BODAS DE SANGRE

Cap 14
“Síndrome del día siguiente”







Tres respiraciones lentas y profundas procedieron sus palabras. El amanecer se recortaba contra la noche como una herida escarlata, pura sangre cercenando el cielo oscuro.

Hyde vio a su alrededor. La luz del alba apenas entraba por el resquicio de las cortinas cerradas. Que pena... Él no quería que el nuevo día llegara.

Nada sería mejor que una noche eterna…

- ¡Espere, señor Takarai!.

La voz del otro hombre lo llamó justo cuanto alejó el teléfono de su oído. Con un bufido de exasperación, Hyde se puso de nuevo al teléfono.

- ¿Y ahora qué?.

- No se alarme, es sólo…- el hombre del otro lado de la línea hizo un ligero alto.- Perdóneme la pregunta, pero es que no entiendo… yo suponía que usted quería ventilar la vida privada del señor Ogawa a la luz pública, y ahora se niega a que se publiquen las fotos… ¿puedo saber el motivo?.

Sin poderlo evitar, la sonrisa irónica volvió a aparecer en el rostro del vocalista.

- No, no puede, Hayashi… y le recomiendo que no hurgue en los asuntos que no le conciernen. Ahora, si me lo permite, necesito recuperar unas cuantas horas de sueño que usted me ha quitado.

- Sí, disculpe… nos vemos al medio día.

- Bien.

Cortó la comunicación aún conservando la sonrisa en el rostro. ¿Quién se creía ese tipo que era?... cuestionando sus decisiones, por favor, como si Hyde tuviera que darle explicaciones… tenía suficiente con pagarle tanto dinero. Quizás, demasiado.

Por algún motivo desconocido, le dolía mucho la cabeza.

Hyde suspiró con fastidio y se quedó de pie, viendo surgir el amanecer tras el ventanal de vidrio. Un amanecer hermoso, totalmente ideal a lo que había sido la noche anterior. Que patético...

Un amanecer digno del día siguiente, del maldito y fatídico día en que se había acostado con Tetsu.

¡Que patético!.

En un acto sin pensar, Hyde acarició sus labios lentamente: aún podía sentir el sabor del bajista en ellos. Le dolía todo el cuerpo, le dolía hasta el alma, se sentía tan feliz y tan terrible a la vez… ¡eso era aún más patético!.

Porque despertar al lado de Tetsu, abrir los ojos y sentir la presencia cálida a su lado, todo eso había sido sencillamente maravilloso, digno del mejor de los sueños. Con las primeras luces del amanecer de fondo, Tetsuya parecía un niño durmiendo profundamente, totalmente vulnerable en el sueño…

Que hermosa satisfacción había sentido el vocalista entonces, luego de largos tres años de amaneceres solitarios. Tristes. Fríos. Con el sol bañando de sangre incolora otro más de sus infernales días…

¡Y que tristeza lo había invadido después!. Porque Hyde no había tenido mucho tiempo para disfrutar de aquel dulce despertar. El teléfono estaba sonando y se había apresurado a contestarlo rápido, para que Tetsu no despertara también. Entonces, la voz del hombre que estaba encargado de transformar la vida mediática de Tetsu en un infierno lo trajo de vuelta a la realidad. Su fatídica y oscura realidad… Que más que un sueño, era una pesadilla.

“¿Arrepentido, Haido?”

Hyde chasqueó la lengua y se sentó en el sillón. Para distraer a su mente del tema principal, recordó la conversación por teléfono. No entendía porqué se sentía tan mal. Al fin había conseguido que el perfecto líder se equivocase, dejándose fotografiar con una pareja en plena vía pública, una pareja sin que él la diese a conocer… O mejor dicho, sin que Tetsu lo diera a conocer. Una pareja de su mismo sexo, el causante de la mediática separación… ¡Valla escándalo!.

“Mi pobre bello durmiente… que ajeno estás a todo el mal que yo puedo causarte… ¡Yo!... El mismo con quien compartías la cama hace un rato… Yo…”.

El corazón de Hyde había latido fuerte al escuchar de la existencia de esas fotos. Su plan había salido perfecto, pero entonces… ¿Por qué demonios se sentía tan miserable?.

“No estás preocupado por él… ¿o sí, Hyde?”.

El vocalista se cruzó de brazos. Apenas había tomado una camisa para cubrirse, y ahora el frío del amanecer dolía en su piel como una caricia gélida. Tan distinta a las caricias de Tetsu…

“Debí suponerlo, eres irremediable… ahora que dejaste que él tomara todo lo que quería, también te volviste más vulnerable”.

- No…- Hyde entornó los ojos. Podía sentir en sus mejillas el rastro de lágrimas que había derramado la otra noche, antes de conciliar el sueño. Agobiado por las pesadillas que aparecían cuando estaba del todo despierto.- No…

¿Vulnerable?. No, por supuesto que no… Todo eso había sido para su beneficio. Ahora, Tetsu sería más independiente de él. Ahora, Hyde sería su único apoyo… ahora, Ogawa se enviciará tanto de Hyde, como para que le aterrase poco a poco la idea de perderlo y entonces… eso es lo que debía hacer. ¿Por qué tener dudas?... Debía hacerlo pedazos. Sacarle la piel a tiras, como Hyde se lo había prometido un día, hace muchos años.

Lentamente, hasta desgarrar también su corazón.

“Estás jugando con fuego. De esa misma forma, tú también puedes enviciarte de su cuerpo… ¿por qué estabas tan triste la otra noche?”.

- Me asquea tenerlo cerca.

”Mientes”

- No…- suspiró de nuevo. Hizo un gesto de negación y se colocó las manos en el rostro.- Dios mío, no puedo creer que esté hablando solo… primer signo de locura, Takarai. Ten cuidado.

Se rió sin humor. El dolor de cabeza era bastante fuerte.

Ya no podría conciliar el sueño.

Harto de sus estúpidos remordimientos, Hyde regresó con sigilo a su habitación. Abrió la puerta con cuidado. Tal y como se lo imaginaba, Tetsu seguía durmiendo, tan lindo él… tan ignorante de las cosas que Hyde tramaba.

“Así debe ser, Takarai… que un revolcón con él no nuble tu mente. Ni tus objetivos”.

El vocalista se recargó en el marco de la puerta. Abrazándose a si mismo, pasó incontables segundos en aquella misma posición, viendo a Tetsu dormir, como si quisiera grabar aquel cuadro en su memoria para siempre.

Como en la noche anterior, una parte de él sabía que aquellos momentos estaban contados. Destinados a morir por sus propias manos.

- Tan lindo, mi Techan…

Tetsu era un amante cálido. Era un tipo atractivo, mucho más ahora, con sus más de cuarenta años encima. Las sábanas cubrían la parte inferior de su cuerpo, pero dejaban a la vista su espalda. Hyde recorrió con la mirada el camino desde cabello hasta la amplitud de su piel, bajando por su cuerpo y encontrándose con las barreras de las sábanas…

No supo cuándo fue que comenzó a caminar hacia la cama. Con la progresiva claridad del nuevo día, todo se veía de manera distinta. Ahora si podía sentir el deseo que quizás no había sentido antes, ese de tomar todo, de hacerlo todo suyo… había estado tan embriagado por la emoción de tener aquella primera vez con Tetsu, reencontrarse en la cama después de tanto tiempo, que casi había olvidado cómo era sentir aquella necesidad asfixiante y puramente carnal de fundirse con su piel.

Y sin sentimentalismos de por medio.

Subió a la cama con los movimientos de un gato. Suaves y estudiados. Se recostó a un lado de Tetsu y le acarició el cabello tan sutilmente como el roce de una pluma. Su mano bajó por el cuello del bajista, por aquella espalda que tanto lo tentaba, y cuando llegó a la parte baja se detuvo. Tetsu se había removido un poco, pero aún no había despertado. “Bien…”, sonrió. Así, las cosas eran mucho mejores.

Su boca reemplazó las caricias de sus manos. Lo besó en los hombros y luego fue bajando, besos suaves que hicieron a Tetsu estremecer y despertar del todo. “Buenos días”, Hyde le susurró retornando al oído, y el bajista se dio vuelta en su posición y lo miró a través de su cabello revuelto sobre su rostro. Le sonrió algo adormilado en respuesta, y en un gesto casi reflejo colocó sus brazos alrededor de la cintura de Hyde, y lo atrajo hacia sí murmurando un “Muy buenos días” dentro del beso.

Hyde colocó sus piernas a cada lado de las caderas de Tetsu. Con movimientos pausados quitó las sábanas que cubrían su parte baja, y se sentó arriba de su sexo.

- ¿No es aún muy temprano?- Tetsu susurró, pero su rostro no reclamaba el hecho. Le acarició las mejillas y el cabello, y luego sus manos se volvieron a aferrar de la cintura del vocalista, luchando por la urgencia de ejercer presión hacia abajo, y penetrar el cuerpo tan cálido de Hyde…

- Claro que no… nunca es demasiado temprano…- Hyde bajó hasta sus labios, los mordisqueó un poco antes de deslizar su lengua entre ellos y se estremeció cuando la lengua del bajista encontró la suya, al mismo tiempo en que Tetsu hizo un movimiento pélvico bajo él.

Sintió las manos de Tetsu acariciar la forma de sus piernas. Hyde mordisqueó sus hombros, como un vampiro que desea tomar la sangre de su víctima. Tal vez quería eso…. Y Tetsu debió suponerlo, porque cuando Hyde le sonrió antes de acariciar su pecho con la lengua, aquella sonrisa estuvo llena de malas intenciones.

El bajista gimió profundo y sonrió un poco, cuando Hyde comenzó a hacer ligeros movimientos simulando la unión. Hyde era eso, era su criatura nocturna, que también disfrutaba de torturarlo durante el amanecer… Tetsuya entornó los ojos y lo vio bajar con su boca hasta su vientre. Con los aces de luz mortecina bañando su cabello, Hyde se veía como un dios griego hecho de carne y hueso. Un dios sumamente pagano. Un dios sexual, intrigante, un dios caprichoso y destructor.

El bajista detuvo el camino de besos antes de que Hyde bajara hacia su parte más intima. Le levantó en rostro con la mano, le sonrió y se incorporó atrayendo el cuerpo de Hyde en un beso profundo y asfixiante. Le quitó la camisa y cuando el beso murió por la falta de aire, se dedicó a observarlo por unos minutos. Ahora, con la luz del amanecer dándole un toque mágico, irreal, las facciones de Hyde parecían esculpidas en mármol.

Aquel dios renacentista y de ojos almendrados le sonrió de nuevo, sabiéndose digno de su admiración. Con un gesto pausado, le apartó el cabello del rostro.

- ¿En qué piensas cuando me observas, Tetsuya?- Hyde le susurró, atrapando sus ojos con una mirada casi escarlata, imposible. Tan profunda y excitada como un mar insondable y furioso de medianoche.

- ¿En qué pienso?- Tetsu repitió la pregunta distraídamente, y se obligó a detener el deseo de su mente por un segundo.

La mirada de Hyde demandaba una respuesta, palabras exactas para desatar todo lo que el vocalista mantenía atrapado.

- Quizás… pienso en lo complejo que eres- respondió finalmente el bajista, y le acarició el rostro con la yema de los dedos. La piel de Hyde era como seda entre sus manos.- Me pareces un espejismo… pienso en que sigo soñando.

Sus palabras claramente complacieron a Hyde. No hubiera sido lo mismo si Tetsu le hubiera dicho que lo amaba o que lo deseaba… Hyde era así, complejo, necesitaba de alguien mantuviera su alma indomable bien sujeta con las acciones y las palabras necesarias.

El vocalista entornó un poco más los ojos y soltó una pequeña risa, en un sonido del todo agradable, como campanas de cristal.

- Tan tierno que eres, mi Techan…- aunque su voz sonaba algo burlesca, Hyde le dio un beso en la frente, como muestra de puro cariño.- Quizás seguimos en un sueño, el sueño de ambos… es demasiado temprano. No quiero despertar. ¿Tú sí?.

Tetsu también sonrió. Y lo acercó aún más, para dirigir esta vez el beso hacia sus labios.

- No, claro que no…- susurró, como en una letanía.- Nunca… vamos a dormir por siempre…

Hyde lo tomó del rostro y profundizó un nuevo beso. El sabor de los labios de Tetsu y sus palabras estaban extasiando sus sentidos, hasta el punto del delirio.

Escuchó, por última vez, la fastidiosa voz de su mente repitiéndole que tuviera cuidado, antes de que su aliento golpeara el oído de Tetsu y le susurrara, de forma ronca, una primera y última voluntad.

- Si esto es un sueño… ¿sabes qué me gustaría soñar, Tetsu?- acarició el lóbulo de su oído con los labios, sintiendo como Tetsu lo abrazaba más estrechamente.- Quiero soñar esto… morir dentro de ti…

La respiración de Tetsu se hizo más errática. Hyde volvió a mirarlo en los ojos, y antes de que el bajista respondiera, vio cómo la propuesta se abría paso por su entendimiento y luego tomaba una resolución.

Tetsu le sonrió con suavidad, y entonces el vocalista sintió la cálida victoria recorrerlo por segunda vez en esa mañana.

Por supuesto… Tetsu ya nunca diría que no.






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- ¡Que ya voy, carajo!.


Maldijo a todas las entidades existentes mientras el timbre sonaba por quinta vez consecutiva, y él se tropezaba con sillas y adornos en su lucha por llegar hasta la puerta.
Con los ojos aún cerrados por el sueño.

Ken se apoyó en la muralla y entreabrió un poco los ojos, viendo el reloj del mural. “¡Las siete de la mañana!... Hay que ver… ¿quién es el puto madrugador que viene a molestar a esta hora?” pensó con muy mal humor, bostezando y rascándose el cabello desordenado. Siempre le entraba un mal humor tremendo cuando algo o alguien interrumpía sus sagradas diez horas de sueño, como mínimo.

Sin otra alternativa, el guitarrista luchó con los cerrojos, pero antes de abrir la puerta se olvidó olímpicamente de ver quién era a través del ojo mágico. Graso error. Ken sólo alcanzó a farfullar algo parecido a “¿Qué diantres quieres?” antes de que un ser oscuro lo asiera por la camisa del pijama, con una fuerza tremenda, y lo empujara hacia atrás hasta casi hacerlo tropezar con la lámpara de la sala.

Ken abrió los ojos, indignado. Entonces, comprobó que quien lo había despertado de aquella mala manera no era otra persona que su tan renombrado amigo, Sakura.

La última persona que se esperaba encontrar a primeras horas de la mañana.

- ¿Qué te pasa, imbécil?- Ken exclamó mitad sorprendido, mitad furioso. El empujón de Sakura había conseguido hacerlo despertar del todo.

Sakura avanzó hacia dentro del departamento, cerrando la puerta con un portazo que de seguro, había resonado por lo menos cinco pisos más abajo. Ken se irguió y arrugó el ceño. Las cortinas estaban corridas y la luz apenas entraba por los resquicios entre éstas, de tal manera que la figura oscura de Sakura se veía más sombría que nunca.

De pronto, Sakura sonrió en una mueca llena de ironía. Los ojos negros del baterista parecían dos orbes de insondable y turbia agua. Y las marcas del cansancio le daban un aspecto más fuerte, más peligroso, como un depredador a punto de saltar sobre su presa.

- Ahora estás feliz, ¿cierto, Kitamura?- Sakura dijo en un siseo bajo, rompiendo el mutismo de aquel ambiente hostil, denso. Apretaba los puños como si quisiera retener las ansias de usar esos mismos puños para golpearlo, ahora de forma más certera, directamente en el rostro.

Ken se cruzó los brazos y alzó una ceja en claro desafío.

- Pues sí, estoy la mar de feliz, imbécil. ¡Muy feliz de que me despiertes a estas putas horas de la mañana para venir a ladrar a mi casa!.

- Vamos… no te hagas el gracioso conmigo- la sonrisa de Sakura se acentuó de forma despectiva.- Al fin lo conseguiste, ahora puedes estar más que satisfecho… como siempre, el buen amigo Kitamura me jode la vida con sus ansias por ayudar…

- ¿Cómo?- Ken entornó los ojos, bastante sorprendido.

Sakura pareció no escuchar su pregunta. Se cruzó de brazos y negó con un gesto de pura rabia, como si estuviera razonando consigo mismo.

- ¿Cómo no lo preví antes?... buscabas llegar hasta este punto, llenarle la cabeza con tonterías y apartarlo de mí… tal como lo trataste de hacer con Hyde, como lo hiciste con el idiota de Ogawa para sacarme de la banda… te dices ser mi amigo, pero siempre, siempre buscas la forma de joderme... ¡Maldito seas, Kitamura, y maldito sea yo por pensar todo este tiempo que podía confiar en ti!.

- ¡Párale al escándalo, y dime de qué mierda hablas!.- Ken elevó la voz. La furia y el dolor detrás de las palabras de Sakura parecían abofetearlo, y de pronto sintió un deja vu que lo hacía a él, a Ken, sentirse absolutamente miserable.

“Ahora estoy encerrado… me estoy pudriendo entre estas paredes blancas y todo por tu culpa”.

“Él no quiere verme… Hyde me odia, ¿cierto?. Lo conseguiste”.


- Yo… Sakurazawa, yo no he hecho absolutamente nada… ¡Nada!... yo… no sé qué diantres te pasó, pero… nada te da derecho a venir a mi casa y gritarme…

- Eres un…- Sakura negó con un gesto seco y su sonrisa amarga se acentuó.- ¿Hablas de errores?... quizás he cometido muchos, pero… ¡Kitamura, entiende de una puta vez que no tienes derecho de criticarme!. ¡No tú!… puedo ser un idiota, puedo ser un condenado estúpido, ¡pero ya no te inmiscuyas en mis asuntos!, ¿te quedó claro?. ¡YA NO!.

- ¿Qué mierda fue lo que hice?… ¡Dímelo!- Ken se cruzó de brazos. Elizabeth pasó de pronto cerca, y su collar de cascabeles quebró sutilmente la densidad del ambiente.

Pero no del todo.

- ¿Te suena en algo “llenarle la cabezas de ideas estúpidas a Yukihiro”?- Sakura gestualizó con sus manos, como si pusiera las palabras en el aire. Ante el rostro de desconcierto de Ken, se rió de nuevo.- Por favor, no te hagas el inocente. No pongas esa cara… sabes perfectamente a lo que me refiero.

El guitarrista se quedó pétreo por unos segundos más, sin embargo, no tardó en sumar evidencias claras: la furia contenida de Sakura, la violencia de su tono y sus actos, y más aún, el hecho de que el baterista dirigiera esa furia y esa violencia hacia Ken.

¿Sería que…?

“No… no te hagas esperanzas…”

Aún así, una sonrisa leve se expandió por su rostro.

- Pero que tonto soy… ya veo. Yuki al fin te pateó el trasero, ¿es eso, no?.

Ante sus propios oídos, el tono de alegría fue evidente. El ceño de Sakura se ensombreció de pronto, y si antes había estado tratando de contener su furia, ahora la expresaba de forma abierta.

- ¡Que hipócrita eres!… ¡La noticia te puso feliz, ¿no?!. ¡Eso es lo que pretendiste con todo este teatrito!… ¡ERES UNA MIERDA DE PERSONA, KITAMURA! ¡Estabas esperando el momento justo para que él y yo nos distanciáramos! ¡Te gusta, no es cierto!.

- ¿Qué?- la voz de Ken se hizo un poco más aguda por la sorpresa. El guitarrista se quedó con la boca ligeramente abierta por un segundo, y luego obligó a su corazón serenarse y dejar de latir tan rápido.- Pero, ¿qué estupideces estás diciendo?... Para comenzar, yo no tenía ni una puta idea de que él y tú tenían una clase de… relación… o lo que fuera que tuviesen…- suspiró con cansancio, y luego adoptó su tono más convincente.- Ni él ni tú nunca me dijeron nada… ¿crees que soy adivino o qué?... claro, vengo meses confabulando contra ti para que Yukihiro te mandase al carajo… claro, como yo siempre estuve al tanto de todo…

- ¡No me vengas con ese tono irónico!. ¡Tú lo sabías!.

- No, no lo sabía, imbécil. Si no te has dado cuenta, Yukihiro es extremadamente reservado con sus asuntos. Y tú… bueno, Sakura, de ti no me sorprende. Es claro que siempre has sido un maestro para esconder cosas. Eso ya me quedó claro hace tiempo.

Sakura abrió los ojos con indignación. Entonces, como siempre, Ken se dio cuenta demasiado tarde que había hablado de más. “¿Qué tan tonto puedo ser?”, pensó con algo cercano al arrepentimiento, aunque por otra parte el lado más egoísta de su mente estaba escudando sus palabras como un método de defensa ante la furia injustificada del baterista.

“¿Injustificada?”.

Sakura se tapó el rostro con las manos, claro signo de agotamiento. Negó con un gesto cansino que hizo sentir a Ken abiertamente culpable. Él sabía que cualquier mención a su pasado problema con las drogas dañaba profundamente al baterista. Eso era algo que conocía cualquier cercano a Sakura…

¡Y claro que Ken era un cercano, era su amigo, era…!

“Un cobarde y un oportunista, eso es lo que soy”, Ken pensó, bajando la vista, ya más calmado. Sintiendo como la parte culposa de su mente estaba tomando las riendas de sus sentimientos. ¿Qué clase de amigo era si se sentía tan feliz de ver a Sakura mal?... Sí, Ken estaba encaprichado con Yukihiro, al demonio, era hora de aceptarlo… pero, desde siempre, uno de sus códigos de honor había sido ese: nunca fijarse en las novias de sus amigos, nunca tratar de cortejarlas… aunque claro, en este caso no se trataba de una novia, sino de otro hombre. ¿Cambiaba en eso las cosas?.

De pronto, el guitarrista sintió ganas de largarse a reír como un histérico. El que Yukihiro fuera hombre cambiaba significativamente las cosas. Ken no era gay. Nunca se había sentido atraído por otro hombre… vale, casi nunca, pero… Quizás estaba confundiendo sus sentimientos, quizás no le gustaba Yukihiro. No podía gustarle otro hombre, ni mucho menos la pareja de su amigo.

Levantó la mirada. Sakura estaba apoyado en la pared, con los brazos cruzados, pensando… Al observarlo, Ken comprendió de pronto muchas cosas. Nunca había visto a Sakura tan afectado por un rompimiento, y eso que conocía a la mayoría de sus ex novias. El único que había logrado quebrar la coraza del rebelde baterista había sido Hyde. Pero… ¿y qué si Sakura quería a Hyde sólo como un hermano?. Mal que mal, ellos siempre estaban unidos, siempre se contaban todo, Hyde era la persona reflexiva y sabia que Sakura necesitaba para expresar más abiertamente sus sentimientos, y Sakura era el pilar fuerte en que Hyde se apoyaba cuando esa tristeza extraña y tan propia de él amenazaba con destruirlo… ellos tenían un tipo de interdependencia completa, un vínculo de cariño incomprensible, que ni siquiera Tetsu podía entender del todo… Quizás, el hecho era que ni siquiera Ken, o más bien dicho, mucho menos Ken estaba en la posición necesaria como para tratar de definir ese vínculo como amor.

Pero ahora no era Hyde quien tenía a Sakura tan destruido. Ahora, Sakura sufría por su relación con Yukihiro… “Estás enamorado de él, es claro”, Ken pensó con amargura. Su sonrisa se expandió… Pese a su orgullo, no podía culpar al baterista, porque si Sakura dirigía su violencia hacia Ken era sólo como acto reflejo, una vía de escape al dolor inesperado de ser rechazado por quien amas.

Ken se aclaró la garganta. De pronto, la malsana alegría que había sentido al enterarse del término de la relación entre Yukihiro y Sakura había dado paso al remordimiento. Y a la acritud de la certeza.

- Oye… mira, sé que estoy diciendo cosas sumamente estúpidas… ya basta, Sakura, perdóname.- Su voz se escuchó ahogada. Esperó por unos segundos que le parecieron eternos a que el baterista reaccionara ante su disculpa, pero la espera fue en vano. - ¡Por dios, Sakurazawa, no te hagas el orgulloso conmigo!... Tú fuiste quién vino a gritar a mi casa, ¿cómo quieres que reaccionara?... Sabes que soy un miserable si me agreden por sorpresa… Y por lo demás, tienes razón, soy y suelo decir cosas estúpidas la mayor parte del tiempo… ya, perdóname, tú sabes que jamás te desearía mal… ¡Sakura!.

De los labios del baterista se escuchó un suspiro ahogado. Finalmente, los ojos negros de Sakura se levantaron hacia él. Sumamente insondables.

- ¡A dónde crees que vas!- Kitamura exclamó cuando vio al otro voltear y dirigirse hacia la puerta. Sakura se volteó hacia él en el final del recibidor. Sonreía con tristeza.

- Quizás estoy equivocado, y si es así, soy yo el que debería pedirte disculpas, Ken. ¿Cierto?...- Sakura tomó el pomo y observó sus manos, pensativo.- Pero tienes razón. El tiempo ha dejado en claro que yo sé esconder muy bien las cosas, y que tú, en cambio, eres un experto para traicionar mi confianza cuando te conviene. ¿Lo vas a negar, acaso?.

- ¿Cómo puedes decir eso?- ahora sí, Ken estaba abiertamente herido.- ¿Cómo…?.¡ Si en aquel entonces le conté a Hyde y a Tetsu sobre tu problema con drogas, fue porque estaba preocupado por ti, imbécil!. ¿Qué querías?. ¿Tenía que esperar a verte muerto para que ellos lo supieran?.

- Eso me correspondía a mí. Yo… no quería que Hyde me viera tan mal… que notara cuan mal estaba, porque Hyde…

- ¡Hyde, Hyde…! ¡Tanto amabas a Hyde, acaso!.

- ¡Sí!- Sakura levantó un poco la voz, y Ken se sintió paralizado por la intensidad de su mirada.- ¿Es eso lo que querías escuchar?. ¡Sí, lo amaba!... ¡Y tú lo arruinaste todo!... ¡Le diste la oportunidad a Ogawa para que lograra acercarse a él mientras yo estaba lejos!…

- ¡Maldita sea, Sakura, no nos gritemos por eso!. Tú sabes tan bien como yo que Haido y Tetsu tienen una historia juntos desde antes que tú y yo ingresáramos a la banda…

De pronto, Sakura rió.

- No, eres tú el que no entiende… Tetsuya siempre ha sido un idiota… Antes de que yo saliera de la banda, Hyde se estaba dando cuenta de eso.

- ¿Qué me quieres decir?.

- ¿No lo adivinas?- Sakura levantó las cejas, su sonrisa se expandió.

Ken arrugó el ceño. La conversación había dado otro giro, y de pronto se sentía totalmente desorientado. Sin embargo, algo en la mirada de Sakura le daba mala espina. Esa brillo que había aparecido de pronto. Algo cercano a la alegría… una muy extraña alegría.

Sakura abrió la puerta. Le dedicó otra sonrisa. Así, tan fácil, era claro que se había recuperado de su pena.

- Oye, Ken, perdóname… en realidad, tendría que haber venido a darte las gracias. Es cierto que me jodiste un poco más la vida, pero… quizás, en tu intento de fastidiarme, también me ayudaste un poco.

- ¿Qué?- Ken pestañó un par de veces, claro signo de que no estaba entendiendo nada. Sakura parecía feliz de verlo en aquel estado de incertidumbre.

- Por supuesto que no te lo voy a explicar. Al fin comprendí que no debo tenerte confianza, que nunca debí confiar en ti… lo único que te puedo decir es que ahora tienes toda la libertad del mundo para cortejar a tu tan amado Yukihiro. Ahora ya no me importa… me acabas de quitar un gran peso de encima.

- ¿Qué…?... ¡Maldito seas, espera!- Ken alcanzó a correr y detenerlo, antes de que Sakura saliera completamente de la puerta. Tenía la vaga impresión de que el Sakura dolido de antes no era más que una mentira… ¡qué tonto había sido!.- ¡¿Nunca lo quisiste, es eso, maldito?!. ¡Solamente jugaste con Yukihiro, ¿verdad?!... ¡Eres un…!.

- Cuidado con lo que dices, Kitamura. ¡Y ya suéltame!.- Sakura se deshizo del agarre de Ken con un gesto seco. Se quedaron viendo peligrosamente por unos segundos que parecieron eternos.- ¡Claro que lo quise, nunca podrás entender cuánto lo quise, pero…!.

- ¿Pero?- Ken apretó los dientes. Saltaría sobre el baterista si Sakura hablaba mal de Yukihiro, ¡claro que lo haría!.

- Pero... Hay cosas que no se pueden cambiar. Aunque trates. Aunque luches. Aunque intentes… jamás han de cambiar…

- Imbécil… estás enamorado de Hyde...- No era una pregunta. Ken jamás había estado tan seguro de eso como ahora.

Por supuesto, la irónica resignación del rostro de Sakura confirmaba sus palabras.

- Sí, lo estoy… y Ken, más vale que uses tu bocota para prevenir a tu querido amigo Ogawa. Porque te lo aseguro… Ahora sí tengo las fuerzas que me faltaron antes. Ahora sí voy a hacer que Hyde lo olvide. Se lo voy a quitar... Cueste lo que cueste.









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Yukihiro no recordaba hace cuánto tiempo había pasado una noche tan mala como esa.

Que el reloj diera las ocho de la mañana fue casi un alivio, y no tuvo que hacer mayores esfuerzos para salir de la cama, dirigirse casi como un zombi hacia la ducha, y estar largos treinta minutos bajo el agua caliente tratando de poner orden a sus ideas… si es que existía un orden posible.

Quizás, si hubiera dormido un poco más, podría haber pensado que todo lo sucedido la noche anterior había sido parte de un sueño. Un muy mal sueño… Sin embargo, claro, el sueño tampoco estaba de su parte, por lo que el baterista había pasado largas horas dándose vueltas en la cama, aguantando el peso imposible que se había vuelto su cabeza llena de preguntas, tratando siempre de no desmoronarse... Aún le quedaba bastante orgullo, gracias. No podía darse el lujo de que la tristeza lo inundara, ni aunque sea un poco.

“Pero es tan difícil…”.

Sí que lo era.

Difícil y ridículo.

Mientras el agua caía como una lluvia tibia de invierno, no pudo evitar sonreír con tristeza e ironía. Él, que siempre se había vanagloriado de su tranquilidad y su sangre fría a toda prueba, quien siempre actuaba correctamente, con moderación, incluso en sus relaciones más íntimas… Él, con sus más de cuarenta años de experiencia encima, estaba sufriendo por primera vez el fatídico síndrome-del-día-siguiente a la peor noche de su vida. La noche en que se había obligado a ser fuerte y terminar por una vez su relación con Sakura.

Si es que un par de revolcones se podía llamar relación.

De pronto, tenía la amarga certeza de que para Sakura había sido eso: una simple aventura, nada más. Tal como acordaron tácitamente desde el principio.

Por otra parte, quizás él era el que estaba actuando mal al sentirse tan miserable. Después de todo… ¿Qué derecho tenía en maldecir a Sakura?. Él había sido sincero, y Yukihiro el estúpido que dejó que sus sentimientos crecieran. Hasta el punto de…

“¡No!”. Suspiró, aún bajo el agua. No podía ni siquiera pensarlo. Si lo pensaba, se iba a desmoronar. Y por completo.

Salió de la ducha con cuidado, sintiendo como el frío de las baldosas bajo sus pies se sentía por primera vez aceptable. Observó por unos segundos su cuerpo a través del gran espejo del baño. Nunca había sido demasiado egocéntrico, pero hoy le parecía que se veía más horrible que nunca.

¿Qué culpa tenía Sakura de no corresponder a sus sentimientos?. Yukihiro observó sus ojos, su rostro… tenía un buen cuerpo debido a la batería, pero nada demasiado excepcional. Podía ser atractivo para el sexo, pero sus ojos no demostraban nada que pudiera ser motivo de afecto. Los ángulos de su cara eran demasiado toscos. No tenía nada demasiado atractivo o característico, como los rasgos felinos de Ken, o la extraña dulzura del rostro de Tetsu. O los ojos intrigantes y siempre tristes de Hyde…

“… Hyde…”

Incluso se sentía culpable de aquellos fatídicos minutos, luego de que Sakura se fuera de su casa. Se sentía miserable por haberse desplomado sobre el sillón, con el rostro entre sus manos, inclinado sobre sí mismo. Sin llorar, pero estremecido por la impotencia, la rabia… rabia hacia sí mismo, rabia hacia Sakura… y la injustificada rabia hacia Hyde…

Porque durante la conversación que había tenido con Sakura (…si es que se puede llamar conversación a que él hablara y Sakura lo escuchara en silencio, sin demostrar ninguna emoción, interrumpiendo sólo ocasionalmente…), la idea que Yukihiro había tenido más presente era esa: que todo era culpa de Hyde… que si Hyde fuera el que estuviese hablando, el que le pedía a Sakura mantenerse lejos, el otro baterista sí habría estallado en furia… porque si él fuera Hyde, habría conseguido que Sakura lo retuviese, que lo acercase, que lo besara a la fuerza… que lo llevara a la cama y lo hiciera cambiar de opinión. Lo obligara[i] a cambiar de opinión.

Pero él no era Hyde. Y como no era Hyde, Sakura no podía amarlo, no podía tener la necesidad de conservarlo cerca suyo. No lo deseaba como deseaba al vocalista cuando lo miraba, con esa urgencia mezclada con admiración y un profundo cariño. Nada familiar. Nada de hermanos… ¡Sakura amaba a Hyde!.

[i]“¡Qué conclusión más brillante!...¡Ya deja de pensar imbecilidades, Awaji!. ¡Basta!”


De vuelta en el presente, Yukihiro fue consciente de que por primera vez, sus ojos demostraban algo. Aunque tarde, sus ojos ya no eran serenos, amistosos, débiles… ahora estaban entornados y relucían de genuinos celos. Celos que no debía sentir. Ira que no debía dirigir ni a Sakura ni a Hyde, porque ahí, él único culpable de su miseria era él. Nadie más que él.

Se vistió con parsimonia, algo descuidado. Le daba igual cómo lucía, estaba harto de tener que verse y actuar bien, de forma aceptable. Él era así. Era una cáscara fuerte con un interior demasiado débil. Era un tipo con una cuenta bancaria nada despreciable, con la admiración de su público, pero que en su vida privada no hacía más que fracasar. Tal y como se lo había advertido su padre un día, hace muchos años, al comprobar que su querido hijo era gay, que jamás pensaba casarse y darle herederos.

Mientras se preparaba algo para el desayuno, Yukihiro se dio cuenta que quizás, su padre había tenido siempre la razón. Él no hacía más que traer vergüenzas a su familia, con su tendencia a la música y su maldito afán por acostarse con otros hombres… No, peor que eso. Porque sí sólo hubiera sido un capricho, un mero deseo carnal por joderse y ser jodido por otros tipos, Yukihiro no habría estado tan mal. Siempre podía casarse con una correcta y linda mujer y tener hijos. Y seguir acostándose con hombres a escondidas, tal como otros tantos de seguro lo hacían…

El verdadero error de Yukihiro estaba en ser sentimental. En su afán por ser correcto. Por sentimental y por correcto había rehusado a ostentar novias como tantos artistas lo hacían; hasta había rechazado casarse, como habían hecho Hyde y Tetsu para acallar a los medios. No. Yukihiro, siempre correcto, siempre perfecto, él se había involucrado sentimental y abiertamente con tipos que no valían la pena, hasta el punto de ir en contra de su familia para defender sus seudas-relaciones que sólo valoraba él, y no la otra parte.

Y con la buena suerte de que a los putos periodistas sólo les importaba la vida sentimental de las estrellas. No de los músicos que siempre están atrás, física y metafóricamente. Por eso, lo que Yukihiro hiciera de su vida privada no tenía mucha importancia. El manager y los productores sólo lo veían con mala cara si Yukihiro se iba con un chico luego de una celebración… pero fuera de eso, era su problema, muchas gracias.

Sin embargo, y tal como le había pasado con Sakura, era Yukihiro quién siempre terminaba haciendo todo mal, sintiendo cosas de más. Era él quién a sus cuarenta años no terminaba de entender algo tan elemental como que para los hombres, no existe el amor. Sean gays o heterosexuales, los hombres son una raza animal que sólo se aparea por simple necesidad básica. Nada más… las mujeres, bien, pueden amar, ser madres, dar la vida por sus esposos y sus hijos… ¡Pero los hombres no, claro que no!...E independiente con quien se acostara, Yukihiro era hombre… ¡Por eso debía aprender, por una maldita vez y para siempre, que el sexo era sólo un acto para conseguir placer físico, para olvidar por un rato la mierda que era el mundo, pero nada más!.

- ¡Mierda!.

Sus diatribas se interrumpieron bruscamente con el sonido de cerámica haciéndose pedazos. La taza se le había resbalado de las manos mientras la llevaba hasta el comedor, donde una vez más le tocaba comer solo. “¡Que torpe que eres, Awaji!”, farfulló entre dientes, mientras iba hacia la cocina por un paño para limpiar el desastre de cerámica y café regados por el piso.

Cuando regresó para limpiar, no pudo evitar quedarse de pie un rato, absorto nuevamente, con la mirada perdida en la cerámica rota. Una angustia e impotencia inexplicable subieron por su garganta, y tuvo que apretar los dientes para no rugir con fuerza. Recogió los pedazos, uno por uno, pero seguía distraído, luchando por mantener el autocontrol. Ni siquiera cuando al recogerlo, uno de ellos le hizo un corte considerable en el dorso de la mano, pudo el dolor lacerante de la herida eclipsar aquella pena que venían desde el fondo de su alma, y que súbitamente había reemplazado a la furia.

Fue casi un alivio cuando alguien llamó a su puerta. A penas con tiempo para limpiar otro poco y botar los trozos en el contenedor de la cocina, Yukihiro fue a abrir mecánicamente, sin siquiera cuestionarse quién era el que venía a esas horas de la mañana. Sin dejar crecer una fatídica y vana esperanza de que quien estuviera del otro lado fuera Sakura, el baterista de cabello negro que ahora sí demostraba que Yukihiro le importaba. Que sí venía a pedir otra oportunidad. Que sí sentía la separación…

“ Qué miserable que eres”.

Los músculos de su cara dolieron cuando abrió la puerta y le sonrió al hombre que esperaba del otro lado. Con el cabello desordenado. Algo serio para tratarse de él.

- Hola, Ken. No te esperaba tan temprano.

Pese a que la desilusión de ver al guitarrista (y no a Sakura) del otro lado se abrió paso como un veneno en su garganta, Yukihiro se obligó a mantener la hipócrita sonrisa y hacer un gesto aún más hipócrita de cordialidad invitando a que el otro entrara. Ken le dio las gracias con una sonrisa algo tímida e ingresó a la sala, con las manos en los bolsillos, luciendo un poco incómodo y mirándolo de soslayo. Como si intentara ocultar que estaba escrutando su rostro.

- Perdona la hora, es que… fíjate, me hicieron caer temprano de la cama y bueno… como no me puedo volver a dormir después de que me despiertan, pues recordé que tú siempre te levantas antes que yo, así que se me ocurrió que podríamos ir a desayunar juntos a alguna parte, Yuki. Yo invito. ¿Qué te parece?.

El guitarrista hizo un claro intento para que su sonrisa se viera más alegre y le infundara ánimos. Fue este gesto el que causó en Yukihiro un muy mal presentimiento. Súbitamente, en su mente se abrió paso la idea de que Ken lo podía leer como un libro abierto. Que podía ver toda la miseria y la tristeza que se guardaba tras sus intentos por estar tranquilo.

Así, de pronto, cayó en él como un balde de agua fría, la impresión de que Sakura le había contado todo a Ken. ¡Todo!.

“Al diablo si lo hizo… si creyó que yo ahora estaría mal, pues que se decepcione. No le daré la satisfacción de que nadie se lo confirme”.

La sonrisa de Yukihiro se expandió. Ahora no sentía una extraña sensación, sino que comenzaba a rumiar la certeza de que Ken había ido deliberadamente a su casa para comprobar qué tan mal estaba. Claro…aunque dijera misa, sabía que Ken y Sakura eran como hermanos, seguro que se seguían contando todo… aunque su relación filial era distinta a la que Sakura decía mantener con Hyde… Claro

Y aunque una parte de él se sintió mal por dirigir su rabia en contra de Ken, la otra se obligó a mantener la falsa. Sujetar la sonrisa del sujeto siempre-amable-y-centrado. Ni siquiera Ken… ¡Ni muchos menos Ken debía ver lo miserable que se sentía!.

- Está bien. Estaba preparándome algo, pero si tú quieres invitarme, ¡bienvenido sea!- respondió al final, luego de segundos de deliberación que parecieron horas. El baterista trató de sonar lo más tranquilo posible, y al parecer lo consiguió, porque la sonrisa de Ken pareció mucho más aliviada y genuina.

- Entonces, toma tu chaqueta y vámonos, que tengo hambre… y por favor, Yuki, arréglate un poco más, que cualquiera va a pensar que estuvimos toda la noche de juerga, hay que ver…

Kitamura lo había dicho claramente como una broma, sin embargo Yukihiro no pudo evitar que una mala sensación viscosa se asentara en la boca de su estómago. Pese a esto, se mantuvo estoico y respondió, como si quisiera seguir con la hilaridad:

- Eso lo pensarán de ti, no de mí. Y tampoco creo que estén muy errados. Dos de cada tres días terminas por ahí, entre las faldas de una chica, tomándote toda la cantina… como si no te conociera, Ken…

- ¡Ey!- el guitarrista hizo un falso gesto de indignación.- ¡Ya cierra esa boca, Awaji, y ve a alistarte antes de que cambie de opinión e invite a desayunar a mi gata!. ¡Al menos, Elizabeth no tiene tan mal concepto de mí!.

- Sí, claro.

Yukihiro soltó una risa algo amarga, y con un gesto pidió que el otro lo esperase en la sala mientras iba por un abrigo al cuarto. Una mera escusa para relajar los músculos de su rostro, respirar profundamente unas cuantas veces, y recuperar fuerzas para seguir todo ese teatro.

El baterista no fue consciente que en cuanto le dio la espalda, los ojos de Ken también cambiaron y su sonrisa desapareció. Por supuesto, Kitamura había visto la herida en su mano, había observado las marcas de cansancio bajo los ojos de su compañero de banda. Había notado el sutil gesto que declaraba a leguas que la sonrisa del baterista no era sincera. Y una vez solo, también se había dado cuenta del desorden reinante, de la mancha de café sobre el piso…nada propio de alguien como Yukihiro.

Él no era un genio, tampoco necesitaba serlo. Se había dado cuenta del dolor que sentía Yuki e intuía fácilmente el porqué… y si bien, el enterarse de la separación entre él y Sakura lo había hecho sentir egoístamente alegre, aunque fuera por un segundo, ahora las primeras consecuencias de esa separación lo hacían sentir culpable. Bastante culpable.

Por incontable vez en esa mañana, maldijo entre dientes el nombre de Sakura…

Se sentó en el sillón de la sala, con la cabeza inclinada hacia abajo, mientras escuchaba los pasos del baterista en la recámara. Supo, entonces, que lo que lo hacía sentir miserable era la fatídica consciencia de que ahí, el único que estaba sufriendo por la separación era Yukihiro. Porque estaba claro que Sakura ya había pasado la página. Ayudado por su orgullo, se había repuesto del golpe bastante rápido…. Y ahora, dedicaba sus pensamientos hacia la única persona que podía alterar su carácter, desmoronar ese mundo de diversión y éxito que tanto le había costado erigir tras sus problemas con las drogas. Ahora, el otro baterista había quedado libre para gastar sus energías por y para Hyde, complicándolo todo, y haciendo de todo un enredo, por demás, miserable...

Si es que eso aún era posible.





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Once y treinta. Las manecillas del reloj mural se movían más despacio de lo usual. Y a la vez, bastante rápido, pese a sus deseos.

“Tengo que darme prisa”

-¡Hyde!

- ¿Qué?- el vocalista pestañeó con desconcierto y regresó su mirada hacia Tetsu.- Perdona… ¿qué me decías?.

Tal y como siempre lo hacía cuando lo pillaban volando bajo, Hyde le dedicó una sonrisa culpable, un gesto suave que le daba un encanto casi infantil y que hacía que Tetsu se derritiera por completo.

El bajista no pudo menos que responder al gesto.

Con un movimiento casi mecánico, Tetsu se ajustó las gafas de montura cuadrada que usaba para leer y apartó un poco los papeles que el abogado había dejado sobre el escritorio, todos ellos relativos al divorcio.

- Te preguntaba si te sentías bien. Pero supongo que sólo estás demasiado distraído, nada que no hubiera visto antes… sobre todo cuando te despiertas temprano, como hoy.

- …Y cuando no me dejan volver a dormir, eso es importante - Hyde completó la frase con algo de ironía. Bajó la voz y se acercó a Tetsu en un gesto algo confidente.- No tengo que recordarte porqué no pude dormir mucho esta mañana, ¿verdad?... O mejor dicho, por quién…

- ¡Haido!- el susurro salió antes de que lo procesara. Y pese a que lo había dicho en reprimenda, una vez que Tetsu se cercioró que la puerta estaba bien cerrada y nadie más había escuchado las indirectas (bien-directas) de Hyde, se unió a las ligeras risas del vocalista.

- ¡Por dios, Ogawa!. Te escuchaste demasiado parecido a mi madre cuando me regañaba por decir obscenidades en la mesa… ¡Me asustas!.

- ¿Yo te asusto?- Tetsu repitió, fingiendo ofensa- Imagino qué clase de cosas decías en la mesa y eso sí que da miedo.

Hyde volvió a sonreír, como reafirmando sus palabras. Fue entonces que Tetsu sintió un dejavú extraño… como si estuviera con el Hyde de veinte años atrás. Conversando en un lugar poco transcurrido. Compartiendo anécdotas.

Suspiró con algo de cansancio.

Su mirada volvió por inercia a los papeles sobre el escritorio. Al reparar en ellos, su sonrisa se mitigó: en efecto, esa demanda de divorcio era la prueba irrefutable de cuánto tiempo había pasado. Y cuan diferente era la situación ahora.

Leyendo sus expresiones al pie de la letra, Hyde también se puso mucho más serio y esperó un par de segundos antes de aventurarse a quebrar el silencio.

- No te preocupes tanto, ya escuchaste al abogado… demostrar el adulterio es casi imposible sin pruebas lo suficientemente sólidas…

El bajista asintió, aunque no lucía muy seguro. Su rostro de preocupación era tal, que Hyde sintió la imperiosa necesidad de echarse a reír, como cuando era niño y su madre estaba a punto de descubrir una de sus travesuras. Ahora, con cuarenta y tantos años, todavía podía sentir aquel exquisito cosquilleo causado por los nervios y la satisfacción.

Pese a sus impulsos, se mantuvo quieto y serio, como una estatua de cera. Regodeándose con el dolor ajeno.

“Un par de fotos entre tú y yo, besándonos… eso sí es una prueba suficiente, Tetchan. ¿No lo crees?”.

De forma rápida, su mirada volvió a fijarse en el reloj de la muralla. Tenía veinte minutos para inventar una excusa creíble e irse del despacho.

Nada que no se pudiera conseguir con un poco de actuación.

- ¿A dónde vas?- le preguntó el bajista cuando lo vio ponerse de pie. Hyde se arregló la chaqueta y le sonrió de forma culpable.

- Creo que tienes razón. No me siento muy bien que digamos… voy por un café, ¿quieres uno?.

Sin responder, Tetsu arrugó el ceño y lo vio fijamente, mientras Hyde interpretaba su silencio como una negativa y se acercaba hacia la puerta. El bajista, entonces, también se puso en pie. Antes de que Hyde pudiera girar el pomo, lo detuvo, mirándolo con preocupación y sospecha.

- Dime la verdad, ¿te han vuelto los dolores de cabeza y no me lo has dicho?... Demonios, sabía que no era una buena idea que me acompañaras, deberías seguir en reposo…

Pese a que las palabras encerraban en si mismas una evidente preocupación, Hyde no pudo menos que hacer un gesto de ironía al escucharlas.

- Tú y tu complejo de mamá gallina… No me estoy muriendo, tonto. Sólo me siento un poco sin aire… respecto a la primera pregunta, tranquilízate. Mi cabeza está bien, gracias... Aunque, bueno… sigue igual que de costumbre. Y no sé si eso califica como “bien”.

Lo había dicho en broma, pero Tetsu no sonrió. Muy por el contrario. El bajista mudó de la preocupación a la seriedad.

Mirándolo de forma atenta, Hyde se dio cuenta que Tetsu tenía un enorme parecido con su propia madre, la señora Ogawa: los dos mostraban la misma expresión sombría y amenazadora cuando miraban a Hyde con reproche.

Su sonrisa se acentuó.

“Pobre de ti, Tetsu… Yo me suicidaría si tuviera algo en común con esa señora histérica”.

- No me estás ocultando nada, ¿cierto?

- No- “mentira...”. Fugazmente, Hyde recordó el dolor de cabeza que había sufrido por la mañana, el que obviamente, debía disimular.- ¿Me vas a dejar salir un rato o quieres que me desmaye aquí mismo?.

- No digas eso ni en broma- Tetsu soltó su agarre y volvió a su asiento. De espaldas a Hyde, se frotó las sienes en un gesto de puro cansancio, el que se tradujo también en el tono de su voz.- Lo que falta tratar con el abogado no es mucho. En cuanto acabe te llamo para saber dónde estás, ¿vale?.

- Vale... Pero tómate tu tiempo.

Hyde volvió sobre sus pasos, apoyó las manos en sus hombros y se inclinó para darle un beso en la frente, rápido, sin darle tiempo de entrar en reparos por el lugar. No obstante, el bajista cerró los ojos y se apoyó pesadamente en el respaldo del asiento, contra el pecho de Hyde. Sostuvo las manos del vocalista por unos segundos y le dedicó un gesto mitad disculpa, mitad agradecimiento. Netamente de cariño.

- Si me preocupo tanto por ti, es porque eres quien más me importa en este momento, además de mi hija- dijo Tetsu en un susurro extremamente bajo, susurro que aún así Hyde escuchó.- Yo… no sabes cuanto te agradezco por estar acompañándome en todo esto, Hyde… a veces siento que no me lo merezco.

El bajista abrió los ojos y lo observó fijamente, impidiendo a Hyde sonreír de forma abierta con victoria y amargura.

“Claro que no te lo mereces… después de todo lo que me hiciste, maldito…”

- No me des las gracias. Y ya deja de preocuparte tanto… no vas a perder a Rei…

- No…- los ojos de Tetsu reflejaron algo cercano a la esperanza.- No la voy a perder… ni tampoco te voy a perder a ti.

Hyde asintió y le dio un nuevo beso en la frente. Se deshizo con amabilidad de su agarre, y se dio vuelta antes de que el bajista pudiera notar siquiera el instante en que fue débil, y su rostro reflejó todo el rencor que sentía.

“¿Cómo te atreves?... desde el primer momento en que te revolcaste con Ayana… ¡desde entonces me perdiste!”

Se detuvo en el pomo de la puerta para dedicarle una última falsa sonrisa. Aún con las últimas palabras de Tetsu en su memoria, Hyde salió al pasillo de uno de los buffet de abogados más prestigiosos de todo Tokyo, mientras se colocaba los anteojos oscuros que usaba siempre para andar sin ser molestado en la calle, y ocultaba así su mirada fría.

“Ya vas a ver lo que hago contigo, Ogawa... Ya vas a ver”.

Le hizo un gesto cortés a la secretaria antes de alcanzar el ascensor. Marcó el botón hacia el piso primero, y mientras bajaba miró el reloj nuevamente. El lugar que había acordado para encontrarse con el periodista no quedaba muy lejos de dónde ahora se encontraba. Sin embargo, Hyde sabía que el tipo era en extremo puntual y bastante altanero. De seguro iba a protestar por el retrazo.

Mientras salía a la calle para parar un taxi (en mala hora le había pasado el auto para que manejara Tetsu: el bajista tenía las llaves), marcó un número anotado en la agenda de su teléfono. El hombre del otro lado de la línea le contestó justo cuando un taxi paraba frente a él.

- ¿Bueno?.

- ¡Gracias a dios que te encuentro!- el vocalista sonrió con cierto alivio. Se subió al auto y le hizo una seña al taxista para que siguiera adelante. El conductor asintió.- ¿Te acuerdas que quedaste en devolverme el llamado?. ¡Estuve marcando ayer en la tarde a tu celular, pero tenías el teléfono apagado!. Me preocupaste, cretino… tú nunca haces eso.

Escuchó una pequeña risa del otro lado. “En el próximo semáforo doble a la derecha y siga por esa calle”, Hyde le indicó al taxista, tapando momentáneamente el auricular para que Sakura no escuchara. Cuando el conductor hizo un nuevo gesto de entendimiento a sus indicaciones, Hyde volvió al teléfono.

- No sé de qué te ríes. He estado con el alma en un vilo por tu culpa.

- Te sorprendería lo cercano que suenas a mi ex novia, Takarai… - Sakura lanzó otra risa del otro lado de la línea, y sin poder evitarlo, Hyde sonrió un poco. Quedaba claro que si podía bromear, era porque Sakura se encontraba bien. Y eso lo llenaba de un inmenso alivio.

- No digas idioteces... Pensé que Ken y tú se podrían haber partido a golpes o algo así… aunque, como las malas noticias son las que llegan primero, y no me enteré de nada, supuse que no había pasado algo muy grave. Porque no pasó nada grave entre ustedes, ¿verdad?.

Su pregunta se escuchó en extremo insegura. Que Sakura se quedase momentáneamente en silencio no lo hizo sentir más relajado.

Ahora en que las cosas iban tan bien, lo último que le faltaba era que Ken acabara descubriendo todo.

- No te preocupes. Ya sabes como es Kitamura… es claro que sospecha, pero solamente de mí. Nunca descubrirá que tú también tienes algo que ver en esto.- respondió Sakura finalmente. Hyde fijó su vista en el paisaje vertiginoso tras la ventana y lanzó una maldición casi inaudible.

- ¿Qué fue exactamente lo que te dijo?.

- Bueno, eso… que piensa que yo estoy tratando de perjudicar a tu querido noviecito, dándole información a la prensa.

- ¡Demonios!… a veces es tan metiche…

- ¿A veces?.

Hyde soltó una risa algo amarga.

- Vale, la mayoría de las veces… sobre todo cuando se trata de Tetsuya. Ellos son como hermanos… no te imaginas cuántas veces Ken me amenazó cuando supo lo mío y lo de Tetsu. Seguro que pensó que yo le sería infiel, tarde o temprano. Y el infiel fue otro.

No pudo suprimir el deje de resentimiento en sus últimas palabras. Se aclaró la voz, tratando de desviar el rumbo melancólico de sus pensamientos, pero antes de que pudiera hablar de nuevo, Sakura se le adelantó.

- Hablando de Ogawa… ¿cómo van las cosas con él?.- el batero se escuchó sumamente serio. Hyde sabía que a la hora de nombrar a Tetsu, casi escupía las palabras. Tampoco podía culparlo.

“Así como Ken es el hermano simbólico de Tetsu, tú siempre me proteges como un hermano mayor. ¿Cierto, Sakura?”.

“Eres el hermano que nunca tuve”.

- Las cosas con Tetsu van bastante bien, no te preocupes por eso- respondió el vocalista, sonriendo con maldad pura al recordar el dulce despertar de esa mañana. Que bien que iban las cosas con Tetsu…

- Entiendo.

- Oye, no lo digas así tampoco.

- ¿Así cómo?.

- Con ese tono. Parece que te estuviera anunciando mi sentencia de muerte o algo así…

- ¿Y regresar con ese imbécil no es acabar con tu vida, acaso?.

- Yachan… no volvamos a ese tema, ¿quieres?- Hyde se pasó una mano por el cabello, algo incómodo.- Sé que no estás de acuerdo con lo que hago, pero yo me sé cuidar muy bien. Además… ya sabes cuál es el propósito tras toda esta farsa.

El conductor lo miró fugazmente a través del espejo retrovisor, con actitud hermética, pero aún así curiosa. Ante esto, Hyde bajó el tono de voz hasta que fuera un simple murmullo.

- Si quieres salirte del plan, lo entenderé, más ahora que Ken tiene sospechas de ti… no quiero causar un conflicto entre ustedes. Pero, aún así… Sakura, nunca sabrás cuánto valoro que estés junto a mí…

- Lo sé- Sakura suspiró.- Claro que no voy a dar pie atrás, tampoco me subestimes. Me da igual lo que piense Ken, esta no será ni la primera ni la última vez que nos peleemos, tenlo por seguro.

Algo misterioso había en sus últimas palabras, un ápice de dolor que Haido pudo captar perfectamente. Sin embargo, por teléfono la comunicación era bastante limitada, por lo que no quiso seguir en ese tema.

Ya tendría tiempo suficiente cuando Sakura y él se vieran, personalmente.

“Lo que tiene que ser pronto”.

- ¿Sabes si Ken está espiándote o algo así?.

- ¿Espiándome?... ¡Por favor!.- el baterista lanzó una risa irónica que no le hizo la menor gracia.

- Cuidado con él, Sakura, no lo subestimes. Conozco bien lo testarudo que es Ken… y cuando algo se le mete entre ceja y ceja, realmente te sorprende.

- ¿Ah si?... Bueno, supongo que Kitamura ahora debe estar atendiendo otros asuntos más importantes que espiar mi casa, así que por lo pronto quédate tranquilo.

- ¿Por qué estás tan seguro?.

- Pues…- el baterista hizo una pausa algo misteriosa.- digamos que tengo un muy buen sexto sentido cuando se trata de él. Además, Ken ha cambiado bastante estos últimos días, no te conviene pensar que lo conoces del todo… con el tiempo te darás cuenta a qué me refiero.

Hyde entornó los ojos con sospecha. Ahora estaba más evidente el ligero tinte de resentimiento impreso en las palabras de Sakura, y eso no podía hacerlo menos que dudar… ¡Esos dos siempre se habían llevado de maravillas, si hasta una banda habían tenido juntos!.

“Entre Ken y tú pasó algo más…Yachan, ¿qué me estás ocultando?”.

- Vale, creeré en tu palabra. Pero cuando nos veamos me tienes que contar los detalles. Tu sexto sentido con respecto a Ken me parece muy extraño, Sakura.

- ¿Ah si?.

- Sí – hizo una pausa, recapitulando.- Por ahora te salvas de mi interrogatorio. En realidad, yo te llamaba para otra cosa… si no estás tan ocupado, ¿podrías ir al centro comercial que está al lado oriente de la ciudad?. ¿El que abrieron hace poco?.

-¿Y qué pasó con lo que me dijiste la última vez, con que era peligroso que nos viéramos ahora que estás con Ogawa?.

- Olvídate de eso. Te tengo una sorpresa… ¿puedes ir o no?

- Sí, aunque estoy un poco lejos, no llegaré pronto.

- No te preocupes por la hora, de seguro esto va para largo. En unos minutos voy a reunirme con el periodista que contraté, te espero allí. Hay algo que quiero que veas.

El vocalista fijó la mirada en su reflejo en la ventana. La sonrisa que iluminaba su rostro se veía repleta de malos augurios.

- Tú siempre tan misterioso… ¿qué estás planeando ahora, akuma?.

- ¿Yo?. Nada…- rió.- O al menos, nada que te pueda contar por teléfono. Tranquilo, si vienes ahora mismo, puedo darte los detalles. Por ahora confórmate con saber que si todo sale bien, vamos a hacer nuestra buena acción del día: ayudar a una abnegada madre para que se quede con la custodia de su hija… ¿qué te parece?.

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