:::::: Bodas de Sangre:::::.
Cap 8
- 2001-
Las
calles en Londres eran húmedas. Los días, muy oscuros... Hyde salió de
la disquera a las siete y se fue caminando hacia la casa que había
arrendado cerca. Podría tomar un taxi, sin embargo, le gustaba moverse
entre la lluvia y sentir el frío europeo golpeando su cara y congelando
sus ideas.
Había visto un cementerio cerca de la casa. Un lugar
siniestro, quizás, pero Hyde nunca había sentido miedo a las cosas que
la demás gente teme. Por el contrario, los cementerios le parecían
estancias tranquilas, olvidadas, y Hyde se acostumbró desde joven a ir a
esos lugares cuando estaba especialmente triste. En compañía de tumbas y
gente ya muerta, Hyde hasta se sentía un poco mejor… allí no encontraba
a nadie que lo juzgara si de pronto estaba triste. Si no era el hijo
modelo, el músico perfecto, la estrella de rock siempre brillante. Y el
marido fiel a las tradiciones.
Por la tarde, Hyde había recibido
noticias de su esposa. Ella estaba a punto de dar a luz… Hyde sabía que
tendría que regresar a Japón unos de esos días, mientras Megumi pasaba
el último periodo del embarazo. La idea tampoco le hacía mucha ilusión.
Todo le parecía muy frío. Incluso el embarazo de Megumi era un
acontecimiento perfectamente pactado en el contrato que fue su
matrimonio.
Desde pequeño, Hyde pensaba que era triste aquel
deber de casarse. Pero por sobre todo, era triste hacerlo por
obligación, y no poder enamorarse de la persona con quien iba a
compartir el resto de tu vida…
Mientras doblaba en una esquina
escuchando los demos de las canciones en su reproductor portátil, Hyde
pensó que lo verdaderamente triste es no controlar el amor. O sentirlo
por alguien indebido.
El matrimonio sin amor era un destino que sufrían la mayoría de los hombres en Japón.
Si formaba parte de la realidad de tantas personas, entonces… ¿por qué Hyde se sentía diferente?.
Su
propio padre, sin ir más lejos, se casó para perpetuar el apellido… y
el amor era algo que venía con los años, le dijo un día, cuando Hyde
cumplió la mayoría de edad y estuvo ya preparado para ser un hombre y
pensar en el matrimonio. Su padre lo sentó en la mesa del comedor, se
aseguró de que su esposa no anduviera cerca, y le dio la charla que todo
padre debe tener con su hijo.
El matrimonio era un deber. El trabajo más importante que se debía llevar a cabo en vida… “Si tienes mujeres fuera del matrimonio, está bien. Pero recuerda que tu esposa está primero”…
El Hyde adolescente no pudo entender aquella noche cómo es que su padre
le hablaba tan frío sobre esos temas. Y si bien nunca habían demostrado
su amor a los cuatro vientos, Hyde siempre pensó que sus padres se
habían casado por amor.
Que triste fue descubrir la verdad…
Mientras
entraba al cementerio de Londres, Hyde sintió que uno de los vigilantes
lo quedaba mirando. En aquel día especialmente gris, el tono de piel
blanco de Hyde parecía brillar más que nunca.
El vocalista caminó
con las manos en los bolsillos a través de los parajes vacíos. Rodeados
de lápidas de mármol, algunas con flores, otras, totalmente
descuidadas… “Al final, todos terminamos en esto”, pensó con
melancolía, viendo los nombres de aquellas personas ya idas… olvidadas
por el mundo que sigue avanzando. Y por la sociedad mezquina, que
obligaba a casarte y tener hijos para perpetuar la especie, pero que no
recompensaba por ello.
Y que niega ser diferente… Aunque fuera
exitoso, aunque tuviese dinero y fama… Más que nunca, en un país
extranjero donde no mucha gente lo reconoce, Hyde sentía que era un ser
humano más. Igualmente perdido… era un cuerpo que encontrará el fin en
una tumba no muy diferente a las que lo rodean. Y será carcomido por la
tierra y el olvido y el paso del tiempo… por los años. Olvidado.
Completamente marchito…
Hyde se detuvo en una bifurcación. En una
esquina alejada, una tumba llamó especialmente su atención. Se acercó
de manera pausada, entornó los ojos para ver mejor la guitarra que yacía
al lado de la inscripción. “Él era un músico”, pensó Hyde con
cierta melancolía, al leer las palabras que violaban la pulcritud de la
lápida enmohecida por la humedad y por el paso del tiempo.
“Aquí yace mi amor más grande…
Que encontró en la música el consuelo que yo no supe darle.
Y en la muerte… el remedio a la tristeza que yo le causé”.
Hyde releyó las frases una vez más. Sintió un vuelco en el estómago, producto de la tristeza que vivía allí desde siempre… “Él era como yo, entonces”… Se
inclinó frente a la lápida, frente al nombre inglés y a la fecha de
nacimiento y muerte. Hyde tocó casi con reverencia las palabras
talladas. Y súbitamente sintió unas ganas de llorar enormes.
“Tetsu…¿terminaremos de la misma manera?…”.
No era del todo una pregunta.
Hyde
iba a ser padre. Entonces, ¿por qué no estaba feliz?... Lo sabía. Y
aunque no quería admitirlo ante sí mismo, ya no importaba mucho, porque
comenzaba a llover de forma tenue. Porque hacía frío. Porque todos
alrededor estaban muertos… porque estaba en un país extranjero y Hyde se
sentía vacío. Y porque Tetsu estaba lejos…
“¿Algún día… sabrás cuánto te amo?”.
Nunca…
fue como si uno de los espíritus saliese de las tumbas y le susurrara
al oído… Porque Tetsuya ya nunca lo iba a saber. Porque seguía siendo su
mejor amigo, y así las cosas estaban bien. Así debían seguir. Porque
todos eran felices y Hyde estaba casado e iba a tener un hijo, y porque
Tetsuya pronto encontraría alguien con quien ser feliz también…
“Doiha, yo te quiero…”.
Hyde
cerró los ojos. De pronto, quería dormirse en una de los ataúdes y ser
enterrado. Ya nada más lo ataba, ya no tenía más responsabilidades.
Dentro de poco, Megumi iba a dar a luz a un lindo niño y Hyde habría
cumplido con su misión de hombre, de esposo y de humano.
Pero su alma… su alma aún estaba incompleta.
No
se lo dijo a Tetsu entonces, cuando el bajista le confesó aquello entre
copas, en un instante de debilidad que jamás se habría de repetir… No
le dijo lo que pasaba por su corazón más que por su mente. Y no le
confesó después porqué seguía siendo una persona triste, porqué seguía
tan callado…
“Porque yo también te amo.”
La lluvia
empezaba a caer con más fuerza. Hyde abrió los ojos, miró hacia arriba,
hacia el cielo tormentoso… tarareó una canción inventada, que hablaba
sobre el deseo y la tristeza y el amor…
Una canción que súbitamente conocía.
La
guitarra al lado de la tumba estaba inservible. Sin embargo, Hyde la
tomó, acarició la madera podrida y húmeda, y las cuerdas que aún no
estaban rotas… y tocó dos acordes como si su mente fuera guiada por algo
invisible, y sus manos fueran las de otro.
Vio de nuevo la inscripción en la tumba. “Que encontró en la música el consuelo que yo no supe darle…”. Sonrió
con tristeza. Eso se aplicaba bien a él y a Tetsu… un par de amigos que
no sentían como tales. Pero que jamás se darían la oportunidad de estar
juntos. Porque así no debía ser… y porque la música era un consuelo,
por ahora, bastante eficaz.
Pero no siempre.
“Y en la muerte, el remedio a la tristeza que yo le causé…”. Hyde
tomó la guitarra negra entre sus manos. Y sin meditar si era correcto o
no, se la llevó consigo. Como recuerdo de ese hogar de muertos y ese
músico que era como él. Quizás…
Sería lindo pensar en una reencarnación. Una vida en que él y Tetsu se encontraran y todo fuera diferente.
Pero
ahora… quedaba esa vida por aguantar. Por vivir. La vida de un músico
de poco más de treinta años, casado con una modelo, una mujer que al
menos sabía darle un poco de libertad. Y que le iba a dar un hijo, y una
descendencia sanguínea para morir en unos años más, un poco más
tranquilo.
Casi por milagro, nadie lo descubrió llevándose el instrumento. La lluvia fue su cómplice y lo ocultó de ojos indeseables.
Hyde
regresó a la casa a componer un poco más, a tratar de restaurar aquella
linda guitarra, a terminar el álbum en solitario y a refugiarse un rato
en la música… porque ella sería la amante a la cual siempre podría
recurrir cuando se sintiera vacío y confuso.
Lo que Hyde no notó aquel día, fue que se llevaba más que madera y cuerdas en sus manos.
También
se llevaba un alma que lo acompañaría por mucho tiempo. De forma
callada… que se ocultaría en las épocas posteriores, cuando Hyde fue
valiente y se separó de su esposa, y se olvidó de sus propios prejuicios
y los prejuicios de otros para estar con Tetsu.
Adam esperó
tranquilo en un lugar de su mente. Y luego, regresó y retomó fuerzas, se
alimentó de las fuerzas de Hyde, en el momento de tristeza y soledad y
odio que siempre conlleva el amor, cuando es traicionado y roto.
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2004
- Es una historia bastante triste…
Hyde
bajó la mirada hacia el guión. Luego, observó a su interlocutora, quien
esperaba la respuesta un poco ansiosa y en silencio.
Suspiró.
- ¿Por qué yo?- preguntó el vocalista, casi con extrañeza. La señora Yazawa sonrió un tanto.
- ¿Por qué?...Bueno… Porque tú eres Adam, por eso.
Hyde
sonrió un tanto halagado. Tenía en su regazo algunas hojas con las
ilustraciones de los personajes. No podía negar que el papel le había
llamado la atención, tanto por su triste historia de amor como por su
posterior suicidio.
En Japón, el suicidio era algo juzgado por la
sociedad. Sin embargo, e incluso en ese sentido, Hyde se sentía
diferente al resto.
Y sí consideraba digno morir por amor…
-
No me preguntes porqué, pero cuando te veo, veo también al Adam que
está en mi mente- la mujer siguió explicando, gesticulando con sus manos
la veracidad de sus palabras. – Tienes una mirada muy triste, ¿sabes?. Y
esa es la misma mirada que le quiero dar a Adam… además, tu voz es
preciosa.
“Tienes una voz preciosa. Y a veces, tus ojos son tan tristes…”. Sin
poderlo evitar, Hyde se encontró rememorando lo que Tetsu le había
dicho en el pasado. El primer cumplido recibido de aquel chico de
cabello castaño, que se presentó un día en el club donde tocaba para
pedirle que fuera el vocalista de su banda.
“No canto. Y no creo que sea lindo tener ojos tristes, a menos que te guste ver a los demás sufrir.”.
El
Tetsuya del pasado lo había mirado negando con la cabeza. Se había
puesto un poco nervioso… y desde ese gesto, Hyde se dio cuenta que aquel
chico le agradaba.
“No es eso, es sólo… no sé como explicarlo, pero cuando te ves triste, tus ojos son diferentes. Y atrayentes”.
“¿Te gusté desde entonces, Tetsu?”.
Hyde nunca se lo había preguntado, ahora que hacía memoria… Era una
buena pregunta para hacerle a su pareja aquella noche, después de una
rica comida y una buena ronda de sexo…
- Hay una canción en especial que me llama mucho la atención.
El
vocalista salió bruscamente de sus pensamientos. Miró a la dibujante,
un tanto avergonzado por haber dejado de prestarle atención.
- ¿Perdone?...
-
Hablo de una canción que está en tu primer disco en solitario- Yazawa
acentuó su sonrisa, sin darle importancia a la poca participación de su
acompañante.- Casi en el fin. Es una muy triste, tiene violines… habla
sobre las tormentas.
- Sí… sé de cuál se trata.
- Esa canción. Dime… ¿por qué la escribiste?.
Hyde
sonrió como siempre solía hacer cuando alguien preguntaba sobre su
inspiración. Iba a comenzar con la diatriba que le daba a todos, cuando
la mujer lo calló con un gesto.
- No, no me estás entendiendo…-
Yazawa negó con la cabeza.- Te parecerá tonto, pero creo que esa
canción refleja mucho la tristeza del amor. ¿Cómo se puede llegar a
eso?. ¿Tienes que sentir aquello para poder plasmarlo?.
- Bueno, sí... Ciertamente.
Hyde
sonrió de forma algo triste. Remontó a la tarde en el cementerio, un
día de su estancia en Londres… por la época en que estaba realmente
deprimido. Porque Larc en ciel se había separado, porque Hyde estaba
casado con una mujer que no amaba, porque se sentía solo. Y porque Tetsu
no estaba a su lado.
- ¿Por qué me pregunta eso?.- no se debía
responder con otra pregunta, sin embargo, Hyde no pudo evitar
extrañarse. La señora Yazawa carraspeó un tanto nerviosa, y luego bajo
la mirada. Y se río, como disculpándose.
- Te debo parecer una
tonta, pero… no sé. Esa canción me llamó la atención. Supongo que soy
fanática de tu trabajo… Me pidieron una opinión para darle forma
material a la canción que Adam interpreta en la película, y yo pensé que
esa sería la más indicada.
- Bueno, por mi no hay problema-
respondió Hyde con una sonrisa más alegre.- pero acerca de representar
el personaje… creo que debo pensarlo un poco. Por ahora, no tenía en
planes actuar de nuevo.
- Bien, no te preocupes- la mujer se
levantó de su asiento seguida por Hyde.- Con que lo pienses es más que
suficiente… te dejo el guión, para que lo leas de nuevo. Y después me
das una respuesta, ¿si?.
Hyde asintió. Viendo que ella parecía
tener prisa, la escoltó hasta la puerta del departamento. No recibía a
mucha gente en su propio hogar, sin embargo, aquella mujer parecía
realmente urgente de verlo. Y Hyde estaba un poco curioso por hacer otro
tipo de trabajo.
La actuación no era lo suyo. Pero tampoco estaba tan mal…
-
Muchísimas gracias por el ofrecimiento- Hyde se dispuso a abrir la
puerta, le dio un beso en la mejilla (ella era más baja que él) y le
sonrió ampliamente.
Ella negó de nuevo, con un ademán.
- No las des. Soy yo quien tiene que agradecerte… algún día sabrás el porqué.
Hyde
aferró la manilla de la puerta, pero no fue necesario que la abriera.
En ese preciso momento se escuchó un ruido de llaves del otro lado, y la
puerta se abrió para dar paso a un Tetsu algo asombrado de ver a ambos
en la entrada
- Yo… ¿interrumpo algo?.
A Hyde se le
subieron los colores a la cabeza. No esperaba que Tetsuya llegara
temprano, y técnicamente… que ellos vivían juntos, era algo que nadie
podía saber, hasta ahora.
Tetsuya también pareció muy nervioso.
Miró a la mujer y luego a su pareja, quien le trató de hacer gestos para
que no dijera mucho.
- ¿Tetsuya san, verdad?. No se preocupe,
yo ya me iba… gusto en conocerlo…- el bajista y la mujer se dieron la
mano. Y luego ella miró a Hyde y casi le hizo un guiño cómplice.
Ella tenía algo agradable. Hyde casi respiró aliviado, y por algún motivo estuvo seguro de que ella era una persona reservada.
- Te dejo entonces. Gracias por tu hospitalidad, Hyde san. Espero tu llamada.
Ai
Yazawa hizo una última inclinación y se fue caminando por el pasillo
que daba al elevador, sus tacones altos haciendo ecos en las paredes.
Hyde y Tetsu se quedaron casi estáticos en su lugar, ni siquiera
atreviéndose a cerrar la puerta del departamento hasta que el sonido
inconfundible de las puertas del elevador abriéndose y cerrándose los
hicieron respirar ahora sí, mucho más tranquilos.
- ¿Qué fue eso?.
Tetsuya
se adelantó hacia el lobby. Se quitó los zapatos, dejó su mochila en un
perchero, y recibió un beso suave en los labios por parte de Hyde,
quien casi reía ante lo hogareñas que resultaban esas escenas.
- Toma, lee esto.
Hyde
puso en las manos de Tetsu el guión. Y lo dejó leyéndolo en la sala,
mientras iba al teléfono y encargaba comida china del restorán que
quedaba cerca del edificio.
- Sería mejor que aprendiese a
cocinar… no, creo que no- Hyde miró el teléfono en sus manos, y luego a
su pareja leyendo tirado en el sillón cómodo de la sala. Con la tele
prendida por simple costumbre.
- ¿Y?... ¿Qué te pareció?.
-
Interesante- Tetsu alzó la vista por sobre el montón de hojas. Se había
puesto gafas especiales para la lectura.- Yo solía leer la historia
antes…
- Ella quiere que represente a Adam.
- ¿En serio?- Tetsuya le sonrió con alegría.- ¿Pero qué pasó con eso de que la actuación no es lo tuyo?.
- Bueno…Siempre puedo cambiar de opinión, ¿cierto?.
Hyde
se acercó con la ligereza de un felino. La tupida alfombra haciéndole
cosquillas bajo sus pies El bajista lanzó una risita. Dejó el guión a un
lado cuando Hyde se sentó sobre sus piernas, y lo tomó de la cintura
para acercarlo y darle un beso.
- Mmmm… creo que eres perfecto
para el papel.- Le susurró bajito, entre besos húmedos y cargados del
deseo que siempre despertaba su demonio en él.
Hyde se separó un poco y lo miró con sospecha.
- ¿Lo estás diciendo en serio, o sólo es porque me quieres?.
- ¡Cómo crees!. Es en serio, lo juro.
Tetsuya
lo acercó otro poco. Con una mano aún aferrándolo de la cintura,
utilizó la otra para acariciarle el rostro y apartar unos mechones
rebeldes de cabello largo que se venían sobre sus ojos.- No sé cómo
explicártelo, pero… te viene eso de morir por amor. Eres bastante
apasionado en tus emociones. Y además… también tienes unos ojos tristes.
La sonrisa de Hyde se atenuó un poco. Se acurrucó contra esa mano gentil, la tomó entre las suyas y la besó.
- ¿Sabes?... Eso mismo me dijo Yazawa-san… y aún no entiendo el porqué.
-
Es algo difícil de explicar. Ríete… pero a veces me pareces un niño
desvalido. Como el personaje de la historia, tienes algo trágico. Un
aire de tristeza…
“Que incluso yo no puedo quitarte”.
-
Mmm…¿en serio?- Hyde ronroneó, moviendo con intención las caderas sobre
las de Tetsu, para que sus intimidades estuvieran en contacto. El
bajista apenas suprimió un gemido.- ¿Te gusta eso, no, Techan?...
¿Piensas en que soy un niño, cuando me estás penetrando?.
Los
ojos de Tetsu parecieron hacerse más oscuros. Lo estaba excitando… Hyde
sonrió ahora con triunfo, y dejó que el otro apretara el agarre y lo
empujara directamente sobre sus labios.
- ¿Para qué me preguntas eso?... Sabes que sí…
-
Eres perverso, Tetsuya…- la voz de Hyde fue un siseo bajo,
extremadamente grave. Se relamió los labios rozando apenas los de su
pareja.- Aunque creo… que así me encantas…
Hyde acortó la
distancia que los separaba y se besaron de forma profunda. Sin poder
evitarlo, Tetsu introdujo sus manos por debajo de su camisa, acariciando
la piel sedosa de su espalda y provocándole descargas de energía pura.
Hyde
gimió y se arqueó al toque. Y se olvidó del rol de la película, de que
pronto vendrían a dejar la comida… todo se fue de su mente ahora en
blanco, mientras Tetsu le quitaba la camisa y comenzaba así, con la
parte hogareña que resultaba mucho más placentera.
Mientras
Tetsu estaba dentro de él, Hyde se dedicaba a cerrar los ojos y
sentirlo, no solamente con el cuerpo… El sexo entre ambos era algo que
Hyde no había experimentado antes. Era como si pudiera sentirlo también
penetrando su mente, su alma, Tetsu lo besaba en la boca de manera
profunda antes de llegar el orgasmo, y Hyde sentía que su lengua también
acariciaba su corazón y le robaba el aliento.
Le robaba la vida…
- Si tú no estás conmigo, Techan… yo me muero.
Hyde
le susurro de forma suave mientras aún se abrazaban, jadeantes sobre el
sillón de la sala. Tetsu detuvo un tanto las caricias sobre su cabello
(siempre adoraba acariciarlo después de hacer el amor) y lo obligó a
levantar la mirada.
- Hyde, no me digas eso…- le sonrió de forma algo triste, y el vocalista frunció el ceño.
- ¿Por qué?. Es lo que pienso…
- ¿Ves?. Adam y tú tienen un cierto parecido… Pero eso no quita que no me guste. No quiero que vivas por mí, ¿entiendes?.
“Aunque de cierta manera, doiha… yo sí estoy viviendo por ti”.
-
Bueno, aunque no te guste, te digo la verdad…- Hyde se separó con
cierto hastío. Se puso de pié frente a Tetsu, aún con las ropas
desaliñadas, y le sonrió.- Será mejor que me vaya a arreglar un poco.
Aunque sería divertido que llegara la comida y los repartidores nos
vieran así…
- Que malo eres…
- Si… pero de todas formas me
quieres…- Hyde le sacó la lengua, le sonrió otro poco, y luego Tetsu lo
vio irse con una sonrisa igual de alegre. Lo amaba, cierto. Y lo amaba
mucho.
Aunque una parte de su mente estaba temerosa por las dimensiones que podría alcanzar ese amor… algún día…
Hyde
por su parte, fue a la habitación, tomó algo de ropa y luego se dirigió
al baño. Iba a darse una ducha. Mientras se desvestía, observó su
reflejo en el gran espejo empotrado en una de las paredes de cerámica, y
pensó en la conversación con Tetsu.
Realmente podía morir si Tetsu no estaba más con él…
“No pienses en eso”, se regañó mentalmente, Se estaba poniendo ahora algo triste de pensar en la posibilidad de una separación.
Entró a la ducha para relajarse un poco con el agua tibia corriendo por su cuerpo.
Entonces, sus pensamientos pasaron a la historia de Adam.
Lo entendía tanto…
Y
entendía también su afán por estar con su amor. Aún después de la
muerte, aún después de todo… aunque tuviera que matarla para que fuera
con él.
En su caso, Hyde sabía que nunca podría matar a Tetsu.
Pero Tetsu sí podría matarlo con una separación o un engaño…
“¡Ya deja de pensar en eso!”.
Mientras se secaba el cabello ahora largo, Hyde se miró nuevamente en el espejo empañado, y se sonrió.
Porque tenían razón… Adam y él eran muy iguales…
“Voy a aceptar el trabajo”, Hyde
pensó finalmente, y se vistió con unos jeans desgastados y una camisa
algo arrugada, totalmente informal. Sin notar que por unos segundos, los
ojos claros le devolvían la sonrisa tras el reflejo.
Publicado por
Dolly
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