Capítulo 20

Crónicas de una noche tormentosa





“Noche bochornosa
Como el cuerpo interno de los demonios.
Verano sin fin,
Como el aroma de la muerte”

(Self Portrait N42)






Se dirigieron hacia un parque, no demasiado cerca del departamento de Hyde, pero tampoco demasiado lejos. La noche avanzaba a gran velocidad sobre las calles de Tokio y, al bajar del automóvil y caminar entre las áreas verdes y juegos infantiles, Tetsuya casi sintió nostalgia de aquellos años en que sus relaciones juveniles habían comenzado o acabado en parques como ése.

Sonrió, no sin cierta tristeza. Ayana iba a su lado, callada, fría como la noche que se extendía en torno a ambos. No habían hablado durante el transcurso en automóvil, tampoco es que Tetsu esperara que lo hicieran. Ya le había quedado bastante claro desde el primer momento: su aún esposa no había ido a hacer una visita de cortesía, ni mucho menos.

“Estás adoptando las costumbres de mi madre” pensó el bajista de pronto, de forma amarga y algo sarcástica. Jamás había esperado aquel desdén de Ayana, las palabras cargadas de ironía que le había dirigido momentos antes. Sobre todo, al referirse a Hyde como “su amante”, aunque el vocalista ciertamente lo era. Al menos, en lo legal lo era.

En este punto de sus pensamientos, Tetsuya sintió que la culpa volvía a obstruirle la garganta. No le agradaba la idea de que Hyde fuese sólo un amante al que tenía que esconder, al que tenía que callar… no podía concebir que hubiese algo mal en su relación con Hyde. Una relación que había resistido al paso de los años, a los errores de Tetsu, a su infidelidad con Ayana y su posterior matrimonio e intento de tener hijos y formar una familia.

 De todo lo que podría arrepentirse, lo que más le dolía era pensar en Rei y en Hyde, las dos personas que amaba más que a su vida y a las que más había afectado con sus múltiples errores.

Se detuvieron luego de unos segundos de silencio, en una banca iluminada por la luz anaranjada de un farol cercano. A su lado, un par de columpios vacíos se mecían con la brisa nocturna, produciendo un sonido metálico y constante que se mezclaba con el rumor de los autos que pasaban en las calles adyacentes. Ayana se sentó y se arregló la chaqueta de terciopelo que usaba sobre su vestido negro. Ella no solía vestir con colores tan apagados. Tampoco solía tener esa mirada tan fría, ni hablar de forma tan resentida…

Resultaba más que obvio que ya todo había cambiado.

Tras titubear un poco, Tetsu optó por tomar asiento en la misma banca, pero a una distancia relativamente prudente. Miró hacia el entorno. No le gustaba la idea de hablar con Ayana en un lugar tan abierto, tan público. Aún seguía en pie su constante recelo a los acosos de la prensa. Hyde también se lo había advertido: quizás, aún rondaban cerca.

Hyde…”

- Bien, no te quito más tu tiempo. Supongo que tienes prisa por regresar en compañía de tu amante, así que iré directo al grano.

- Si vamos a hablar, hagámoslo sin insultos, ¿quieres?- Tetsu bajó la vista y apoyó los antebrazos sobre sus rodillas. Le envió una mirada cansina- Créeme que no quiero discutir contigo, Ayana.

La mujer sonrió con displicencia.

- Eres bastante considerado - repuso, de forma amarga- Es una lástima que no lo seas siempre.

Sin darle tiempo de agregar nada más, Ayana abrió su cartera y buscó en ella hasta sacar un sobre grande, amarillo. Tetsuya lo vio con extrañeza. Ella se limitó a sonreír de manera despectiva y le tendió el sobre con un gesto seco.

Por algún motivo, mientras lo tomaba y lo abría para ver su contenido, el mal presentimiento que el bajista sentía en la boca del estómago se incrementó. 

Y no fue en vano.

- ¿Pero qué…?

Su pregunta se perdió en medio de la sorpresa. Al instante de observar la primera foto, Tetsu sintió que un escalofrío le recorría la espina dorsal y la impresión lo dejaba estático en su asiento. No podía ser cierto… pero lo era. Una escena vivida semanas atrás, en un parque cercano a la casa donde había vivido con Ayana, tras la discusión con su madre… ahí estaba, plasmada, aunque las fotografías eran oscuras y no se distinguían mayores detalles. Aún así, el bajista pudo reconocerse a si mismo captado por el ojo de la cámara, y también supo de inmediato que la persona con quien se besaba era Hyde.

Pasó con rapidez cada foto hasta llegar a la última.“Maldita sea”, pensó con furia e impotencia. Ni Hyde ni él se habían dado cuenta que esa noche habían sido seguidos y fotografiados, juntos… Corrección. Hyde sí había pensado en esa posibilidad, se lo había advertido en algún punto de la noche, pero Tetsuya, siempre orgulloso, siempre confiado en manejar la situación, había escatimado en prevenciones.

- ¿Cómo las conseguiste?- fue lo primero que pudo preguntar, en tono serio, tras unos segundos de silencio pesado. Ayana volvió a sonreír de forma desagradable, como si la pregunta le hubiese caído en gracia.

- Por supuesto que no te lo diré. Pero no te preocupes, no mandé a alguien para que los espiara. Ni más faltaba.

Tetsu le devolvió una mirada sombría. De pronto, sentía tanta rabia contra sí mismo… ¿por qué mierda había sido tan irresponsable?

- No creo que tengas el descaro como para inventar que las fotos están trucadas. ¿O acaso vas a negar que son Hyde y tú los que aparecen en ellas?

- Claro que no puedo negar eso- la voz se le oía extremadamente ronca. El bajista se aclaró la garganta, mientras hacía un intento por atrapar ideas en el aire- No sé cómo habrá llegado esto a tus manos, pero por supuesto, tengo que hacerme cargo de mi propia negligencia. Tú no mereces… tener que pasar por bochornos como éstos…

-¿Acaso crees que las fotos me afectan?- Ayana lo observó rayando la incredulidad. Resopló, de nuevo arreglándose el cabello de forma innecesaria. Pétrea, como una estatua fría e indiferente-  Todo esto no hace más que confirmar lo evidente. Que no tienes ni una pizca de preocupación ni mesura cuando se trata de Haido… y que te importa muy poco que todo el mundo se entere que me dejaste por estar con otro hombre…

Desvió la mirada para no dejar traslucir su resentimiento. Todo era una fachada, por supuesto, porque esas fotografías sí le habían afectado y mucho, desde el momento en que Sakura las había puesto en sus manos.  Aún así, Ayana sabía que no iba a arreglar nada si lloraba por la evidencia de una infidelidad que, en el fondo, sabía que iba a llegar tarde o temprano. No…  Era hora de actuar. Tomar las riendas de su matrimonio y adoptar una actitud mucho más firme.

Porque, si antes no había tenido las fuerzas necesarias para impedir que Tetsu se fuera detrás de Hyde, ahora sí las tenía para presionarlo a quedarse con ella. Tanto si el bajista quería como si no.

“Da igual cuán encaprichado esté con ese tipo, tú le diste una hija, eres su esposa y es su deber quedarse a tu lado” le había dicho su suegra hace unas semanas, en cuanto había llegado desde Osaka tras saber el escándalo del divorcio del único hijo varón de la familia. “No seas tonta. Entiende que no puedes aceptar que te abandone… ¿o acaso quieres que comiencen a hablar de ti a tus espaldas? ¿Quieres que el día de mañana Rei se entere que su padre las dejó por irse a encamar con otro hombre?…”

“Si no lo haces por ti misma, al menos hazlo por tu hija…. Debes colocar a Tetsuya entre la espada y la pared. Él es mi hijo, lo conozco, yo lo traje al mundo y yo lo crié… y por eso, sé perfectamente que cuando logres hacerlo entrar en razón va a terminar cediendo. Independiente de cuánto ame a ese tipo…Tetsuya va a terminar cediendo”

Un pequeño suspiro se escapó de sus labios, en tanto su esposo le sostenía la mirada con un dejo claro de culpa. La madre de Tetsu tenía tanta razón… y aunque su corazón la traicionaba porque seguía amándolo, seguía doliéndole verlo triste y atormentado, Ayana sabía que era hora de hacerse cargo del problema, exigiendo los derechos que, sabía, aún tenía.

Tetsuya podía amar con devoción a Hyde. Pero ella era su esposa, la madre de su hija. Y eso era un hecho con que Hyde jamás podría luchar.

- Pensé que eras más cuidadoso, pero me equivoqué de nuevo, Tetsuya… ¿te imaginas si estas fotografías hubiesen sido publicadas en algún medio de comunicación? A estas alturas, todo el país sabría que me dejaste por irte a vivir con un hombre, que ni más ni menos, es el vocalista de tu banda… Y eso es algo que nadie va a olvidar; que podría costarte todo lo que te queda… tu carrera como músico, tu fama… todo

Tetsu se pasó las manos por el rostro, en un signo de descontrol puro.

 - Lo imagino… Claro que lo imagino, y te sigo pidiendo disculpas por ello… jamás quise que tuvieras tantos problemas por mi culpa...

- Demasiado tarde, tus disculpas ya no me sirven.

- ¿Qué más quieres que haga?

- Ya sabes cómo puedes remedir todo esto- con alevosía, Ayana se inclinó hacia él y bajó el tono de voz, hasta hacerlo un susurro casi confidente- Quemaré las fotografías y retiraré la contrademanda si me lo pides… pero antes, debes cancelar los trámites del divorcio. Regresa a nuestra casa. Con tu familia… Eso es lo correcto.

- ¿Y pretender que somos una pareja feliz?- ahora fue el bajista quien sonrió. Apartó las manos de su rostro y observó a su esposa, totalmente incrédulo- ¿Accederías a que regresara contigo, sabiendo que sigo enamorado de Hyde?

- Aunque me duela, sí, lo haría… A pesar de todo lo que ha pasado,  Rei te necesita… y yo también te necesito.

Ayana bajó la mirada. Por primera vez, estaba hablando de corazón. Aunque tuviera que tragar su propio orgullo, lo haría… y quizás no tanto por su hija, sino más por sí misma. Porque no quería quedarse sola, no podía quedarse sola… ser objeto de miradas y de burla…

- No puedes pretender que me deshaga de mis sentimientos tan fácilmente- prosiguió Tetsu de pronto, de nuevo serio, la seguridad regresando paulatinamente a su semblante- Entiende que ya tomé una decisión… amo a mi hija, siempre estaré aquí para lo que Rei necesite. Pero jamás podré ser feliz lejos de la persona que quiero, y tarde o temprano, Rei notará mi amargura… nuestra amargura, Ayana. Porque incluso si regreso contigo, este matrimonio jamás funcionaría.

- Cállate – ella apretó las manos bajo su cartera negra. Su rostro totalmente tenso- Cállate, Tetsuya…  ya no sigas…

- Tienes todo el derecho a sentirte molesta conmigo. Pero no quiero mentirte, ni quiero que estemos juntos solamente por compromiso… Sé que soy un maldito por hacerte esto, pero lo menos que te debo es la verdad. Y esa es mi verdad, Ayana. Lo siento muchísimo.

Movido por el instinto, se puso de pie y la observó desde una nueva perspectiva. Claro que lo sentía… ella no había sido más que una víctima de sus múltiples errores, la que ahora pagaba las consecuencias de sus miedos y equivocaciones. Porque, aunque Tetsu jamás se arrepintiese de haber tenido una hermosa hija, al final, su matrimonio no había sido más que un escape desesperado por huir de los miedos que lo aquejaban estando con Hyde.

  Esos miedos que el vocalista aún no terminaba de conocer.

“Eres mi único hijo varón, contigo, el apellido muere… A mi ya no me queda mucho tiempo, pero tú, en vez de darme algo de tranquilidad, vas y te paseas con otro hombre… ¡con qué cara vienes a verme!”

El recuerdo le dolió en lo más profundo. Un recuerdo amargo, pero que aún podía hacerle estremecer como si hubiese ocurrido hace poco, como el niño de quince años que una vez había sido, culpable por traicionar la confianza de su padre… Su padre, el tan-altivo señor Ogawa, su modelo a seguir. Ahora, viejo y enfermo, postrado en una cama, viéndolo ya no con orgullo, ya no con afecto por ser su único hijo hombre… observándolo con odio, con asco, con vergüenza y con reproche. Verbalizando aquellos temores que Tetsuya sentía en lo más hondo, siempre en silencio.

Un silencio que había terminado asfixiando el amor que sentía por Hyde.

“¿Es esto lo que quieres de tu vida? Mírate… ¿Qué pasará cuando seas tan viejo como yo, cuando estés tan enfermo como lo estoy yo ahora?... Sin esposa ni hijos, te quedarás solo. No habrá nadie que esté al pendiente de ti, nadie que te quiera.  Te hundirás en la tristeza, el abandono y el arrepentimiento… porque entonces sabrás que yo siempre tuve razón. Que, sea lo que tengas con el tipo con que te acuestas, sólo durará hasta cuando se canse de ti, hasta que dure la juventud… sólo entonces, cuando ya no seas famoso y ya nadie te admire, la familia no estará para ti. Ya no tendrás una… y ni tu dinero ni la fama que alguna vez lograste podrán evitar que te quedes irremediablemente solo, Tetsuya…”

- Haz lo que quieras, pero no sabes el error que estás cometiendo- la voz de Ayana tenía el mismo matiz de presagio que la de su padre. Tetsu sentía que era una maldición pregonada una y otra vez, por las personas que más había querido en la vida.

Su esposa levantó la mirada hacia él. También se puso de pie, se arregló la chaqueta y su vestido, y carraspeó un par de veces, quizás en un afán por alejar la tristeza de su rostro y de su voz.

Un intento que no obtuvo buenos resultados.

- Si te quieres quedar junto a tu amante, hazlo. Ya me cansé de darte oportunidades, no merezco que me hagas pasar por esto…- entornó los ojos con un claro brillo de tristeza- Ni tú hija ni yo merecemos que nos hagas pasar por esto… pero te lo advierto, Tetsu. Si tú no quieres ponerle un alto, yo sí lo haré. Y deberás atenerte a las consecuencias.

- Sigues con la idea de no dejarme ver a Rei- el vocalista concluyó con voz críptica. Más que una pregunta, era una afirmación. Su esposa sonrió de forma amarga, signo elocuente de la respuesta.

- Ya me diste motivos y herramientas para hacerlo. Mira tus manos: esas son sólo copias de las fotografías originales. Los negativos ya están en manos de mi abogado, listas para el juicio en tu contra… Yo solamente venía a darte una última oportunidad. Pero ya me quedó claro que no deseas más oportunidades.

Lo miró por última vez, de frente. Sus facciones de niña recrudecidas por la férrea determinación de la mujer dolida. Luego, Ayana apretó los labios en una línea fina, la cartera siempre contra su pecho, y miró hacia el piso. El sonido de sus tacones resonó cuando se dio la vuelta y caminó hacia el lado contrario al del bajista.

Una escena simbólica. Desde entonces, tomaban caminos separados.

- Si sigues obstinada en alejarme, no conseguirás nada más que hacer a Rei infeliz- susurró Tetsu a sus espaldas, en un último intento desesperado por hacerla entrar en razón. Ayana hizo un alto, por supuesto que lo había escuchado-  Sé que me detestas, no te voy a pedir que no lo hagas. Pero al menos piensa en el bienestar de nuestra hija, no en el mío ni en el tuyo.

- Eres tú quien debió pensar en el bienestar de Rei antes de destruir nuestra familia- respondió ella de forma tajante. Y ya sin mirar atrás, tomó el sendero del parque y se fue caminado por él, hasta que su figura oscura y delgada se perdió entre las sombras de la noche. Y hasta que sus pasos dejaron de oírse, resonando en los parajes vacíos, en el propio corazón de Tetsu.

Acribillando su temple, su seguridad. Todas sus certezas.

El bajista se mantuvo de pie, sin sentir el valor suficiente para seguirla. Entre sus dedos apretaba con fuerza el sobre amarillo con las malditas fotos, esas que amenazaban por hacerlo perder todo… [i]“¿Qué mierda voy a hacer ahora?”[/i], pensó con impotencia, las buenas palabras totalmente olvidadas. Aunque una parte de él aún se resistía a creer que Ayana podría ir tan lejos, eran esas fotografías, esas malditas fotografías todo lo que ella necesitaba para negarle ver a Rei.

Y si así era… Tetsu no podría soportarlo.

Comenzó a caminar sin darse cuenta. Hacía frío, pero ese frío ahora parecía colarse entre su ropa, traspasar las barreras de su piel e inundarle hasta el alma. Por primera vez desde que había tomado la decisión de divorciarse de Ayana, el bajista tomó real peso de las consecuencias que el divorcio conllevaría. No, aún más que eso… era su decisión de estar con Hyde la que había desencadenado todo aquel agresivo ataque por parte de Ayana. De su madre… y probablemente, también desencadenaría el juicio y el escándalo público si aquella evidencia se divulgaba en los medios de prensa.

Si alguien más veía las fotos.

Yo no voy a dejarte, si es eso lo que te preocupa” Tetsu le había asegurado a Hyde hace no mucho tiempo. Un par de días antes… Que seguridad tan envidiable y tan ingenua había tenido entonces… “No me voy a sentir mal por estar contigo, porque eres lo más verdadero que siempre he tenido”

Entró a su auto luego de pagar la hora de estacionamiento. Abrió, se sentó en el puesto del conductor, sacó las llaves, todo mecánicamente. De pronto, recordaba una y otra vez, como una película averiada, la conversación que había mantenido con Hyde tan sólo días atrás. El día en que Tetsu, una vez más, le había jurado que ya no haría marcha atrás. Que quería estar con él, que iba a ser todo lo posible para estar con él. Y esta vez, para siempre.

“Aún no lo entiendes.  Éste es tu gran problema: tienes demasiado arraigado que debes cumplir tus promesas, al punto en que terminan por asfixiarte”
  
Las palabras que Hyde le había dicho esa tarde, tan sólo una hora antes, le parecieron una burla que presagiaba el curso de sus acciones. El vocalista tenía tanta razón… Maldijo entre dientes, tanto por la culpa que lo asaltaba, como por sus intentos frustrados por prender el motor del automóvil. Las manos le temblaban de pura impotencia. “Cálmate, desesperándote no conseguirás nada” se dijo en voz baja, pero más que por el asunto del auto, lo decía por lo sucedido con Ayana. Tenía que calmarse, pensar con la mente en frío... Mañana iba a concertar una cita con el abogado. Sí, eso era lo mejor… quizás, si se asesoraba tan bien como hasta ahora, podría impedir que lo inevitable llegara…

“Rei es mi hija, ni mil fotos podrán impedir que yo la vea… así como nadie podrá impedir que Hyde y yo tratemos de ser felices. Lo merecemos… la vida no puede ser tan injusta como para cerrarnos todas las posibilidades de que lo seamos, dos veces…”

Se reclinó pesadamente sobre el volante. Cerró los ojos y respiró profundo. ¿Qué estaría pensando Hyde sobre su retrazo? Sacó su móvil e intentó marcarle de nuevo, pero nada, sólo el buzón de voz que contestaba del otro lado. Tetsu ahogó rápidamente un nuevo acceso de ira y desesperación. Lo mejor sería regresar al departamento, comer algo, darse una ducha y hablar con Hyde. De seguro él comprendería el motivo de su salida.

Para el bien de sus nervios, el motor sí encendió al momento en que trató por segunda vez. El automóvil se puso en marcha, permitiéndole salir con cuidado de los alrededores del parque y conducir hacia el departamento de Hyde, en todo momento tratando de dejar sus problemas de lado y concentrándose sólo en el tráfico. La última vez que había manejado tan alterado, Hyde y él habían acabado en un hospital, producto de un accidente de tránsito. Ciertamente, no necesitaba repetir la experiencia, aunque al menos, esta vez iba solo en el auto.

En algún punto del trayecto, Tetsu miró el asiento del copiloto y sus ojos captaron un brillo perlado que llamó su atención. Al llegar a un semáforo en rojo, rebuscó en la separación del asiento y el respaldo hasta confirmar que aquel brillo se trataba de las llaves de Hyde. Las guardó en el bolsillo de forma rápida, antes de que le diera la luz verde. Sin embargo, una extraña desazón se apoderó de sus pensamientos.

Otra vez, aquel maldito mal presentimiento tomaba control de sus instintos.

 Esperaba que Hyde hubiese encontrado la forma de entrar al departamento, porque, de otro modo, se sentiría más culpable que nunca…





* * *


-          ¿Hyde?

Silencio. Las luces estaban apagadas y se advertía un ligero aroma a encierro. Dejó las llaves en un colgante al lado de la puerta, encendió las luces y cerró la puerta tratando de no hacer mucho ruido. Quizás el vocalista estaba durmiendo. O quizás, los temores de Tetsu se habían hecho realidad, y el vocalista no había podido ingresar a su propio departamento.

Lo llamó de nuevo, pero tampoco obtuvo respuesta. Suspiró… Hyde no estaba en la sala, tampoco en la cocina, el baño o las habitaciones contiguas, como Tetsu pudo comprobar en su rápido recorrido a través de los diferentes ambientes del hogar. Intentó contactarse con él de nuevo por teléfono, pero nada, solamente aquel mensaje vacío con voz monótona donde aseguraba que devolvería el llamado en cuanto pudiese, el mismo buzón que escuchaban todas las personas que lo llamaban sin éxito… tal como él.

Sin poder contener más aquel pesado ambiente de incertidumbre, Tetsuya abrió el ventanal de la sala y dejó que un poco de aire frío bañara sus pensamientos. Sintonizó la radio en cualquier estación, se dejó caer en el sofá de cuero negro. Miró el cielorraso… De nuevo, las preocupaciones estaban inundándolo, llenando todo el espacio que Hyde había dejado, ahogándolo con su propio aliento… Se le había quitado el hambre. Esperaría a que el vocalista llegara de donde quiera que hubiese ido, para ir a la cocina a preparar algo.

El sonido del reloj de la sala parecía estar en sincronía perfecta con sus latidos. Se sentía un idiota, dependiente y muy infantil, pero en ese momento y mucho menos en ese lugar, Tetsu no podía ni quería estar solo. Quería que Hyde llegara pronto. Necesitaba abrazarlo, contarle sus problemas y que el vocalista le diese ánimos para enfrentarlos. Incluso si mentía, si Hyde le aseguraba que todo estaría bien, Tetsu le creería.

No podía ser de otra manera.

 “Debí ser más cuidadoso… ¿Tú también me lo reprocharás algún día, Rei?”

Suspiró de nuevo. No sacaba nada haciéndose mudos reproches, lo sabía, pero tampoco podía evitarlo. No en aquella soledad que exacerbaba sus temores. La voz del presentador de radio anunció el single de un grupo que no conocía, una canción monótona y sin gracia, pero que al menos  aplacaba un poco aquel tenso silencio que se extendía a su alrededor, un silencio tormentoso, porque evidenciaba que Hyde no estaba a su lado.

¿Dónde había ido?

- Basta. No puedo dejar que este círculo de paranoia me consuma. Ya me contarás dónde fuiste, así como yo te contaré todo lo que pasó con Ayana- se dijo entonces y le dijo a un Hyde no presente, en tanto se ponía de pie e iba a la cocina a hacer algo, cualquier cosa que lograra distraerlo de aquella incertidumbre.

No le gustaba la idea de hablar solo, sin embargo, así conseguía ordenar un poco los pensamientos que se interponían uno sobre el otro, como en una montaña inquebrantable que dejaba caer el peso del mundo sobre sus hombros.

El aseo de la cocina le sirvió como distracción por un par de minutos que se hicieron demasiado pocos. Un tanto resignado, Tetsu optó por darse un baño y ahogar bajo el agua  la preocupación de no tener a Hyde cerca, al menos de momento. “No es un niño, puede cuidarse solo… terminaré hartándolo si lo sigo manteniéndolo acá, atrapado” reflexionó en un minuto dado, en tanto se sacaba la ropa y sus pies descalzos caminaban por la cerámica fría del baño. Miró su reflejo en el espejo arriba del lavamanos. En efecto, lucía tan cansado como se sentía.

“No te pido nada, sólo un llamado… ¿dónde estás, Hyde? ¿Por qué no te quedaste a esperarme?”

Pese a sus deseos, no recibió llamada alguna ni en los siguientes cinco minutos ni en la próxima hora y media. No era tan tarde, un poco más de las once de la noche. Aún así, cuando el silencio se convirtió en un velo demasiado tortuoso, Tetsu optó por aquello que había estado postergando desde el principio: llamar a las personas con las que Hyde podría estar acompañado, aún sabiendo que el vocalista lo odiaría por eso.

- No quisiera tener que preguntártelo, pero… ¿ya le hablaste a Sakura?- le preguntó la voz de Ken Kitamura desde el otro lado de la línea, con cautela. Pese a la discusión que había tenido con Hyde durante la tarde, era el tercero en la lista de posibilidades de Tetsu.  
  
- No. Y créeme que tampoco quiero hacerlo.

- Entiendo tus razones, pero si utilizas el torcido razonamiento de Haido, es más que seguro que esté junto a él.

 - Lo sé…- el bajista se pasó una mano por el cabello todavía húmedo.- Pero Sakura y yo no tenemos una buena relación. Y por lo demás… creo que no me haría demasiada gracia confirmar que Haido está con él.

El guitarrista carraspeó, haciéndolo fruncir el ceño con sospecha.

- ¿Qué pasa?

- Nada. Bueno… se trata de Sakura- titubeó- Tetsu, sé que apoyas la idea de incluirlo con nosotros en el concierto aniversario, pero ten cuidado… más bien, mantén un ojo puesto en Sakura, sobre todo cuando esté cerca de Hyde. A mí esa amistad me gusta tan poco como a ti. Y créeme… tengo mis razones para no fiarme de él.

- ¿De qué hablas? ¿Qué razones?

- Nada que se pueda decir por teléfono- la voz de Ken fue rotunda- Mira, Tetsu… sé que es muy maldito de mi parte decir las cosas a medias, pero por ahora quédate con eso. Desconfía de Sakura. Sobre todo cuando se trate de Hyde, ¿estamos claros?

La seguridad en la voz de Ken lo hizo levantar la guardia. Sin embargo, y aunque presentía que el guitarrista sabía mucho más de lo que aparentaba, Tetsu optó por murmurar un simple “gracias” y dejar los interrogatorios para el día siguiente.

- En cuanto el niño llegue a su casa me avisas, ¿vale? A pesar de que el muy idiota y yo nos agarremos de las greñas de vez en cuando… ya sabes, en el fondo lo quiero - le pidió finalmente Ken antes de cortar la comunicación, causando que sonriera, aunque fuese un poco.

Tetsu alejó el teléfono de su oído de forma pensativa. Por unos segundos, la conversación con Ken había logrado que no se sintiera tan solo como realmente estaba. Quizás, hubiese sido conveniente relatarle también su encuentro con Ayana. Pero, por otra parte, sentía que no era el momento ni el medio adecuado para hacerlo.

Como el mismo Ken había dicho, algunos asuntos, sencillamente, no se podían tratar por teléfono.

Luego de unos instantes de reflexión, decidió seguir consultando a los amigos más cercanos de Hyde hasta tener noticia alguna del vocalista. “Realmente, me vas a querer matar cuando te enteres” pensó Tetsu al iniciar la comunicación con Yasu, uno de los cantantes que declaraba abiertamente su admiración por Hyde y que aparecía casi por arte de magia en los eventos en que él estuviera. El chico no le inspiraba mayor confianza, pero no era una opción que Tetsu pudiera descartar de momento.

-Le diré que te llame si pisa la puerta de mi casa, no te preocupes- le aseguró el joven cantante con algo de hilaridad en la voz. Y por algún motivo, Tetsu tuvo el mal presentimiento que la oportunidad de flirtear con Hyde lo haría olvidar todas esas promesas.

Al momento en que se le acabaron las opciones, el bajista se obligó a tragarse su orgullo y sus celos, y marcar el bendito número al que no había llamado en años. “Carajo… ¿qué tan mala suerte puedo tener el día de hoy?” susurró con desesperación e impotencia cuando llamó un par de veces, sin obtener buenos resultados. Lo más lógico sería pensar que Sakura había cambiado el número. Aunque sus pensamientos tomaron de inmediato un rumbo diferente. 

“Hyde está contigo y es por eso que no quieres contestarme, ¿no es cierto, Sakurazawa?” murmuró, mientras marcaba una última vez, apretando los labios en una línea fina. Para beneplácito de sus celos, tampoco entonces obtuvo respuesta.

Al final, no le quedó más remedio que colgar el teléfono con ira. Ya eran casi las doce de la noche… no pedía demasiado, solamente que Hyde se contactara de alguna forma. Que le dijera que estaba bien, que se había ido porque no tenía las llaves y Tetsu no llegaba… Pero que no estaba con Sakura. Con cualquiera, menos con Sakura.

Se puso de pie y caminó hacia el ventanal de vidrio, rozado la guitarra acústica que Hyde dejaba al lado del sillón, con las cuerdas vueltas hacia la ventana, bañada por la luz nocturna. La luna estaba en su último cuarto creciente coronando una de las peores noches que Tetsu había tenido en el último tiempo. Una noche tormentosa que parecía no querer acabar, porque aunque el cansancio le estaba martillando las sienes, Tetsu se conocía lo suficiente como para saber que le tocaba desvelarse hasta tener noticias del vocalista. Como años atrás, cuando eran pareja y vivían juntos. Y cada vez que discutían, Hyde se iba por un par de horas sin decirle dónde, para enfriar sus ideas y atenuar su enfado.

Una de las últimas veces que habían discutido de esa manera, había sido la noche exacta antes de que Tetsu terminara la relación. Y se fuera a vivir con Ayana, la futura madre de su hija y también, su futura esposa.

- Dios… no necesitas pensar en eso ahora- se dijo nuevamente, en tanto cerraba los ojos y se pasaba el dorso de la mano sobre ellos. Ese día en especial, los fantasmas del pasado parecían querer atormentarlo sin darle tregua alguna. Quería descansar, necesitaba descansar…pero ese descanso no llegaba… Y Tetsu temía que no llegaría pronto.

Sin ya nada más que hacer, apagó la radio y caminó hacia la habitación que Hyde y él compartían desde que habían vuelto a dormir juntos. Ese lugar le traía un montón de recuerdos, algunos felices, otros amargos…. Muchas veces se había preguntado porqué Hyde no había vendido aquel departamento, sobre todo después de la fatídica ruptura y posterior separación de años. Porque si bien ahí habían compartido los momentos más felices de su vida, también era el lugar donde se habían acunado los miedos de Tetsu, conforme veía a su alrededor y se daba cuenta que todo era tan jodidamente perfecto… a excepción de aquel dolor que traía por siempre en el nido de serpientes que era su pecho. 

Se quedó en el umbral de la puerta del cuarto principal, mirando la estancia en penumbras, salvo por la lámpara sobre la mesita de noche, que sólo conseguía generar más sombras con su luz escasa y espectral. Miró por largos minutos la cama de sábanas negras. Y por un segundo, su mente desatendió sus órdenes y se trasladó a otra imagen del pasado.

Cuatro años antes.

- Estás así porque quieres viajar a Osaka, ¿no es cierto?- la imagen de Hyde, de pie al lado de la cama, pareció como una luz reverberando sobre la superficie del pozo negro que eran sus memorias. Con el rostro preocupado y tan solícito como siempre, Hyde le colocaba una mano sobre el hombro y se sentaba a su lado, del todo respetuoso de su silencio.

- Estoy atado a Tokio por lo de la película, pero entiendo si quieres irte unas semanas para estar con tu hermana y tu sobrino. Se trata de tu familia, suficiente ya has hecho con enemistarte con parte de ella por querer estar conmigo… Anda, Tetsu. Vete y no te sientas culpable.  Aunque me gusta que te preocupes por mí, te prohíbo que eso afecte este momento tan especial en tu vida, ¿te quedó claro?

El Tetsu de aquel entonces solamente había podido sonreír en respuesta. El nacimiento de su primer sobrino, hijo de su hermana mayor, tan sólo había provocado que la eterna tristeza en su pecho se expandiera de forma más y más corrosiva. Pero eso Hyde no tenía porqué saberlo… por aquel entonces, el trabajo con la banda, sus proyectos en solitario y la película que Hyde se había obstinado en firmar lo mantenían al borde del colapso, con un agotamiento que se traducía en malestares físicos y extraños desmayos que no dejaban de preocupar a su amante.

Y que se sumaban al gran peso que Tetsu cargaba sobre sus hombros desde ya mucho tiempo. A esa fatídica, estúpida necesidad que tenía por escapar de todo cuanto habían construido. Juntos.  

- Sólo me iré por unos días, te lo prometo- había pronunciado el bajista finalmente, acercándose a sus labios para darle un beso culpable, un beso que buscaba aplacar en algo aquella inmerecida amargura que sentía contra Hyde. Y contra sí mismo.

“Eres como uno de los objetos de cristal azul que coleccionas. Tan frágil y tan hermoso, digno de la admiración de cualquiera… si supieras todo lo que me impide ser feliz contigo, Hyde, podrías trizarte hasta romperte...”

Pestañeó un par de veces. De nuevo en el presente, pero saboreando los temores del pasado, Tetsu entró en el cuarto ahora vacío y se sentó en la cama, observando las cortinas cerradas y el suave ondular del viento nocturno pasando entre ellas. No se lo había preguntado aún, pero intuía que las continuas pesadillas de Hyde tenían que ver con los fantasmas que lo aquejaban, los que habían reaparecido hace días… No. Los fantasmas habían estado viviendo con ellos desde hace años. Pero a veces se hacían sentir con mayor o menor fuerza.  

Tal como ahora.

Miró su entorno. Cuántos recuerdos… no había tenido la oportunidad de volver a rememorarlos, la alegría producto de su reconciliación con Hyde había actuado como pantalla y torniquete para muchos de sus pensamientos. Sin embargo, ahora que estaba solo, Tetsu sentía que los fantasmas lo merodeaban y buscaban golpearlo de forma más cruenta y más certera. Como si hubiesen ocupado esos tres años y algunos meses de separación para recobrar nuevas y renovadas fuerzas. Y para acumular cada uno de los errores por los que Tetsu debía ser juzgado.

De pronto, el sonido del reloj de la sala parecía llenar aquel silencio exasperante y retumbar dentro de sus propios oídos. Una y otra vez… el juicio comenzaba de nuevo…

- Lamento haber venido sin avisar antes.  Pero si quieres, puedo volver en otro momento.

- Pasa.

 Una simple palabra que encerraba todo el vacío que sentía. Esta vez, el Hyde que visualizó producto de sus recuerdos era uno pálido e impasible. Un muñequito que lo veía con indiferencia, sin un rastro de amor en aquellos fríos ojos castaños.

Al final, el cristal sí había conseguido trizarse. Hasta romperse.

Tras un corto instante de titubeo, el bajista había entrado a aquella recámara compartida con Hyde durante tanto tiempo, evitando mirar la cama en todo momento. No quería recordar las veces que habían recibido el amanecer haciendo el amor sobre las sábanas, como a Hyde tanto le gustaba… Evitaba mirarlo también a él, porque siendo horario en que debía estar en su propia disquera, Tetsu había esperado y casi rogado no encontrarlo cuando tuviera que ir por los últimos papeles que, en un descuido, había olvidado llevar consigo tras su salida de la vida del vocalista.

Como siempre, existían un montón de detalles que escapaban al control de sus manos.

Cinco minutos, quizás un poco menos. No demoró tanto en hallar los papeles y disponerse a salir de aquel departamento, esta vez, para siempre. El corazón le golpeteaba en el pecho con cada segundo que pasaba dentro del cuarto, compartiendo el mismo aire con el hombre que había sido su mejor amigo por años. Su posterior amante… El hombre que lo miraba de forma impasible, y que ya no era nada más que un recuerdo velado y silencioso, uno que Tetsu evocaba por las noches.  Todas las malditas y angustiantes noches.

- ¿Es cierto?

 La pregunta en voz baja lo tomó por sorpresa y logró estremecerlo. Tetsuya se detuvo en el umbral de la puerta, papeles ya en mano. No había esperado que Hyde le volviese a hablar de nuevo. Pero haciendo alarde de su capacidad para sorprenderlo, el vocalista sí lo había hecho.

Miró hacia el piso. Ni siquiera podía reunir el valor para verlo a la cara… si aparentaba tranquilidad, era sólo eso, una mascarada. Una forma de rehuir a todas sus culpas y su necesidad de besarlo, abrazarlo, hacerle el amor.

Una utopía, naturalmente.

- ¿Es cierto que te vas a casar?... dímelo. Al menos, merezco saberlo.

 La voz de Hyde se oía firme, pero vacía. Del todo carente de expresión… Tetsu cerró los ojos. No quería tener que escuchar la respuesta que saldría de sus labios.

- Sí… es cierto.

“Voy a tener un hijo, es eso lo que he estado deseando por años”

“Aunque tuve que perderte para conseguirlo”

Suspiró. Abrió los ojos. De nuevo, había vuelto a su presente. Ya se había casado, ya había tenido una hermosa hija… ya se había sentido culpable por el engaño, ya Hyde lo había perdonado, ya habían jurado reconstruir su relación dejando atrás los rencores.

Pero Tetsu seguía sintiéndose culpable.

Y seguiría sintiéndose culpable siempre, dijese lo que dijese. Porque desde el momento en que le había sido infiel a Hyde con la estúpida ilusión de escapar del amor que sentía por él, sus errores habían provocado otros sucesivos, como un efecto dominó que duraba hasta el día de hoy.

 Y si aún le quedaba algo de fe, rezaba para que ese efecto no durase por siempre.

El reloj marcaba las campanadas de la medianoche cuando, como en sus últimos recuerdos, Tetsu avanzó con pasos silenciosos hasta la cama y se sentó sobre ella. Y miró a su alrededor, con el corazón golpeteándole dentro del pecho.

- ¿Dónde estás, Hyde?- murmuró de nuevo. Aquella noche amenazaba con ser eterna.






Bodas de Sangre
Capítulo 19

Frutos del Caos







- No… no puedes estar hablando en serio…

Ken le envió una mirada de genuino desconcierto. Estaba mucho más serio de lo que había estado desde hace días. Puntualmente, desde que Larc-en-Ciel había retomado a sus actividades habituales.

Un denso silencio siguió las palabras del guitarrista. Era obvio que la noticia los había tomado a todos por sorpresa, pero pese a esto, Hyde tuvo el descaro de sonreír, cruzarse de brazos y apoyarse mejor en el asiento, para contemplar y disfrutar cada una de sus reacciones. Antes de decidirse a hablar, miró a Tetsu de soslayo y no pudo evitar pensar que Ken y él eran muy parecidos. En efecto, aunque Tetsu lo sabía de antes, tanto él como el guitarrista habían tenido exactamente la misma reacción al escuchar su propuesta.

“No puedes estar hablando en serio”

- Deberías saber que yo no bromeo cuando me refiero a los asuntos de la banda- respondió finalmente el vocalista de forma tranquila, como si estuviera explicando algo tan elemental como que uno más uno son dos- Le formulé la idea a Sakano san hace unos días, y por lo que sé, ahora los productores la están analizando. Yo sólo les aviso para que no los pille de sorpresa… Ustedes, a fin de cuentas, serán los que tengan la última palabra en aprobarla.

- Aprobarla - Ken repitió con escepticismo. Su negra mirada pasó de Yukihiro a Tetsu, y luego volvió hacia Hyde.

De pronto, la comprensión pareció abrirse paso por su mente.

Y, por supuesto, antes de que el vocalista pudiese agregar algo más, Ken estaba hirviendo en indignación pura.

- ¡Pero qué mierda tienes en la cabeza, Haido! Esto es una tontería... ¿Reunir a los miembros antiguos de la banda? ¡Por favor…!

- No saques conjeturas tan rápido. Si te calmas y me dejas continuar, podría darte las razones por las que deberíamos considerarlo como una buena opción.

El guitarrista bufó de forma incrédula.

- ¿Cómo puedes siquiera pensar que podríamos tener algún tipo de contacto con ellos? ¿Ya se te olvidó que todos se fueron gritando a los cuatro vientos que no querían saber nada más de la banda?... ¡Se te olvidó, acaso, que hablaron de nosotros como se les dio la puta gana!

- Es cierto que Hiro y Pero se fueron en malos términos, no te voy a negar eso… pero Sakura jamás ha dicho nada malo sobre nosotros, sino todo lo contrario.

- Ya…- Ken se rió con ironía.- ¿Y qué hay de todos los problemas que ese idiota nos hizo pasar? Casi nos cancelaron por su culpa, ¿eso también se te olvidó, Hyde?

Al instante, el rostro de Hyde adoptó una fría expresión de desdén. Estaban tanteando un tema delicado. Y eso, las otras tres personas que ocupaban la sala lo sabían a la perfección.

Aún en su enojo, el guitarrista sonrió con aires de triunfo.

- Te quedas mudo porque sabes que tengo la razón, ¿no es cierto?

- No tienes ni una mínima idea de lo que estás diciendo- susurró el vocalista con voz peligrosa. Le sostuvo la mirada de manera firme, casi sin pestañear. Una mirada que podría congelar el mismo infierno - Sakura pidió disculpas por eso, cometió un error… y por lo que recuerdo, tú fuiste el primero en decir que teníamos que apoyarlo, que no debíamos guardar rencores… ¿tan rápido cambias de ideas, Kitamura, o simplemente estabas fingiendo para quedar como un buen amigo?

- ¡Cómo te atreves a…!

- Ya basta los dos - intervino rápidamente Tetsu, quien hasta entonces se había mantenido en silencio observando el fuerte intercambio de palabras. Miró a su vocalista y su guitarrista de forma alternada, como un padre que regaña a sus hijos- El tema de nuestra cancelación no viene al caso. Será mejor que se calmen si quieren seguir hablando.

Al instante, Ken y Hyde se quedaron mudos, aunque compartieron una mirada de desafío que no pasó desapercibida. El ambiente en la sala de descanso era tan denso que podía ser cortado con el filo de un cuchillo. Mientras el líder de la banda se mantenía en alerta por si debía intervenir de nuevo, Yukihiro se dedicó a observar las reacciones de Ken, apoyado en la pared de brazos cruzados, sumamente impasible.

Hyde suspiró casi inaudiblemente. “Tranquilízate… debes pensar con la cabeza fría” se regañó de inmediato. En parte enojado consigo mismo, y en parte indignado con las palabras de Ken. Y con los recuerdos que ellas traían consigo.

Claro que había esperado una mala reacción por parte del guitarrista. Pero no que Ken tuviera el descaro de sacar a relucir el problema de drogas de Sakura. Un tema que por años había sido tabú y que, en el fondo, todavía le seguía doliendo.

“¿Qué sabes tú de errores? Ninguno de ustedes a experimentado la sensación de caer, de impactar el piso… y no saber de qué puedes aferrarte”

 Hyde bajó la mirada y de nuevo se obligó a relajarse, a respirar profundo… a recordar cada uno de los parlamentos que había estado planeando por meses. No podía dejar que sus reproches tomaran el control de sus actos. Como siempre, era mejor actuar con cautela, y razonar de forma fría y analítica.

Siempre era mejor ser hipócrita, hacer de cuenta que no pasaba nada. Que todo estaba bien, saldado, solucionado y olvidado.

Puras mentiras…

“Nunca nada podrá ser olvidado, unos cuantos llamados por teléfono no sirven de nada cuando te sientes solo, miserable… Sucio de tanto odio. Ahogado en la locura”

“Pero, por supuesto, ustedes no lo saben. Nunca lo supieron... Ustedes siempre estuvieron del lado de Tetsu, lo suficiente como para no notar lo que yo estaba sintiendo”


Cuando el silencio se hizo demasiado como para seguir sosteniéndolo, el vocalista observó a sus compañeros de banda e hizo un esfuerzo enorme por parecer más conciliador.

- No estoy pidiendo que den una respuesta inmediata. Lo más seguro es que hablemos de este tema en la reunión que tendremos mañana… por hoy, lo único que me gustaría es que lo mediten, que no tomen en cuenta sólo las rencillas personales que hay entre nosotros… piensen en el bien de la banda, en cómo podemos dar un espectáculo memorable al público. Por favor, tan sólo piénsenlo.

 Las últimas palabras las pronunció mirando directamente los ojos castaños de su amante, quien le sostuvo la mirada no sin cierto descontento. Porque aunque el bajista no había hecho mayores comentarios, Hyde sabía desde el primer momento que si no estuviese atado por la promesa de apoyarlo en sus decisiones, Tetsu no hubiera escatimado en negativas para declinar una propuesta como aquella.

Lástima que su estúpido sentido de culpa le impedía hacerlo.

“¿Tienes miedo, Tetsuya Ogawa? Sabes que puedo irme cuando quiera, que ya nada me ata a tu banda. Tú terminaste con mi lealtad, terminaste con todo… Ahora, no puedes contradecirme ni retractarte”

La risa de ironía de Ken se alzó de pronto, sorprendiéndolo ligeramente. Graso error… Por supuesto, podía fingir ante todos. Pero ni un arsenal de palabras lindas y conciliadoras podría aplacar el fuerte carácter de un muy indignado guitarrista.

- Al demonio toda esta pantalla, lo que tú pretendes es que el idiota de Sakura vuelva, ¿no es cierto, Hyde?... Eso es lo que estás tratando hace años. No nos tomes por unos estúpidos.

- Si eso es lo que te obstinas a pensar, ya no gastaré más energías en persuadirte de lo contrario- respondió casi con pesar. El guitarrista volvió a reír.

 - Ya se me hacía raro que hubieras aceptado volver tan fácilmente... Dime, Haido, ¿no será que desde el principio pensabas hacer esta clase de exigencias? ¿Este es el precio que debemos para que el ilustre Hideto Takarai se digne a subir al escenario junto a nosotros?

- Ken, por favor, cuida lo que insinúas - intervino Tetsu de nuevo, mucho más lacónico y serio que en su primera intervención. El guitarrista le envió una mirada ceñuda.

- ¿Lo estás defendiendo?... Tetsuya, ¡no puedo creer que estés de acuerdo con una idea tan ridícula!

- Yo no he dicho que esté de acuerdo con nada, sólo te pido que no nos comencemos a agredir de forma gratuita. Así no llegaremos a ninguna parte. Ni mucho menos, a algún consenso.

- ¡Qué consenso ni que nada! ¡Ni los fans ni nosotros jamás aceptaríamos algo semejante!... ¿O acaso piensas que nos hará buena publicidad que un… que alguien como Sakura venga a tocar junto con nosotros?

- Ya basta, Ken - esta vez, la voz seria y profunda de Yukihiro se alzó entre ellos. El baterista, quien hasta entonces se había mantenido hermético, miró directamente a Ken.

Y pareció congelarlo de la pura impresión.

 - Déjalo, Yuki. Es obvio que alguien aquí nos está subestimando- prosiguió Hyde sin reparar en el intercambio de miradas entre baterista y guitarrista, tratando de rayar la indiferencia- ¿Pretendes que nos limitemos porque la compañía de Sakura puede generar una mala impresión?... ¡Por favor! Sabes tan bien como yo cómo es el negocio: el morbo vende, y vernos tocar junto a los miembros que se fueron será motivo suficiente para que todos, prensa incluida, quieran estar en nuestro concierto en primera fila… ¿qué pasa contigo, Kitamura? Solo pareces enfadado por la idea de tener a Sakura cerca. Pero hasta donde recuerdo, él y tú eran los mejores amigos… ¿Entonces, qué sucedió?... O mejor dicho, ¿por qué no reconoces de una vez por todas que tu conflicto no es con Hiro ni con Pero, sino con Sakura? Exclusivamente con Sakura.

Alevosía pura. Hyde entornó los ojos y le sostuvo la mirada de forma penetrante. Al instante, la expresión de indignación de Ken pasó a ser de incomodidad. El guitarrista se aclaró la garganta y Hyde estuvo a punto de gritar “¡Bingo!”

Ken le pedía que no los tratara como estúpidos… pues bien, Hyde tampoco lo era. Y, por supuesto, se daba cuenta que la pelea que Sakura y Ken habían tenido hace semanas a la salida de un restauran iba más allá de lo que Sakura había contado en su momento a Hyde.

“Él piensa que puedo estar involucrado con la noticia del divorcio de Ogawa… pero ya se le pasará. Así es Ken, terco como una mula en un principio”


Es obvio que te equivocaste, porque Ken sigue sospechando de ti, pensó Hyde mientras observaba al guitarrista como si quisiera leer sus pensamientos. Lo que aún no le cabía en la cabeza era que Ken fuese tan agresivo al hablar de Sakura, su antaño gran-amigo y- compañero-de-juergas Sakura, solamente producto de una sospecha.

“Aquí hay algo más, algo mucho más delicado, mucho más fuerte… ¿También desconfías de mi, Ken?... No… si así fuera, lo hubiera notado antes, aquella noche en que te quedaste en mi departamento… pero tú problema es con Sakura. Y si hay algo más, yo tengo que saber qué es”

- No necesito tener rencillas con ese idiota para refutar tus estúpidas ideas- respondió Ken tras unos minutos, casi con violencia- Traer a dos bateristas y un guitarrista, ¿acaso Yuki y yo ya no te parecemos suficientes?... Dime, Haido, ¡de verdad piensas que vamos a estar felices ante la idea de ser reemplazados!

El vocalista hizo un gesto de incredulidad

- Por supuesto que no pretendo eso.

-¡Pues bien, es lo que estás dando a entender con toda esta maldita de idea!

- En ningún momento quise ofenderlos de alguna forma. Y lamento mucho si lo perciben de esa manera- continuó Hyde abarcando también a Yukihiro, quien aún estaba impasible.

- ¡Anda, díselo, Yuki! ¡Dile que tampoco estás de acuerdo con que vengan otros a meter sus sucias manos en nuestro trabajo!

Los tres observaron al baterista casi al instante. Cruzado de brazos y apoyado en la pared, Awaji se tomó algo de tiempo antes de responder.

- Lamento desilusionarte, pero te pido que no pongas palabras que yo no he dicho en mi boca, Ken- pronunció finalmente, con voz seria, pero tranquila, congelándolo por segunda vez de la impresión.

- No puede ser… no me digas que estás de acuerdo con toda esta… tontería…

Los ojos negros de guitarrista y baterista se encontraron al unísono. Uno, con desconcierto puro. El otro, con una tranquilidad que rayaba en la frialdad.

- Digamos que no me parece tan descabellado como a ti. Y de hecho, creo que podría ser una buena idea si sabemos cómo manejarla, claro.

- Estás bromeando… Tienes que estar bromeando, Yukihiro.

La voz de Ken ahora sonó súplica y exigencia por partes iguales. Sin embargo, y para su mayor desconcierto, el baterista negó con un ademán y casi pareció conmovido por su reacción.

- No me mires como si me hubiera salido una tercera cabeza o algo así. Sólo estoy diciendo que si lo piensas de manera analítica, Hyde tiene bastante razón…. Si su idea logró sorprendernos a nosotros, también podría lograr un alto impacto en el público. Y eso es precisamente lo que buscamos lograr. Sorprender.

-¿Acaso estás escuchando lo que dices?... ¿Aceptarías que Sakura usurpe tu puesto, así, tan tranquilo?

" No puedes querer que él vuelva” pensó Ken de forma casi suplicante. No le cabía en la cabeza... No después de todos esos días de vuelta a los ensayos, días en que él y el baterista habían estado más unidos que nunca... No después de que Yukihiro le diera esperanzas de algo más que una amistad…

Sencillamente, no podía.

“Por favor, dime que no sigues queriendo a ese idiota... no ahora, que estoy más cerca de ti que nunca”

- Ya escuchaste la petición, es sólo un concierto… Además, hablamos también de Hiro y de Pero. Y aunque no tengo aún la oportunidad de trabajar con ellos, no me parece algo imposible de lograr si dejamos nuestras condiciones en claro.

- Exacto- Hyde le sonrió a Yukihiro de forma radiante, casi agradeciendo su apoyo- Es un alivio que al menos entre nosotros, una persona piense de forma razonable.

- No puedo creerlo. Te escucho y no puedo…-Ken miró a Yukihiro de nuevo, de forma incrédula y el baterista casi sintió como si esa mirada fuera un golpe certero en su rostro- ¿De verdad quieres trabajar con el idiota de Sakura al lado? Respóndeme Yukihiro, ¿eso es lo que quieres?

“¿Podrás soportar tenerlo cerca, o esto es sólo una excusa para reencontrarte con él? ¡Dímelo!”

- ¿Y por qué Yukihiro no debería querer trabajar con Sakura, Ken?- intervino entonces Hyde, en una clara muestra de su perspicacia y su sexto sentido. Por segunda vez en lo que iba de semana, Yukihiro sintió que Hyde era muchísimo más inteligente de lo que él creía.

 - No te metas en los asuntos que no te conciernen, Takarai. La pregunta se la hice a Yukihiro, no a ti.

- Y yo te la voy a responder, no te preocupes- casi sin pestañear ni titubear, Yukihiro habló.- No se trata de lo que quiero o no, pero si deseas una respuesta clara, la respuesta es sí... Sí me gustaría trabajar con Sakura y con los otros miembros que estuvieron junto a ustedes mucho antes de que yo llegara. Y me gustaría porque sería un desafío. Supongo que me conoces lo suficiente como para saber que yo no huyo de los desafíos, Ken.

“Lo sigues queriendo” El guitarrista sintió que el corazón se le paralizaba, producto de la amarga certeza que de pronto se instauraba en su mente. Miró a Tetsu, callado, como siempre. A Hyde, que observaba el intercambio de palabras de forma atenta. Y luego, su mirada negra y tormentosa regresó al hombre que desde hace mucho lo había dejado sin aliento, con la cabeza hecha un mar de dudas, de preocupaciones, de deseos sin razón ni lógica. El hombre que ya había eclipsado a todo el desfile de mujeres que había tenido en su vida. Porque ninguna de ellas había logrado estremecer su mundo y minar su confianza como Yukihiro lo había hecho.

Esta vez, su perenne seguridad se destruía de nuevo. Pero no por una buena causa.

“Lo quieres… como quizás nunca me podrás querer a mí”

 Bajó la mirada. El sabor de la derrota no era uno de sus preferidos, pero aún así, le tocaba saborearlo de vez en cuando, sin mayores reproches y en silencio. Como los hombres. Como un hombre que ama a otro hombre.

“¿Qué esperabas, Kitamura?... se necesita mucho más que buenas intenciones para conseguir que alguien te quiera. Eres patético”

Guiado por sus impulsos, el guitarrista se puso de pie y con andar firme se dirigió hacia la puerta de entrada, sin mirar a nadie y sin decir nada más. Ya había gritado y se había peleado. Pero había sido el carácter impasible y fríamente tranquilo de Yukihiro quien había logrado que se quedara sin palabras. Que se tragara su propio vómito verbal. Qué se asqueara en su propia ira.

Antes de que pudiera salir, sintió que alguien lo tomaba del brazo de forma firme, impidiendo momentáneamente aquel intento de retirada. El guitarrista levantó la vista. No había sido Yukihiro quien trataba de detenerlo, como por un segundo había deseado ilusamente… Pero no. Eran los ojos castaños de Hyde los que lo miraban con algo de desconcierto, algo de preocupación y algo de advertencia.

Desear que Yukihiro lo detuviera… de verdad, era muy patético.

- ¿A dónde crees que vas? Los productores van a llegar en cualquier momento. No armemos un escándalo antes del ensayo, ¿quieres?

 - Al demonio con el ensayo- pese a sus palabras, Ken sonrió- Si crees que me voy a quedar acá, soportando un poco más de esta conversación… es porque realmente eres un ingenuo, Hideto Takarai.

Aquel tono mesurado fue mucho más elocuente que las palabras de indignación y furia que había lanzado antes. Y Hyde debió preverlo, porque no hizo otro intento por detener su huida. Ken se deshizo del agarre y cuando se fue, el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose pareció retumbar en toda la sala. Y pareció también retumbar en los oídos de Hyde, quien bajó la mirada mientras sentía un extraño desazón expandiéndose en la base de su estómago.

“Ahí lo tienes, tal como lo habías planeado. Empiezas a ver los frutos de todo aquello que estás cosechando. Los frutos del caos”

Sintió movimientos a su espalda. Un segundo después, Yukihiro estaba a su lado, haciendo amago de ir detrás del guitarrista.

- Espera un momento. El problema de Ken es conmigo, soy yo quien tiene tratar de hacerlo entrar en razón- protestó Hyde de forma inmediata. Yukihiro le sonrió con cierta cordialidad, aunque su gesto sólo disfrazaba su descontento.

- Si sales detrás de él ahora, solamente lograrás que te quiera partir la cara de un golpe. Deja que se tranquilice. Intentaré que vuelva antes de que Sakano-san se de cuenta.

 Yukihiro miró alternadamente a Hyde y Tetsu, quien seguía en silencio y sumamente serio, casi atemorizante. El bajista asintió dándole la razón, un gesto que consiguió que Hyde apretara los labios en una línea fina. No quería darse por vencido tan fácilmente.

- No creo que consigas hacerlo volver. Se comporta como un niño, ni siquiera puede llevar a cabo un debate de ideas medianamente civilizado sin estallar en gritos y accesos de furia.

- Está claro que tu “debate de ideas” se te fue de las manos- intervino ahora Tetsu con tono que rallaba la ironía. Hyde le envió una mirada de enfado. - Deja que Yuki vaya a hablar con él. Y de paso, sería bueno que tú también te calmes un poco.

“O sea que sí me vas a llevar la contraria… no eres tan pasivo como lo creía, cariño” pensó Hyde de inmediato, con emociones encontradas. De todas formas, regresó a su puesto y se sentó al lado de Tetsu casi sin mirarlo, signo tácito de aceptación, aunque a regañadientes. Yukihiro y Tetsu compartieron una mirada rápida antes de que el baterista se fuera. Seguramente, Tetsu notaba las ansias que sentía Yukihiro por hablar con Ken a solas. Después de aquellos días de complicidad mutua, el hecho de que Ken pudiera estar enfadado con él le dolía casi de forma física.

Una vez afuera, observó los pasillos largos e intrincados de la compañía, pero no vio a Ken por ninguna parte. Yukihiro avanzó hasta alcanzar los ascensores. La compañía era enorme y no tenía tiempo para buscarlo en cada rincón, aunque pensaba hacerlo si es que era necesario. Casi guiado por un instinto, bajó hasta el primer piso, fue hasta los jardines. Y con cierta alegría se dio cuenta de que había estado en lo correcto.

“Resulta que sí te conozco bien, tanto como espero que me conozcas tú a mí. Necesito que entiendas porqué hago todo esto, Ken”

La figura alta y delgada de Kitamura se recortaba en un rincón del acceso que daba a uno de los estacionamientos, apoyado en una pared con las manos en los bolsillos, mientras observaba los movimientos del agua dentro de una pileta sumamente pensativo. Absorto en sus pensamientos, el guitarrista ni siquiera pareció notar la presencia de Yukihiro hasta que el baterista estuvo lo suficientemente cerca como para tocarlo. Acción que, considerando el estado en que el otro estaba, no hizo.

-¿Tetsuya te envió como intermediario?- repuso enseguida el guitarrista de forma brusca. Yukihiro no pudo evitar sonreír, a pesar de aquel hostil recibimiento.

- No necesito que nadie me envíe, estoy aquí porque quiero que hablemos.

- ¿Y qué es lo que hemos hecho en este último tiempo? Pero perdona… está claro que mientras tú me hablabas, yo no te entendía. O te entendía todo mal… De otra forma, no me explico como pude pensar que te conocía.

En cuanto dejó de hablar, el guitarrista se incorporó e hizo el amago de alejarse, sin embargo, antes de que pudiera siquiera avanzar unos centímetros, Yukihiro lo detuvo haciendo halago de su fuerza.

- No seas terco, ¿quieres? Si quieres enfadarte, estás en todo tu derecho… Pero al menos, primero escucha lo que vine a decirte- le pidió entonces, en el primer susurro cargado de una emoción distinta a la tranquilidad. Un susurro que para desgracia de Ken, logró estremecerlo.

Estaban bastante cerca, no demasiado como para que la situación luciera comprometedora, pero sí para impedirle al otro moverse. Fugazmente, Yukihiro observó su entorno y se aventuró a conservar la cercanía y el tono confidente.

- ¿Por qué te comportas así? Hyde tiene razón… ni siquiera estás considerando la idea en sí misma. Lo que tú haces es negarte a escuchar argumentos, hacer oídos sordos porque no quieres que Sakura vuelva… Es evidente que estás permitiendo que los conflictos personales se mezclen con tu trabajo y el trabajo de todos.

- ¿Y qué hay si lo hago? ¿Acaso pretendes que lo reciba con bombos y platillos después de todo lo que ha pasado?... ¡Tú, menos que nadie, debería pedirme eso, Yukihiro! ¡No después de todo lo que ese idiota te ha hecho!

- Ese es mí asunto, agradezco toda tu preocupación, pero, por favor, deja que sea yo quien solucione mis problemas con Sakura, ¿está claro? – el baterista trató de no sonar demasiado desagradable, pero sí bastante tajante. Disminuyó el agarre sobre su brazo. Para su suerte, Ken no hizo otro amago de escapar, aunque seguía reticente a escucharlo.

- Quizás tienes razón… y quizás el idiota de Hyde también tiene razón, porque es cierto, no puedo ser objetivo cuando se trata de Sakura.... Anda, despotrica todo lo que quieras, pero jamás podré aceptar que él venga a mi lugar de trabajo, respire de mi aire. A que esté cerca de mis amigos. Y por sobre todo, cerca de ti, Yukihiro.

“¿Por qué tienes que ser tan directo?” El corazón del baterista pareció saltarse unos cuantos latidos. Maldita sea… estaban en un sitio público, cualquiera podría verlos. Pero aún así, de pronto sentía unas ganas incontrolables de eliminar la distancia que los separaba, mientras seguía hipnotizado por esos ojos que irradiaban tanta fuerza, tanto coraje y tanto dominio.

- Dime algo. Estás apoyando las estúpidas ideas de Hyde porque aún sientes algo por Sakura, ¿no es cierto?- prosiguió de pronto el guitarrista sin darse cuenta de lo que sus palabras estaban produciendo. Seguía tenso en su postura de terquedad, y aún así, Yukihiro creyó reconocer en aquella voz un ligero tinte de miedo.

- No lo sé… de verdad que no lo sé…

 Ni siquiera se planteó si debía o no ser sincero, simplemente lo había dicho así, sin más. No podía mentirle a la persona que había estado a su lado en esos días tan difíciles…. Aunque su sinceridad causara que Ken luciera más desilusionado que nunca.

- Claro que lo quieres. No sé para qué te lo pregunto- le susurró el guitarrista con voz contenida, causándole puntadas sucesivas en el pecho de puro arrepentimiento.

“¿Con qué moral critico a Sakura, si poseo la misma capacidad para dañar a los demás?”

- Qué tonto. Después de lo que hablamos hace unos días, realmente llegué a pensar que tenías todo más claro. Pero ahora… ahora, simplemente no puedo creer que estés dispuesto a recibirlo como si nada… No después de todo lo que ese idiota te ha hecho.

- Hablas bastante de todo lo que Sakura me ha hecho. Pero no seas egocéntrico, soy yo el más afectado con todo lo que ha pasado entre él y yo. Y perdona que te lo diga, Ken, pero tú no tienes ni idea cómo es que ahora me siento.

La emoción se le desbordó antes de que pudiera drenarla, y ante la vista ahora sorprendida del guitarrista, Yukihiro arrugó el ceño, negó con un ademán amargo, se cruzó de brazos… y ahora fue él quien pareció del todo iracundo con esa estúpida discusión.

 - ¿Qué quieres que haga? ¿Que me niegue a trabajar con Sakura solamente porque se enamoró de Hyde y no de mí?… ¡por favor, pensé que me conocías lo suficiente como para saber que esas actitudes no van conmigo!- constató, ahora con expresión fría, casi dolida. Proveniente de la inmensa rabia que aún sentía frente al tema. - Ya te lo dije, agradezco enormemente tu preocupación… ¡pero ya basta! ¡No quiero que sigas juzgando o diciéndome cómo es que debería o no actuar!… Por si no te has dado cuenta, tengo cuarenta años y una vida sentimental que apesta. Déjame al menos, hacer alarde de todo lo que he aprendido gracias a mis innumerables errores y decir cómo es que debo actuar frente a asuntos que me conciernen sólo a mí, y no a ti.

Hizo un alto y respiró profundo. Su corazón latía rápido mientras trataba de serenarse, aunque era tan difícil… todo lo que se había callado respecto al término de su relación con Sakura estaba demandando una forma de escape, un desangramiento de reproches y desilusiones... A pesar de que tenía claro que estaba siendo egoísta. Que de todas las personas, Ken era el que menos merecía estar escuchando todas esas amarguras.

 Fue este pensamiento el que lo hizo arrepentirse de inmediato y querer dar la media vuelta. Sin embargo, ahora fue el guitarrista quien lo detuvo con un agarre firme sobre su brazo, el que lo obligó a levantar la mirada y sostenerla. Y ante la sorpresa del batero, Yukihiro comprobó que Ken le sonreía. Esta vez, de forma sincera.

- No puedo creerlo… haces todo esto por orgullo, por puto orgullo…- musitó Kitamura casi con placer. Parecía hablar consigo mismo, en una reflexión en voz alta que lo tenía maravillado y sorprendido por partes iguales.

Tal como había sucedido segundos antes, Yukihiro se sintió abrumado ante sus propias reacciones y se soltó del agarre, buscando alejarse. Tampoco es que pudiese hacerlo. La mirada de Ken lo abrasaba como una caricia que abarcaba toda su piel y que lo hacía necesitar más que nunca aquel contacto.

- El tema con Sakura está solucionado. Se me olvidará, tarde o temprano… mientras tanto, quiero poder trabajar con él sin doblegarme. Entiéndeme… esa es la mejor forma de demostrar que ya no me afecta y que puedo seguir con mi vida sin tener que amarlo o odiarlo.

- Siempre lo supe: eres un maldito orgulloso, mucho más de lo que imaginaba…

- Lo dices como si fuera un cumplido.

- Es un cumplido, Yukihiro Awaji- precisó el guitarrista de forma inmediata. Su actitud había dado un giro de ciento ochenta grados. Poco a poco, el semblante de alegría que lo caracterizaba parecía retornar paulatinamente a su rostro, retornándole la jovialidad de antaño.

Pareció como si se estuvieran leyendo el pensamiento. Por un segundo, el baterista estuvo seguro que sin importar el lugar y la situación, Ken volvería a intentar besarlo, tal como aquella vez en que lo había acorralado en un baño de una casa de geishas… ¿Yukihiro tendría el valor de apartarlo de nuevo?

- Volvamos arriba, ¿quieres? Nuestro receso ha durado demasiado y Sakano-san va a querer nuestras cabezas rodando en su escritorio- trató de bromear, antes de permitir siquiera poner su voluntad en duda. Casi adivinando la razón de esa súbita huída, Ken asintió y se alejó otro poco, aunque no borró la sonrisa de su rostro. Se encogió de hombros y sin más opciones lo siguió hacia las puertas de la compañía que daban acceso a la recepción, ya mucho más tranquilo y mucho más alegre a como estaba antes.

Y con renovadas fuerzas y esperanzas.

“No te vas a escapar siempre de mí, aunque el maldito de Sakura vuelva a rondar cerca, Awaji”, pensó, mientras abandonaban los jardines. En un momento dado, los ojos de Yukihiro se encontraron con los suyos y el baterista le sonrió de forma instintiva.


En efecto, ambos se estaban leyendo el pensamiento.

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 “No puedo creer que esté corriendo detrás de ti… pero me las vas a pagar, cariño. Juro por lo más sagrado que me las vas a pagar”




- Y bien, Tetsuya Ogawa. ¿Vas a seguir fingiendo que no existo o tendré que tomar un taxi para regresar a mi casa?

La pregunta lo tomó por sorpresa mientras salían del elevador que llegaba hasta el segundo subterráneo, los pasos de ambos resonando en cada rincón conforme avanzaban. A esa hora de la noche, ya no había tantos automóviles aparcados, razón por la cual no fue tan difícil encontrar el mercedes gris perteneciente al bajista y caminar juntos por los pasillos del estacionamiento. Siempre en silencio, sin dar motivos para ser observados.

Sin observarse siquiera entre ellos.

Tetsu aminoró el paso, conservando la seriedad con que se había mantenido hermético durante toda la tarde. Después de la discusión entre Ken y Hyde, el guitarrista había regresado al ensayo algo más tranquilo, pero firme en su idea de no dirigir palabra alguna al vocalista. “Que conste que no me acrimino sólo porque no te quiero dejar viudo, Tetsuya” le había susurrado durante un receso, arrancándole una leve sonrisa y aliviándolo otro tanto. Aún así, el líder de Larc-en-Ciel tenía claro que lo menos que necesitaban en un momento como ése era volver al tema de la reincorporación de los antiguos miembros de la banda. Un tema que, de todas formas, se retomaría durante la reunión del día siguiente.

Y así, de manera inminente, los conflictos volverían a aflorar entre ellos.

“Si no te quisiera tanto, Hyde…”

Se detuvo frente al auto y miró el suelo parcialmente iluminado. La silueta enjuta y oscura del vocalista le dio alcance más rápido de lo que imaginaba, caminando a pasos rápidos, aunque no forzados. Hasta ese entonces, Hyde había respetado su silencio sin poner mayores reparos. Ahora, sin embargo, estaba claro que no pensaba mantener el mutismo por mucho más tiempo.

Una vez que estuvo cerca, Hyde hizo amago de sacar un cigarrillo. Al segundo siguiente, se arrepintió… quizás, no era bueno provocar más Tetsu, sobre todo teniendo en cuenta que el bajista ya estaba bastante enfadado. Y que tenía motivos para estarlo.

“Al demonio con tu enojo, ¿quién te crees que eres?... disfruta de mi complacencia, que no la tendrás por mucho tiempo”

Finalmente la tentación fue más fuerte, y Hyde terminó jugando con el cilindro de papel entre sus dedos algo congelados a causa del frío. Encendió el cigarrillo con parsimonia, y casi estuvo tentado a lanzar una carcajada de puro gozo y triunfo cuando Tetsu dejó de jugar a que no existía, y le envió una mirada cargada de restricción y de seriedad propia de un padre a punto de regañar a su hijo.

- Tira eso, el médico dijo que no podías fumar.

- Sé bien lo que dijo el médico, muchas gracias- Hyde le sonrió mientras se llevaba la punta humeante a los labios. La primera bocanada de humo toxico le supo como si saboreara miel. Entrecerró los ojos con placer y sonrió otro poco- Los médicos siempre dicen muchas tonterías, Tetsuya… pero es nuestra decisión hacer caso a ellas o no.

Expulsó lenta y deliberadamente el humo entre sus labios, sosteniéndole la mirada al bajista en una muestra clara de desafío. Por alguna retorcida razón, la escena en sí le encantaba. No era demasiado tarde, cualquiera podría verlos… ¿el enojo de Tetsu crecería si Hyde intentaba acercarse para robarle un beso?

“Claro que lo haría” pensó de inmediato, y a la segunda bocanada se sintió como todo un depredador observando ávido, pero tranquilo, los movimientos de su presa.

“No sabes cómo me pone verte furioso… y sé que tú también compartes esa predilección conmigo. Amas el peligro tanto como yo lo hago… es por eso que estamos destinados a estar juntos y a hacernos daño”

- Haz lo que quieras- recapituló el bajista tras unos segundos de silencio, de forma lúgubre. Las luces de los automóviles que entraban y salían del estacionamiento se veían como espectros a la distancia, enmarcando su figura estilizada, una fría estatua de hielo - De todas formas, con esta actitud sólo me dejas en claro lo poco que te preocupas por tu propia salud.

Directo al grano y con la intensión de hacerlo sentir culpable. Las palabras de Tetsu eran tan calmadas que rayaban la indiferencia, y el vocalista no pudo menos que sonreír con mucho más vehemencia.

-No estás enfadado porque te importe mi salud. Lo que en realidad te molesta es que quiera traer a Sakura de vuelta, ¿no es cierto?- repuso, displicente, cambiando el tema abruptamente. Las cenizas de su cigarro cayeron lentamente hacia el piso. Tetsu siguió el recorrido y lo vio de nuevo, de manera reprobatoria.

- Sabes que no me gusta verte fumar, apaga eso.

- Antes, reconoce que te enferma que Sakura vuelva a tocar con nosotros. Que vuelva a estar cerca de mi y de ti, todos los días que nos quedan hasta el concierto aniversario.

Hyde entornó los ojos, como si quisiera ver dentro de su alma atormentada. Por un segundo, Tetsu temió que realmente pudiera hacerlo.

- Tú fuiste el que lo sacó de la banda, ahora no lo quieres dejar volver, ni siquiera por un par de semanas –prosiguió el vocalista tranquilo, como un juez dictando cada uno de sus cargos - Te conozco, Tetsuya Ogawa. Sé que el hecho de que él ponga un pie en esta compañía desafiaría tus decisiones, todo tu poderío… Y eso, te es mucho más importante que mi salud. Te lo aseguro.

- Nada es más importante que tu salud- repuso el bajista de inmediato, casi de forma brusca- Ya prometí que apoyaría tus ideas, independiente de si me gustan o no. No veo el motivo por el que tengamos que seguir con este tema.

“Sí, claro” Hyde tuvo ganas de lanzarse a reír. “Te pasas la tarde sin siquiera mirarme y dices que el tema no te importa… que cínico eres”


- Todo este enfado es porque estás celoso de Sakura, tal y como pensé que lo estarías. Acéptalo.

- Tómalo como quieras.

 El bajista se dio la vuelta, de nuevo rehuyendo hacer contacto directo con sus ojos. Sacó las llaves del auto y lanzó un vistazo alrededor: resultaba obvio que estaba rumiando todo los celos que Hyde sabía que estaba sintiendo. El vocalista sonrió aún más profundamente, soltó la última bocanada de humo entre sus labios y dejó caer la colilla al piso para apagarla con la punta del zapato.

Hora de quebrar la fría careta de su amante.

- Entendí el mensaje: tomaré un taxi y trataré de dar un par de vueltas, para llegar más tarde… Espero que entonces se te haya pasado todo el enojo, lo suficiente como para que podamos hablar sin que intentes ignorarme - agregó, un poco complacido cuando Tetsu se dio vuelta y lo vio con sorpresa.

- Espera un momento, jamás he pedido que te vayas.

- Pero es eso lo que quieres, tonto. Te conozco. Y sé que cuando te pones en plan de no querer verme, me toca esperar a que se te pase el enojo estando lejos de tu alcance.

Hyde ahogó un suspiro con falso pesar, como si estuviera resignado a una situación que ya no tenía remedio. Para su fortuna, el semblante de Tetsu se suavizó un poco y casi pareció que iba a sonreír. Al fin de cuentas, el vocalista tenía razón… Porque aunque no se lo había expresado abiertamente, estaba claro que aquella idea tan extraña con que Hyde lo había sorprendido dos días atrás, lo mantenían en medio de una batalla campal entre su razón y sus deseos.

Hasta ahora, los deseos estaban ganando…

 Y esos deseos se traducían en genuinos, inoportunos y desagradables celos.

- Si no estás de acuerdo con lo que estoy proponiendo, perfecto. Dímelo y díselo a los productores. Pero no te calles, no te hagas el indiferente... Recuerda que cuando estas conmigo, no tienes porqué fingir que eres perfecto ni el líder comprensivo. Te conozco mejor que nadie, Tetsu… Y prefiero que te enfades y me critiques de frente, antes de que no quieras ni siquiera hablarme… ahora soy yo el que te dice que no quiere que los conflictos en el trabajo se entrometan en nuestra vida privada. No repitamos los errores del pasado.

- Lo sé…- el bajista sonrió. De cierta forma, que Hyde fuera tan comprensivo no ayudaba a hacerlo sentir mejor – Aún así, independiente de lo que quiera o no… te hice una promesa, Hyde. Y la pienso cumplir.

“¿Hablas de promesas? No creo ya en tus malditas promesas” Hyde negó con un gesto agridulce, pareciendo casi desilusionado.

- Aún no lo entiendes. Éste es tu gran problema: tienes demasiado arraigado que debes cumplir tus promesas, al punto en que éstas terminan por asfixiarte… Sin querer, terminas por odiar aquello que prometes. Eso fue lo que pasó con nosotros hace tres años, lo que pasó contigo… también llegaste a odiarme, conforme me jurabas que seguirías amándome.

 Las palabras lo dejaron lívido de asombro. Abrió la boca para refutar, pero sencillamente no pudo erigir argumento alguno. El bajista recordó, de pronto, las innumerables veces en que había prometido que estarían siempre juntos, independiente de lo que dijeran los otros.

Sus promesas se habían multiplicado entonces, en las fechas exactas en que más había deseado estar lejos de Hyde…

- Yo…- carraspeó. Su garganta súbitamente seca. La imagen del rompimiento de hace tres años, demasiado fresca en su mente.

“No puedo estar contigo. Lo siento, Hyde… Es mejor que no sigamos con esto”

- No trates de disculparte, no te estoy reprochando nada… Sólo estoy constatando un hecho. No quiero que me prometas nada…

Hyde le sonrió con cordialidad, tan atractivo y de pronto, tan triste… “No te merezco” pensó Tetsu de forma amarga. Sus recriminaciones haciéndose presentes, aunque había jurado que ya no se sentiría culpable. Era imposible… y resultaba mucho más difícil y más doloroso sentir que Hyde podía ver todos sus errores y aún así, aceptarlo de nuevo…

“Te he prometido tanto desde que volvimos a vernos… ¿terminaré rompiendo todas aquellas promesas de nuevo?” , se preguntó de pronto, con un nudo en la garganta que rayaba la línea del miedo. Desde hace mucho tiempo que no se sentía tan desorientado, ni tan temeroso.

Preocupado por sus propios actos.

 - Quizás tienes razón- aceptó finalmente, con voz críptica, pero firme. Una firmeza que nacía más del alma que de la razón- Aún así… esto no cambia el hecho de que quiero estar contigo, de que te amo... Tú sabes que te amo, Hyde. Independiente de lo que pudo pasar, nunca dejé de hacerlo, jamás dejaré de hacerlo… Y no lo digo como una promesa, también lo digo como un hecho.

- Tranquilo, no intentes explicar nada- Hyde le volvió a sonreír, con la paciencia de quien lidia con los temores de un niño- Si te digo todo esto es porque aceptas mis ideas sólo por compromiso, nada más... Pero yo no quiero que te sientas comprometido, al igual que años atrás… dejando las promesas de lado, Tetsuya. Si realmente te quieres retractar, este es el momento de hacerlo.

Por su semblante de tranquilidad, Tetsu supo que Hyde estaba hablando en serio. ¿Ese era el momento? ¿Pero el momento de qué?... ¿Qué razones tenía para denegar una idea que, dejando las rencillas de lado, era lo suficientemente atractiva como para transformar su concierto en todo un éxito?

“No me mientas... sé distinguir perfectamente cuándo estás celoso y cuándo no”

Recordó fugazmente las palabras que Hyde había pronunciado a manera de preludio de su propuesta, dos días atrás. Celos... Qué estupidez, qué poco profesional. Al final, tomaría la misma postura obcecada de Ken, aunque la terquedad que Tetsu demostraba era mucho más fría y más calculadora.

 Observó de nuevo su entorno. Eran cerca de las ocho de la noche y allí estaban ellos, discutiendo en pleno estacionamiento de la compañía… no, discutiendo no. Porque mientras Tetsu se tragaba todos sus celos y jugaba a esquivarlo, Hyde trataba de mediar con él de forma tranquila, cuidadosa. Sumamente comprensiva.

Estaba dicho. Ken y él eran iguales. Pero la diferencia radicaba en que Ken sí podía gritar su oposición, mientras que Tetsu no se sentía en el derecho de hacerlo.

“Después de todo lo que ha pasado, después de todo lo que te he hecho y todo lo que has soportado… incluso, todo este asunto de mi divorcio… ¿cómo podría darte una negativa?”

“Realmente, no te merezco”

Tomó aire. Los músculos de la cara le dolieron cuando hizo enormes esfuerzos por dibujar una sonrisa.

- No voy a cambiar mi respuesta, te apoyaré en todo lo que desees.

“No puede ser de otra manera”

- ¿Estás seguro?- el vocalista estrechó los ojos. Tetsuya asintió.

- Estoy… completamente seguro, Hyde.

Le dolió el pecho mientras lo decía. Pero al notar la forma en que el rostro de Hyde se alegraba, en seguida Tetsu supo que había hecho lo correcto.

Porque esa incertidumbre, esos malditos celos que sentía por anticipado… no eran nada comparado con todo lo que Hyde había tenido que aguantar al ver que él se casaba con otra mujer y formaba una familia, desconociendo todo el amor que se habían tenido… el que se seguían teniendo, el que se tendrían siempre.

- Eres un maldito orgulloso, Tetsuya Ogawa. Pero te quiero más de lo que te imaginas- Hyde le dijo mientras lo rodeaba en un abrazo cálido. Abrazo que Tetsu aceptó de buena gana, aunque estaban en un lugar tan abierto, tan público, tan expuesto.

Cerró los ojos mientras sus manos recorrían la espalda de su pareja, mientras sentía su aroma fresco a menta y mientras su cuerpo casi se estremecía al contacto con el cuerpo de Hyde. Ahora que observaba todo con cierta lejanía, le parecía imposible, siquiera, haber pensado que estando lejos del vocalista encontraría la calma que necesitaba. Que eso era lo correcto: tomar a una mujer por esposa y tener algunos hijos, acallando ilusamente todo el amor que sentía por un hombre. El único hombre que podía devolver el sentido a su vida.

- Gracias por todo… por apoyarme, por confiar en mí… muchas gracias- le susurró de nuevo el vocalista con voz grave en su oído. Lo tomó del mentón y presionó de forma suave sus labios contra los de Tetsu, haciéndolo sentir, más que nunca, que había tomado la decisión correcta.

 Limadas ya las asperezas, Hyde accedió a que regresaran juntos al departamento en el auto de Tetsu. Su ánimo claramente estaba más animado, y contagiado con aquella sonrisa que por tiempos era escasa, Tetsuya no pudo menos que obligarse a dejar los miedos atrás y atraerlo de tanto en tanto para besarlo.

- Si te vas a poner así cada vez que nos reconciliemos, supongo que deberíamos discutir más a menudo- propuso Hyde con una risita, ya en el auto, mientras se detenían en un semáforo en rojo.

Siempre atento en el camino, Tetsu se permitió sonreír un poco.

- No me gusta discutir contigo, eso te lo dije antes… pero tienes razón, las reconciliaciones suelen ser memorables.

- Ahora que hablamos de reconciliaciones- comento esta vez Hyde, acompañando sus palabras con una caricia lenta y deliberada por la cara interna de sus muslos- Tengo el presentimiento de que tú y yo vamos a pasar una muy buena noche, bajista… eso te lo aseguro.

Tetsu le envió una mirada algo restrictiva, aunque no menos entusiasta. El tacto cálido de los dedos de Hyde parecía traspasar las barreras de su ropa, provocándole un estremecimiento y que contuviese el aliento.

Cuando las caricias amenazaron con tornarse más íntimas, el bajista tomó la mano de Hyde y la llevó hasta sus labios, besándole la punta de los dedos con gentileza.

 - Por favor, Doiha. No necesitamos tener otro accidente de tránsito.

- Como quieras- el vocalista apartó su mano de forma brusca y se cruzó de brazos, mirando el paisaje a través de la ventana con clara indiferencia –Después de todo, tú te lo pierdes.

Tetsu se rió, lo vio a través del espejo retrovisor y reanudó el camino cuando la luz cambió a verde. Después de una media hora de trayecto, llegaron al departamento de Hyde, con las primeras luces nocturnas resplandeciendo como estrellas artificiales suspendidas sobre la acera. El lugar quedaba en una zona exclusiva de Tokio, sin embargo y para más seguridad, Hyde le propuso que aparcaran frente a la entrada del edificio y entraran por separado, tal y como hacían al llegar cada mañana a la compañía.

A pesar de esos días en relativa calma, no podían descartar que los periodistas siguieran rondando como animales al acecho de una buena noticia y algo de escándalo.

- Me niego a creer que se cansaron de ganar dinero con tu vida privada- agregó Hyde con algo de ironía antes de bajarse del auto. Tetsu suspiró, un poco hastiado.

- Lamento que esta situación se extienda por tanto tiempo… Pero al menos, me queda el consuelo de que pronto saldrá el divorcio, y entonces toda esta persecución dejará de tener sentido.

- Eso espero.

 Con una última sonrisa, Hyde se aprestó a abrir la puerta del auto para caminar hacia la entrada. Sin embargo, Tetsu lo detuvo de pronto, aferrándolo del brazo.

- ¿Qué pasa?- preguntó el vocalista, extrañado.

Tetsu le sonrió despejando sus temores. Más que nunca, se sintió un cretino por enfadarse con Hyde, mientras que el vocalista aceptaba su difícil situación legal quizás no con agrado, pero sí con bastante comprensión.

- Nada… es sólo que ahora, soy yo quien debería darte las gracias.

Hyde le devolvió la sonrisa, miró fugazmente hacia delante y al no ver a nadie, se acercó hasta que el cabello largo se le vino al rostro, como seda enmarcando sus ojos castaños. Entendiendo el gesto, Tetsu lo atrajo con fuerza. La mano que antes detenía sus caricias, subió hasta rozar su pecho, se posó en su cuello… con las yemas de los dedos, sintió el pulso irregular del vocalista y tomó su rostro con cierta gentileza. Hyde cerró los ojos. Dejó que Tetsu posara sus labios sobre las comisuras de su boca y, tal como en sus sueños, sintió que caía de muchos metros de altura…

- Juro que si pudiera, te haría el amor ahora mismo- le susurró el bajista con voz ronca. Hyde sonrió y a tientas, se movió hasta acariciar sus labios.

- Fuiste tú el que me detuvo antes…

- Lo sé…- Tetsu aumentó el agarre en su rostro y lo rozó con la punta de la lengua, exigiéndole entrar a su boca. Hyde aceptó de inmediato, y casi gimió de placer al notar la fuerza con que Tetsu parecía devorarlo.

 A punto de claudicar ante sus deseos, el bajista se apartó, con un gesto amargo

- Este no es el momento de arriesgarnos… Ya vete, antes de que me atreva a retenerte.

La sonrisa de Hyde se amplió. Poco a poco, el vocalista abrió los ojos, se enderezó en el asiento, arregló su ropa y su cabello, y le hizo un gesto de despedida antes de bajarse del vehículo de forma enérgica. Cerró la puerta. Compartieron una última mirada a través de los vidrios del auto, antes de que Tetsu desviara la vista hacia delante y condujera al estacionamiento.

Una vez que el Mercedes gris hubo desaparecido de su vista, Hyde se tocó los labios y su sonrisa fue reemplazada por una mueca de malicia pura.

- No me des las gracias, Tetsuya… créeme. No hay nada que debas agradecer.

Sacó su móvil, caminando hacia el hall de entrada. Saludó a la chica que atendía la recepción cuando el conserje estaba de día libre, y al llegar a los ascensores, se apoyó en la pared blanca y escribió un mensaje para Sakura, en tanto los números del tablero bajaban hasta el piso número uno.

Todo está listo. Hasta ahora, sólo Ken se opone, pero eso lo solucionaremos mañana. Te veo pronto. Cuídate mucho.

 Las puertas del ascensor se abrieron en el momento en que enviaba el mensaje. Ampliando la sonrisa, Hyde guardó el aparato en su bolsillo y se prestó a subir al departamento para esperar a su amante. Había hecho bien en proponerle a Tetsu que subieran por separado, de otra forma, quizás no hubiese encontrado el momento idóneo para comunicarse con Sakura. “Con lo celoso que estás últimamente, Techan…” pensó falsamente tierno, mientras veía su reflejo a través de los cristales que tapizaban el cubículo. Por lo general, le era muy difícil contactar a Sakura teniendo a Tetsu casi las veinticuatro horas del día cerca, vigilando cada uno de sus pasos. Remendando sus culpas, como si quisiera reparar con atención desmedida aquellos tres años en que Hyde se había tenido que aguantar el resentimiento por una infidelidad que no merecía.

“Quizás te necesitaba en aquel entonces. Pero ahora… ahora, me asquea tenerte cerca. No sé cómo no lo notas”

El rictus del vocalista ahora fue de fastidio y rabia pura. Detestaba tener que comportarse de manera gentil y comprensiva, cuando en el fondo lo único que deseaba era mandar todo al diablo e irse lejos, donde nadie lo conociera, donde nadie lo admirara, donde el recuerdo del amor que le había tenido a Tetsu tampoco pudiera perseguirlo… aquel lugar que había estado buscando por años, sin todavía tener una pista de dónde se encontraba.

 “Hasta que no te vea sangrando y odiándome tanto como yo te odio, no voy a poder alejarme de ti ni vivir tranquilo”

Qué irónico. Tetsu sentía celos de Sakura, pero no se daba cuenta que no había razones por temer la influencia del baterista. Porque nadie ni nada había logrado desgarrar el amor que Hyde le tenía, el que todavía sentía por él… pese a que el mismo Hyde odiaba y renegaba de aquel sentimiento.

“Estoy hecho un mar de inconsecuencias y todo por tu culpa… maldito seas, Tetsuya Ogawa”

Con el ruido de las puertas de metal abriéndose, llegó al piso número trece y caminó hacia la puerta de su departamento, sin demasiados ánimos. Súbitamente, una extraña claustrofobia lo llenaba y más que nunca, deseaba que Tetsu no volviera, que lo dejara solo. Totalmente en paz.

Aunque la paz, en su caso, sería una utopía. Casi un milagro.

“Y los milagros no existen, acéptalo”

Ya frente al departamento, se revisó los bolsillos. Típico, no traía las llaves... Maldijo entre dientes y luego se rió a causa de su propia estupidez, al tiempo en que hacía memoria y llegaba a la conclusión de que seguro se habían caído en el estacionamiento de la compañía, o dentro del automóvil de Tetsu. Estaba seguro que las llevaba al momento de abandonar la sala de ensayos.

 “Él tiene una copia… al final, sí me va a servir de algo que ahora estemos viviendo juntos” pensó irónico mientras volvía sobre sus pasos, tomaba el ascensor y se disponía a darle alcance en el hall de entrada.

- ¿Pero qué demonios…?

Se detuvo abruptamente. Salía del ascensor ya en el piso número uno.

Allí, visible en la recepción, una imagen pareció congelar su corazón y sus cinco sentidos como hacía años…

Tres largos y angustiosos años.

 La había encontrado poco después de entrar a la recepción. Sentada en los sillones blancos que alojaban a las visitas, Ayana se puso inmediatamente de pie en cuanto lo vio aparecer por entre las puertas giratorias para subir al departamento de Hyde. No venía con Rei, tampoco sonría. Ambos se observaron como si el tiempo se hubiese detenido en un segundo. Del otro lado del mostrador, la reemplazante del conserje miraba disimuladamente aquella escena con cierta curiosidad.

Ya sea por los días transcurridos desde la última vez que se habían visto o porque no esperaba encontrarla justo allí, en ese momento, Tetsu demoró un poco en tomar la iniciativa de acercarse, sintiendo que la impresión lo dejaba casi sin palabras. Hasta ese entonces, todos los asuntos del divorcio los había tratado con el abogado, y las veces en que había ido a ver a Rei a la que antaño era su casa, Ayana no se había aparecido por los alrededores, como si tan solo la presencia del que aún era su esposo le resultara insoportable.

Ahora Ayana estaba ahí, justo en frente suyo, un poco nerviosa pero también bastante decidida, con el mismo rictus de tensión que Tetsu había visto la noche en que habían discutido por última vez. Su aún esposa apretaba contra su pecho una pequeña cartera negra, casi de manera excesiva. Luego del primer contacto visual, bajó la vista hacia la costosa alfombra que tapizaba la recepción, respiró un par de veces y la levantó.

- Te estaba esperando- aclaró escuetamente antes de que el bajista pudiera adelantarse. Tetsuya entornó los ojos, aguantando lo más estoicamente las marejadas de culpa, de incertidumbre y de nerviosismo que sentía al tenerla enfrente, de forma tan sorpresiva.

- ¿Pasó algo?... ¿le pasó algo a Rei?- preguntó entonces, más por instinto que por razonamiento. Su esposa sonrió de forma triste y negó con un gesto.

- No. Ella está bien… todo lo bien que puede estar una niña pequeña con un padre ausente- rectificó amargamente- Tu hija tiene problemas para dormir y llora mucho… pero eso no es algo que creo, te importe demasiado.

- Claro que me importa. Soy su padre, por supuesto que me preocupo por todo lo que le sucede.

- ¿Lo haces?- Ayana levantó una ceja con escepticismo- Pues no lo parece. Si te preocuparas tanto, irías a verla más seguido. Pero está claro que la relación con tu amante te tiene demasiado ocupado como para que recuerdes, siquiera, que tienes una hija y que ella te extraña.

Ataque directo. Tetsu miró mecánicamente a la chica de la recepción, casi rogando porque no los hubiese escuchado. Luego, su mirada retornó a la visión gélida del rostro de su esposa, aún sintiéndose aturdido por el golpe que no había visto venir, pero que ahí estaba. Palabras cargadas de dolor y resentimientos, cargadas de rabia, tan agresivas como las había escuchado hace semanas, la última vez en que Ayana y él habían hablado estando Hyde y su madre presentes.

En un segundo vistazo mucho más frío, Tetsu cayó en cuenta de los indicios que no había notado antes: las marcas oscuras bajo sus ojos, el tono lívido de su piel, la vestimenta no tan pulcra y el maquillaje algo descuidado… era seguro que en esas largas semanas de trámites de divorcio y acoso de la prensa, Ayana no lo estaba pasando nada bien. Quizás, mucho peor que el mismo Tetsu, porque ella era la que se llevaba la peor parte.

“¿Qué fue lo que te hice?”

- Si no se trata de Rei, ¿por qué viniste?- preguntó con cautela. Ayana se arregló el cabello con una mano y jugó con una hebra castaña entre su dedo índice, signo evidente de que estaba algo nerviosa.

- No te alarmes tanto, te aseguro que no planeo armar un escándalo. Mucho menos en un lugar como éste… no pretendo dejar mal parado el nombre de Hyde en su propia casa, si lo que te preocupa es eso- pronunció las últimas palabras con toda la ironía que pudo reunir - Quería que habláramos sobre el divorcio. A fin de cuentas, ese es uno de los últimos asuntos que quedan pendientes entre nosotros.

Las palabras de su esposa cobraban fuerza a medida de que alternaba sus descargos. Tetsu ahogó un suspiro, por un segundo, había esperado que ella se comportara como la chica algo tímida que había conocido hace años. Lamentablemente, esa chica había sido reemplazada por la mujer herida y llena de rencores que ahora tenía en frente.

Eran evidentes las razones de su cambio.

- Me puedes avisar antes si quieres que nos veamos en persona- apuntó, bajando el tono de su voz y tratando de sonar amable. Ayana negó con una cuota de desdén.

 - Nada de eso. Prefiero venir yo misma a buscarte antes de correr el riesgo de que no atiendas mis llamadas.

- Tú sabes que yo no haría eso.

- ¿Lo sé?... no, no lo sé, Tetsu… es más, siento que no sé nada con certeza. Te desconozco…- Ayana también bajó la voz y se atrevió a mirarlo de frente. Sus ojos relucían de pura tristeza y rabia, de una desilusión tan avasalladora que hizo a Tetsu sentir nuevamente miserable.

El bajista se aclaró la garganta.

- Está bien, vamos a hablar. Pero no aquí, es lo único que te pido.

- Como quieras- sonrió.- es más, puedes ir y avisar a Hyde. De seguro te exige que le des cuenta de todos y cada uno de tus actos.

Nuevo comentario irónico. Tetsu optó por dejarlo pasar, aunque esas palabras sólo provocaban que creciera su desconcierto. ¿Qué pasaba con Ayana?... Ni siquiera el día en que Tetsu le había comunicado que se iría de la casa, ella había reaccionado con violencia, sino todo lo contrario. Le había pedido hasta el final que no lo hiciera, que aún podían arreglar su matrimonio, aunque probablemente sabía la respuesta de antemano.

Sin tiempo de subir para avisarle, Tetsu trató de llamar al móvil de Hyde, pero no obtuvo respuesta. A la tercera vez que escuchó el buzón de voz del otro lado de la línea, el bajista optó por rendirse y le dejó un mensaje con la chica que atendía la recepción. Conservando la esperanza de que Hyde bajara y hablara con ella al ver que Tetsu no llegaba.

 - ¿Y bien?

- Nada… vámonos- Tetsu miró a su esposa y ella asintió. La mujer se adelantó hacia las puertas giratorias de cristal, y Tetsu la siguió sintiendo un extraño mal presentimiento en la boca del estómago.

Del otro lado de la recepción, en el pasillo que conectaba con los asesores, los ojos impasibles del vocalista siguieron el recorrido de ambos hasta que se perdieron de vista.

Poco a poco, un oleaje de puro odio pareció inundar su pecho, mientras negaba con un gesto amargo y apretaba el teléfono apagado entre sus manos. No había querido contestar, no quería hablar con Tetsu… No hasta saber que hacía con ella. De nuevo. Juntos.

Hyde entornó los ojos y sintió que retornaba a una noche fría de mes de Enero. Regresaba a aquella fatídica velada en que había visto a Tetsu y Ayana besándose, en la época en que el bajista le juraba que lo quería, que jamás lo dejaría... Puras mentiras.

Tal como ahora.


“Malditos, malditos sean ambos… mil veces malditos…”