preocupación eran los problemas de Hyde y Tetsu. Pero, en contadas ocasiones, Yukihiro realmente deseaba hablar con alguien también de sus propios problemas.

Miró a Ken a su lado. El guitarrista era un excelente amigo, y Yukihiro le tenía mucha confianza, más aún después de ver como el guitarrista apoyaba a Tetsu con el asunto del divorcio, hasta el punto de perseguir a un tipo por medio Tokyo con tal de encararlo. Quizás, Ken y Yukihiro no compartían el mismo lazo que tenían Ken y Tetsu, pero de todas formas…

- Ken…

Sin que lo pensara, el nombre salió de sus labios, en una voz baja y algo insegura. Notando el cambio de voz, el guitarrista lo miró a través del espejo retrovisor, algo intrigado.

- ¿Qué pasa?.

- Bien...- Yukihiro titubeó. No sabía cómo empezar, y lo que era peor, sabía que no era el momento adecuado. Pero quizás, nunca lo sería. Y su maldita manía por callarse todo lo haría retractar en su decisión de ser sincero.

Se quedaron otros segundos en silencio. Yukihiro desvió la mirada tratando de poner orden en sus pensamientos, y pensando en cómo verbalizar aquello que lo tenía tan intranquilo hace días.

“Me estoy acostando con uno de tus mejores amigos… y creo que me enamoré de él. Pero, ¿sabes?... estoy casi seguro de que él no siente lo mismo…”.

- Ken… hay cosas de mí que no sabes… yo…- la voz lo traicionó de nuevo, se estaba poniendo realmente nervioso.

“Vamos, no seas cobarde ahora”, el baterista se infundó ánimos, y ahora miró directamente hacia el reflejo de la mirada de Ken, a través del espejo retrovisor.

- Mira, quizás no soy como Tetsu o como Hyde, no puedo decir lo que siento con facilidad… pero realmente quiero que tuúsepas algo de mí. Algo más que no le suelo contar a las personas… ya sabes que soy muy hermético con mis cosas, pero… yo te tengo mucha confianza, en serio.

Silencio de nuevo. Ken escuchó sus palabras de forma seria. Cuando Yukihiro hizo una pausa sin saber cómo continuar, Ken sonrió infundándole ánimos. Y alivianando así el ambiente.

- Por dios, no pongas esa cara, Yukki… ni que me fueras a decir que eres de la mafia china o el príncipe de Guyana Francesa… Porque no lo eres, ¿verdad?.

Ken entornó la mirada como evaluándolo, y sin poderlo evitar Yukihiro se puso a reír.

- No… pero espera, ¿existe el príncipe de Guyana Francesa?.

- Ni idea, apenas sé que existe ese país porque alguna vez lo vi en el mapa… ¡pero no me cambies el tema ahora!. Si me tienes que decir que eres de la mafia china, ¡adelante!, juro que no te entrego a policía internacional. Haré la vista gorda, para que veas cuánto te quiero, Yukki.

El baterista le sonrió. Sabía que Ken estaba diciendo cosas para relajar el ambiente, pero también sabía que ese “te quiero” era totalmente cierto.

Ken era una persona de acciones, más que de palabras. Y cada gesto que hacía para animarlo cuando estaba mal, declaraba a leguas sus afectos.

“Ojala y Sakura fuera como tú…”.

El baterista tragó saliva. Ahora sí, era el momento perfecto para ir al grano. Su sonrisa se suavizó un poco, pero no se fue del todo. Miró de nuevo el reflejo de los ojos de Ken a través del espejo, e iba a comenzar a hablar, cuando algo lo detuvo.

El hombre que habían perseguido hasta el restorán, el periodista que había lanzado la noticia del divorcio de Tetsu, acababa de salir del lugar.

Ken siguió el curso de su mirada y también vio la figura algo regordeta caminar hacia los estacionamientos.

- ¡Ken, espera!.

Yukihiro demoró unos segundos en reaccionar. Con los reflejos de un gato, Ken había salido del auto y ahora cruzaba corriendo la calle, sin prestar atención de poner los seguros del auto.

Yukihiro se dedicó a cerrar todas las puertas bien, antes de perseguir a su compañero de banda a través de la calle.

Caminaron rápido hasta el restorán y el estacionamiento, que quedaba al lado. En el jardín al más puro estilo oriental, los automóviles caros se agrupaban por filas. El periodista estaba quitando las alarmas de su auto, hasta que la voz de Ken atrajo su atención.

- ¡Ey!. ¿Se acuerda de mi?.

El hombre se volvió hacia ellos. Frunció el entrecejo tras sus gafas negras semitransparentes, y los observó de arriba abajo, impasible.

- Lo conozco por su trabajo, señor Kitamura, en efecto- respondió el hombre casi amablemente, con una sonrisa. Tenía una voz bastante pedante, y Yukihiro presintió que esa voz era un buen reflejo de su personalidad.- Buenas tardes también, señor Awaji. No sabía que eran clientes de este local.

Ken se cruzó de brazos. Se veía realmente alto en comparación con el hombre que tenía enfrente. Sin embargo, el periodista no parecía intimidado por Kitamura. Y su sonrisa no vaciló aún cuando Ken se hubo acercado otro tanto.

- No trate de hacerse el amable con nosotros, después de la forma tan cortés en que nos ha tratado- gruñó el guitarrista, con los labios apretados.- Seguramente, se puede costear un desayuno en un lugar tan caro como este gracias a lo que le pagan por escribir mentiras sobre nuestras vidas, ¿cierto?.

Directo al punto, las palabras hicieron tambalear un poco la sonrisa del periodista, quien levantó una ceja, como extrañado del enojo en la voz de Ken. “No sabe con quién se metió” pensó Yukihiro casi con humor, aunque su rostro se mantuvo serio. Se ubicó cerca de Ken, a pesar de sabía que el guitarrista no haría algo estúpido que pudiera complicar aún más la situación.

Nunca estaba de más ser precavido.

- Perdone, señor Kitamura, pero no sé a qué se refiere…- dijo el hombre entonces, casi inocente.- El trabajo de todo periodista es informar a las personas, y por ética no publico mentiras. Si ustedes se refieren al asunto de su compañero de Trabajo, el señor Ogawa… bien, yo sólo he hecho lo que me corresponde. Y no he publicado algo erróneo, ya está en los tribunales la demanda de divorcio que el señor Tetsuya presentó hace días, si usted quiere corroborarlo puede ir y…

- Ya, pare con su diatriba, sabe bien a qué me refiero.- Ken lo cortó con un gesto de fastidio.- Verá, no puedo impedir que todos ustedes dejen de husmear en nuestros asuntos personales, desgraciadamente los periodista de este méndigo país se alimentan de eso. Pero lo que me cabrea es que decore sus artículos con comentarios estúpidos… ¡Por favor!. Leí las burradas que usted escribió, y la mitad de ellas eran rumores de la separación… ¿que sabe usted?.¿Estuvo debajo de su cama de casados, tomando nota del porqué Tetsu le dio el antojo de divorciarse?. ¡Claro que no!.

Ahora sí, el periodista pareció un poco ofendido por las palabras. Sin embargo, amplió su sonrisa con un cierto aire de ironía y negó con un gesto.

- Ya veo… por más que trate, ustedes los artistas nunca comprenden nuestro trabajo, ¿cierto?- comentó, haciéndose la víctima, y hasta Yukihiro que trataba de mantenerse sereno sintió un cierto enojo por su postura.- Señor Kitamura, tiene que entender que así como el público le reporta ganancias, ustedes nos reportan ganancias a nosotros. Así es el negocio, ¿entiende?.

- Ah, vaya… ¿o sea que está reconociendo que inventará cuanta mentira se le pase por la cabeza con tal de ganar dinero?.

- No, yo no he dicho eso- el hombre lo miró como si hablara con un niño de lento aprendizaje.- Seguiré informando al público todo lo que ellos quieran saber. Y entre esa lista, me temo que también están incluidos los pormenores de sus vidas. Lo lamento, pero es cierto… y le recomiendo no enfadarse con nosotros. Son las consecuencias de tener un público que los ama, que los siguen tanto como para demandar noticias sobre la vida de sus ídolos, dentro como fuera del escenario.

El hombre tanteó a sus espaldas. Sacó las llaves de auto y se dio la vuelta, para abrir el asiento del conductor.

- Ahora, si me perdona, tengo que atender otros asuntos pendientes- se excusó aún con el aire de falsa amabilidad. Abrió la puerta y se subió al automóvil. Entonces, Ken se acercó a la ventanilla abierta, y Yukihiro tuvo que hacer ciertos esfuerzos para escuchar su voz baja.

- Oiga… me importa un comino su trabajo, si pasa a llevar al nuestro. Si sigue queriendo meternos en problemas con noticias que no le incumben a nadie más… adelante, no tendré reparos en detenerlo yo mismo.

Con las manos en el volante, el hombre le devolvió la mirada desafiante a Ken.

- ¿Me está amenazando?.

- Le estoy advirtiendo, es diferente- Ken esbozó una sonrisa que espantaría a cualquiera.- Yo también tengo muchos contactos en el medio, ¿sabe?. No quiero usarlos, pero… si usted se sigue metiendo con nosotros, tendré que detenerlo, como sea.

Se sostuvieron la mirada por un segundo más, hasta que el otro hombre la apartó, con una sonrisa incrédula.

- No podrá amenazar a todos los periodistas del país, señor Kitamura. No puede evitar que hagamos nuestro trabajo… y si no le parece, quizás no debería ser una figura pública- encendió el motor con tranquilidad y se acomodó las gafas de sol.- Ahora, si me disculpa, le agradecería que se apartara de mi auto. No me gustaría atropellarlo de forma… accidental.

Ken le sonrió de la misma manera cínica y se apartó un tanto del vidrio, aunque aún seguía cerca.

- Recuerde mis palabras y todo saldrá bien entre nosotros, amigo- remató Kitamura con un tono casi sarcástico.

- Le diré una última cosa, amigo- el hombre bajó un tanto la ventanilla y lo vio con guasa.- Es más bien un consejo. Si no quiere que se metan en su vida privada ni en la de sus amigos… debería comenzar por ver su propio entorno. Porque es claro, no todos sus cercanos piensan igual que usted.

- ¿Qué mierda me está tratando de decir?.

- No, no, no… lo siento, señor Kitamura. No puedo revelar mis fuentes… que tenga un buen día.

- ¡Maldita sea, espere!.

Ken trató de acercarse de nuevo al auto, pero entonces el vehículo partió y el periodista aceleró demasiado rápido.

- ¡Ya, Ken, basta!.

Yukihiro lo tomó por el brazo. Ken parecía dispuesto a correr tras el automóvil negro lo necesario para que le dieran una explicación.

- ¡Suéltame, Yukki!. ¿No lo escuchaste?... ¡El muy cretino…me dio a entender que alguno de nosotros le pasó la información!.

- También lo escuché, pero… demonios, tienes que calmarte. No puedes creer en todo lo que él diga. Ya demostró con la noticia de Tetsu, que una de sus cualidades no es precisamente decir la verdad al pie de la letra.

Ken lo miró por un segundo, y con un suspiro se soltó del agarre. Entonces, se quedó pensativo, mirando el lugar exacto donde el auto había estado estacionado, y su sonrisa sin humor regresó.

- No, Yukihiro… es que no lo entiendes, es lo mismo que yo he estado pensando desde que todo esto comenzó…

- Ken ¿de verdad le crees?.

- Sí… ¡maldición! es que… es imposible que los putos periodistas hubieran enterado tan rápido, ¿no lo ves?. Esos papeles toman un tiempo en ir a tribunales… maldita sea, el soplón debió ser alguna persona que sabía todo esto con antelación…

Yukihiro frunció el ceño.

- ¿Quién le haría eso a Tetsu?... Tetsu no le contaría la noticia a nadie que no fuera de su confianza….

- ¡Lo sé!. Pero… no se me ocurre de qué otra forma.

Ken se cruzó de brazos, mirando el piso. Haciendo conjeturas rápidas.

- Ayana pudo haberle dicho a alguien cercano, quizás fue ahí donde se filtró la noticia.- propuso Yukihiro, era algo que había pensado desde antes. Ken negó con la cabeza.

-Pero este estúpido habló de gente cercana a nosotros… ¡maldición!. No puedo imaginar quien, a menos que...

- ¿A menos qué?.

Ken se quedó pensativo por unos segundos, y súbitamente recordó una plática no tan lejana en la sala de espera del hospital donde Hyde había estado….

Ahora que lo pensaba… ¿alguien cercano, que quisiera hacerle daño a Tetsu?.

“…No puedes estar feliz con todo lo que está sucediendo…”.

- No- Kitamura rió, incrédulo- No… el muy cretino no se atrevería…

“Pero él odia a Tetsu. Desde la ruptura con Haido… no, desde antes…”.

- Kitamura, será mejor que me digas en quien estás pensando.

Ken levantó la mirada hacia el baterista, y como si de un presentimiento se tratara, su mirada se desvió hacia la entrada del local.

Yukihiro, extrañado, siguió el curso de aquella mirada, y entonces lo vio. La figura alta que salía por la puerta principal del restorán, hablando por teléfono móvil y luego fijándose en ellos, en el estacionamiento… Yukihiro, entonces, cayó en cuenta a quién se refería Ken con sus suposiciones. Y sintió como si le voltearan un balde de agua fría.

No podía ser…

Pero lo era. Y ahí estaba, el dueño de mucho de sus pensamientos, guardándose el móvil en el bolsillo y dirigiendo sus ojos negros de Ken hacia Yukihiro. Y viceversa.


- Sakura…

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