::::::::::::
Bodas de Sangre
Cap 15
“Juramentos”
:::::::::::::
El vocalista trató de no reír con ironía. “Hasta que por una vez me es útil parecer una mujer” pensó, compartiendo una mirada cómplice con Sakura, sentado a su lado.
Cuando
el baterista levantó una ceja con expresión perpleja, Hyde tuvo que
hacer realmente muchos esfuerzos para no estallar en carcajadas.
-
Hasta ahora, no hemos podido identificar a la mujer de la foto. El
fotógrafo que la tomó tampoco pudo decirnos mucho al respecto… al
parecer, todo estaba muy oscuro.
- Qué lástima, ¿verdad?- Hyde
tomó una de las imágenes y la observó de cerca, esbozando una expresión
sumamente divertida.- La chica podría hacerse muy famosa si así lo
desea. Mal que mal, es la causa por la que Tetsuya se quiere divorciar…
que pena por ella
Sintió la mirada negra de Sakura fija
en él y no pudo menos que sonreír de forma más amplia. El baterista le
arrebató la foto de las manos y la vio con una clara incredulidad. Hyde
tampoco podía culparlo: ni siquiera él podía creer lo idiota que eran
los paparazzi, al no darse cuenta que la chica entre los brazos de
Tetsuya Ogawa era, en realidad, un hombre.
Un hombre que, de hecho, estaba sentado frente al tipo que le estaba vendiendo las fotos.
-
La verdad es que yo estimo mucho a Tetsuya.- prosiguió Hyde luego de
una pausa, recuperando la seriedad.- Pero aún así, no puedo creer lo que
les está haciendo a su esposa y a su hija… Tampoco me puedo quedar de
brazos cruzados ante ello, ¿entiende?. Aunque los de la disquera
cortasen mi cabeza si se enteraran que soy yo quién está filtrando toda
esta información…
- El ambiente de la música es conocido por
todos los pormenores que se esconden a la opinión pública. ¡No lo sabré
yo!.- el periodista sonrió con ironía y autosuficiencia. Fue entonces
cuando Hyde eligió suspirar cuasi de forma dramática, reclinarse en el
asiento, sacar un cigarro y encenderlo.
-Créame, Hayashi… ni siquiera usted se imagina cuántas cosas no salen en los medios…
“Como que Tetsuya Ogawa y Hideto Takarai son amantes, por ejemplo”.
-
De todas formas- prosiguió el vocalista- si está en mis manos ayudar a
Ayana para que se de cuenta de la clase de persona que es Tetsuya Ogawa,
lo voy a hacer. Cueste lo que cueste.
- Despreocúpese, señor
Takarai, ya le dije desde el primer momento que nadie va a saber de
nuestro acuerdo- el periodista entornó los ojos y se reclinó en la mesa,
de forma casi cómplice.- Usted y yo lo sabemos bien. Como ciudadanos respetables,
es nuestro deber prevenir que la hija del señor Ogawa crezca dentro de
ese ambiente plagado de malas influencias. ¡Imagínese!... el día de hoy
es una descarada infidelidad. Pero, ¿acaso sabemos qué más cosas pueden
pasar?... la fama acarrea muy malas cosas, señor Takarai. Sólo basta ver
aquello que abunda en los periódicos: fiestas de mala reputación,
suicidios, drogas…
Ante la mención de la palabra, Hyde se
enderezó en su asiento, bastante incómodo, y le envió una mirada de
alerta a Sakura. Para su tranquilidad, el baterista seguía con la vista
fija en las fotos, como si no prestara atención a la rimbombante charla
de valores entre los otros dos miembros de la mesa. Una mera pose, ya
que la rectitud en su semblante le dio a Hyde la pauta de que Sakura sí
se había dado por aludido.
Hayashi, por su parte, se dio cuenta de su error y carraspeó la garganta, algo apenado, pero aún así sonriendo estúpidamente.
-
¡Por supuesto que no pretendía referirme a su amigo!.- aclaró al
instante, moviendo sus manos como si detuviera algo material.- El señor
Sakurazawa es un ejemplo de la redención y superación a esa vida, y…
-
No se preocupe por las disculpas - la voz ronca del batero se alzó,
poniendo fin a sus palabras. Sakura finalmente levantó su mirada oscura
hacia él y sonrió con frialdad.- Conmigo puede ahorrarse los halagos,
que el que le paga tanto dinero es Hyde, no yo.
Se hizo un nuevo
silencio entre ellos. El vocalista fijó su mirada en Sakura
transmitiendo una clara advertencia, aunque en el fondo Hyde no sabía si
reírse por la ironía o agarrarlo a golpes por poner en riesgo aquella
actuación de “soy-un-tipo-intachable” digna de un premio.
Al
final, Hyde optó por aclarar su garganta atrayendo la atención de los
presentes. Sonrió de forma conciliadora y le dio a Sakura un puntapié
por debajo de la mesa, regodeándose cuando el baterista entrecerró los
ojos en un gesto de dolor.
- Bueno, Hayashi … no más palabrería
por el día de hoy, ¿le parece?. Supongo que tiene mucho que hacer, así
que no lo entretengo más. Aquí está su pago, como le prometí.
El
vocalista sacó del bolsillo interno de su chaqueta una chequera y un
bolígrafo, escribió la suma en el papel y lo firmó, deslizándolo por la
mesa hasta las manos del periodista enfrente de él. El hombre tomó
rápidamente el cheque y le dio un vistazo breve a la suma de dinero. La
sonrisa que esbozó dejó en claro que estaba muy de acuerdo con el monto
recibido.
- Entonces, por el momento usted quiere que las fotos no se muestren a los medios, ¿cierto?.
-
Sí… Creo que es lo más prudente que podemos hacer ahora. No sé
demasiado de asuntos legales, pero para más seguridad, es mejor que esa
evidencia sólo esté en manos del abogado de Ayana… ¿Tiene usted el
teléfono del fotógrafo en caso de que ella lo requiriese en el juicio?.
- En este momento no lo traigo conmigo. Pero si usted lo desea, buscaré el número y se lo hago llegar después, señor Takarai.
- Se lo agradecería mucho.
El periodista se puso de pie y observó la hora en su vistoso reloj de plata.
- Ahora, si no le molesta me retiro. Como siempre, ha sido un placer hacer negocios con usted.
- Lo mismo digo. Gracias por venir, Hayashi.
- No tiene porqué darlas. Buenas tardes.
El hombre hizo una inclinación con la cabeza, la que Hyde respondió, pero Sakura no.
Cuando
su figura hubo desaparecido por la puerta de la cafetería, el baterista
se levantó también de su asiento y ocupó el puesto en que se había
sentado segundos atrás el periodista, frente a Hyde. Sakura apoyó los
codos sobre la mesa y descansó el mentón en el puente que formaban sus
manos, con la mirada fija en él.
- “No puedo creer lo que les está haciendo a su esposa y a su hija”-
repitió Sakura, imitando tan bien el tono de inocencia que había
empleado Hyde, que ambos comenzaron a reírse.- Tu hipocresía no tiene
límites, Takarai… Deberías comenzar a hacer películas de nuevo. Se ve
que te viene de maravillas esto de la actuación.
Aún sonriendo y fumando en silencio, Hyde le devolvió la mirada firme tras las gafas semitransparentes.
-
Ahora que lo dices, no es tan mala idea… ya que la banda se acabará
gracias al escándalo que está armando Tetsu, creo que tendré muchísimo
tiempo libre.
- Que cretino que eres.- Sakura sonrió también y negó con un gesto-
La banda se va a acabar por tu culpa si sigues así… ¿es eso lo que pretendes?.
- ¿La verdad?. No… Pero será una consecuencia inevitable. Hay que resignarse.
Hyde
se encogió de hombros. Luchó para que su sonrisa no tambaleara. Y si
bien el pensamiento le producía una vaga tristeza, estaba decidido a no
manifestarlo.
Era lo mejor.
- Me parece increíble verte
hablar con tanta naturalidad… ¿No eras tú el más entusiasmado cuando
Larc en ciel comenzó?.Que irónico. Ahora contratas al mismo tipo que se
dedicó a criticarnos por tantos años, para que termine por hundir a tu
banda.
- Larc-en-ciel no es mi banda. Es sólo el ideal de Tetsu,
nada más… Y ya deja de preguntarme cosas que ya sabes. ¿Cuántas veces
hemos tenido esta misma discusión, Sakura?.
A manera de
respuesta, el baterista ahogó un suspiro de hastío y se dedicó a
observarlo por segundos que a Hyde le parecieron eternos. Tal como
tantas otras veces, Hyde tenía la impresión de que la mirada negra del
baterista podía ver más allá de los límites de su cuerpo. Podía leer su
mente. E incluso, podía saber cosas que ni siquiera Hyde sabía.
Tratando
de rehuir el escrutinio, Hyde le dio unos golpecitos al cenicero con la
punta humeante del cigarro, manteniendo la mirada fija en las cenizas
que caían al recipiente de cristal azul.
Recordaba que en el pasado, le gustaba mucho coleccionar objetos de ese color.
“Gradualmente, los gustos van desapareciendo… Al igual que los sueños”.
-
Si te ahogo estas preguntas una y otra vez, es porque supongo que aún
me resulta increíble todo lo que estás haciendo- repuso el batero con
voz grave, quebrando el silencio. Hyde levantó la mirada hacia él y no
pudo dejar de sentirse tranquilo al notar que la mirada estricta de
Sakura se había ablandado. - No te preocupes tanto. Yo no vine aquí para
juzgarte… aunque no me faltan las ganas de sacudirte hasta que entres
en razón, ¿sabes?.
- Tampoco estaría mal que lo hicieras.- Hyde
se encogió de hombros y sonrió con cierta disculpa.- Aunque primero
déjame terminar las cosas que tengo pendientes.
- ¿Cómo joderle la vida Ogawa?.
-
Digamos que quiero mostrarle al mundo quién es en verdad Tetsuya, eso
es todo- Hyde sonrió con algo de malicia.- O como el tarado de Hayashi
bien dijo: prevenir que su hija crezca en un ambiente plagado de malas
influencias y blablabla.
El vocalista rió de nuevo. Apagó
el cigarro en el cenicero y se reclinó en el asiento, ahora sosteniendo
una mirada mucho más tranquila con Sakura.
- De verdad que te he
extrañado mucho, Yachan. No imaginas cuánto- le dijo entonces Hyde casi
reflexivamente, con una mirada cargada de cariño que hizo a Sakura
sentir un poco incómodo.- Pensé que esto iba a hacer más fácil, pero no…
a cada momento tengo ganas de hablarte. Y no sólo para preguntarte cómo
van las cosas con todo lo que te pido, sino porque de alguna forma,
creo que soy completa y jodidamente dependiente de ti.
La voz de
Hyde denotaba una melancolía evidente. Sakura se aclaró la garganta y
se reclinó en el asiento. Sabía que el vocalista no expresaba sus
sentimientos tan fácilmente. Pero cuando lo hacía, podía llegar a ser
sorprendentemente sincero.
- Has tenido a Ogawa cerca todos estos
días. Supongo que él no te ha dado tiempo como para que me extrañes
demasiado.- repuso Sakura entonces con cierto desdén. El vocalista
parpadeó un par de veces, un poco sorprendido, y luego negó con un
ademán.
- Precisamente porqué él está cerca de mí, vigilándome
día y noche, las veinticuatro horas el día, es que extraño estar
contigo. No sabes lo difícil que es saberlo cerca y no sucumbir ante la
necesidad de estrangularlo, de veras.
- Ya. Pero ahora lo tienes
justo donde lo querías, ¿no?... – el baterista entornó los ojos.- A mi
no me engañas, akuma. Estoy seguro que Ogawa no se fue a instalar a tu
departamento solamente para hacer de enfermera… Dime: ¿ya te pidió que
se acostaran o guarda siquiera un respeto por su esposa?.
La
pregunta fue tan sorpresiva que Hyde tardó un poco en procesarla. Y
cuando lo hizo, por supuesto que no le hizo mucha gracia.
- Habla
más bajo, ¿quieres?- le pidió casi masticando las palabras, escudando
su incomodidad en una actitud muy a la defensiva.- ¿Acaso quieres que
todo el mundo nos escuche?.
- Te recuerdo que no me has respondido la pregunta.
-
Tampoco lo voy a hacer, créeme... Por mucho que te quiera, Sakura, no
te voy a dar detalles de lo que hago o dejo de hacer con Tetsu.
- Sería más fácil decir que “no”- el batero sonrió de forma irónica.- Si evades la pregunta, me estás dando la razón.
- Piensa lo que quieras.
Hyde
y él compartieron una nueva mirada, casi sin pestañar. Y aunque no
sabía el motivo a ciencia cierta, Hyde reprimió un estremecimiento
cuando los ojos negros del batero se prendaron de los suyos, casi
mareándolo por la intensidad.
Cuando Sakura suspiró con cansancio, Hyde no pudo comprender del todo el motivo por el que el baterista parecía tan triste.
-
Ya te lo dije, yo no vengo aquí para juzgarte… y sé que aunque lo
hiciera, tú no me harías caso: eres terco como una mula… lo único que te
pido es que tengas mucho cuidado, Hyde. Porque entiéndeme… yo no
soportaría verte destruido de nuevo.
Antes de que pudiera
evitarlo, Sakura lo tomó de las manos. Un tacto frío y a la vez cálido
que hizo a Hyde sentir extrañamente culpable.
- Sé cuidarme solo,
gracias.- contestó Hyde finalmente, aunque el temblor de su voz lo
traicionó. El vocalista apartó la mirada.- De todas formas, te agradezco
por lo mucho que te preocupas por mí…ahora que lo pienso, eres el único
que siempre lo hace. Sería muy estúpido de mi parte no sentirme
afortunado por eso.
Sus palabras se perdieron en la reflexión.
Aún sin mirarse directamente, Hyde no notó cuando el negro de los ojos
de Sakura se hizo aún más turbio. Y la forma en que el batero apretó la
quijada, como si quisiera callar un reproche.
Lo que Hyde sí notó fue que Sakura apretaba el agarre en sus manos, como si así pudiera acallar sus palabras.
“¿Qué tan ciego puedes ser, Haido?”
De
pronto, frente a los ojos de Sakura apareció el rostro de otro hombre.
Uno de rasgos mucho más toscos, pero al mismo tiempo, bastante más
serenos.
El hombre con la entereza suficiente como para verbalizar aquello que Sakura no se atrevía a decir en voz alta.
“No soy yo con quién quieres estar, ¿cierto?”.
“Si en algo te importo, ten la decencia de aceptar que me buscas solamente porque no puedes tener a quién quieres”
-Escúchame- ante la fuerza de la voz, Hyde levantó la mirada en acto reflejo.
Y casi se estremeció ante la tormenta negra que encontró en los otros dos ojos que lo observaban con una turbulencia extraña.
-
Escúchame bien, Haido, porque te lo prometo, te lo juro… si dejas que
Ogawa te destruya de nuevo, no voy a ser tan complaciente contigo. Lo
voy destrozar con mis propias manos, le voy a sacar miembro por miembro
hasta que no quede nada de él… Te lo juro.
:::::::::::::.
- ¡Caray!. ¡No sabías que tenías tanto aguante, Yuki!. ¡En serio!.
La
expresión de asombro en el rostro del guitarrista hubiera resultado
cómica en otras circunstancias. Lamentablemente, aquel comentario no le
hizo mucha gracia.
- El problema con todos ustedes es que
siempre me subestiman- replicó el baterista con tono sombrío, mientras
apuraba el poco de sake que le quedaba en su vaso y lo tomaba de un solo
trago. Carraspeando por el calor en su garganta, Yukihiro le sonrió.-
Ya ves… No eres el único que puede irse de tragos a las doce del día a
manera de desayuno…
- Tampoco lo digas con tanta alegría. Creo que te estás juntando mucho conmigo, Yuki: te estoy pegando todos mis malos hábitos.
- ¿Y eso es malo?.
-
¿Pegarte mis malos hábitos o juntarte conmigo?.- el guitarrista tropezó
con las últimas palabras.- La verdad es que no sé… En este momento, te
confieso que ya no sé nada.
Mientras tomaba un nuevo trago de
la bebida, Ken observó a su acompañante con expresión seria y se
arrepintió por cuarta vez consecutiva por haberlo llevado allí.
¿Por qué siempre terminaban compartiendo tragos?
“Me niego a pensar que quieres emborracharlo, Kitamura… ¡Eso no se hace!”.
A su defensa, Ken tenía que aceptar que esa había sido una medida más
que desesperada para levantar el ánimo del baterista. A medio camino
hacia la cafetería para tomar un nutritivo y normaldesayuno,
Kitamura había observado la expresión taciturna del hombre sentado a su
lado en el asiento del copiloto, y decidiéndolo a última hora, había
cambiado el rumbo del destino.
Un destino que los había dejado frente a una casa de geishas, a las afueras de la ilustre y enorme ciudad de Tokyo.
En
esos momentos, la puerta del salón estilo japonés se abrió y dos
mujeres pálidas, enfundadas en sendos kimonos, dejaron sobre la mesita
un par de botellas adicionales, junto con algunos dulces japoneses. Las
chicas les sonrieron haciendo una reverencia, y tan rápido como habían
llegado se marcharon en el más absoluto silencio.
Cuando la puerta corrediza se cerró, Ken le sonrió a su acompañante y volvió a llenar sus vasos de sake.
-
Retornando al tema, Yuki, ni pienses que te subestimo, ¿eh?- comentó,
levantando su vaso en son de salud- En realidad yo te admiro, ¿sabes?.
Eres el único que parece tener una idea de lo que hace, porque la verdad
es que Tetsu, el enano y yo estamos de mal en peor.
Ken suspiró dramáticamente. Yukihiro lo miró un tanto incrédulo.
- ¿Me estás hablando en serio?.
- ¡Por supuesto!. ¿Tengo cara de mentirte?.
-
No. Tienes cara de borracho- Yukihiro sonrió ante su propio chiste.- De
todas formas, gracias por el halago, pero creo que estás equivocado…
aquí, entre nos, no tengo ni una prostituta idea de lo que hago con mi
vida, Ken… Ya ves, a los cuarenta años ni siquiera me he casado. Además,
soy demasiado correcto para tener muchos amantes a un mismo tiempo,
¿sabes?... Te encuentro toda la razón cuando dices que a veces me
comporto como si fuera un viejo….
- ¿Yo he dicho eso?- el
guitarrista abrió los ojos con sorpresa.- Bueno, Yuki, tu sabes que
siempre suelo decir tonterías… ¡pero te aseguro que no pienso eso!.
¡Todo lo contrario!... Te admiro porque eres un tipo correcto, lo que es
casi una especie en extinción hoy en día. Además, deberías sentirte
afortunado por no haber pasado por la tortura del matrimonio… me he
casado tres veces, Yuki. Sé perfectamente bien de lo que te hablo.
Kitamura bebió un trago e hizo un gesto amargo, tanto por la fuerza de la bebida como por la agria idea del matrimonio.
-
Pero al menos trataste de hacer algo con tu vida.- le rebatió Awaji de
forma terca- Pudiste andar seriamente con alguien...Yo ni siquiera me
atrevo a eso.
- Te confesaré algo: me casé sólo porque las tres
me juraron que estaban embarazadas. ¡Y yo como tonto, caí una y otra
vez!- Ken se rió con amargura.- Yuki, afuera debe haber un séquito de
chicas felices de que un tipo tan bueno como tú se case con ellas… pero
aprende de nuestros errores. ¡No creas en sus palabras dulces!. Las
mujeres son como las serpientes: atractivas, pero letales…un tipo guapo y
buena onda como tú no merece que lo atrapen con supercherías. ¡Claro
que no!.
Kitamura se inclinó hacia él y le dio un golpe amistoso
en el hombro. No pareció notar como Yukihiro estrechaba los ojos con
suspicacia.
- Sé que me estás diciendo esto como amigo, pero,
Ken, ya no me alabes tanto, ¿si?. Mira que voy a pensar seriamente que
quieres algo más conmigo.
El baterista adoptó una expresión
seria. Y cuando vio que Ken apartaba la mano de su hombro tan rápido
como si le hubiera dado una descarga eléctrica, estalló en ligeras risas
y tomó otro trago aún riendo. Claramente lo había dicho en broma, pero
aún así el guitarrista sintió como su rostro se teñía de rojo, y no
precisamente por culpa del alcohol.
- ¡Por dios, no me digas que
te incomodé!- exclamó Yukihiro entonces, viendo un poco perplejo la
expresión de incomodidad de Ken- ¡Dios mío!... jamás pensé que alguien
podría dejar sin palabras al siempre bromista y descarado Ken Kitamura.
-
¡Bah!... No digas tonterías- aún un poco nervioso, Ken en se aclaró la
garganta y se acomodó en su posición, arrodillado frente a la mesa- Con
todo lo que te quiero, Yuki, lamentablemente no eres mi tipo.
Tomándolo
como otra broma, Yukihiro hizo gesto de indignación y se puso a reír de
nuevo. Pese a su turbación, Ken no pudo evitar contagiarse con esa
risa. Después de cómo lo había visto en la mañana, era casi un alivio
ver al baterista mucho más animado.
Aunque la alegría se debía a un par de muchas copas de más.
-
Supongo que puedo vivir con tu rechazo, no te preocupes- siguió
bromeando Yukihiro luego de un rato, poniendo una mano en su pecho con
expresión seudo herida.- En el fondo, prefiero que seamos amigos,
Kitamura. No quiero tener a tus tres ex-esposas detrás de mí, queriendo
eliminarme por haberte volteado la chaqueta.
- ¿Volteado la chaqueta?.- Ken frunció el ceño.
- Claro. Por haberte convertido en gay.
- ¿¡Qué!?- Kitamura casi se atragantó con el sake.- ¿Qué me estás diciendo?.
- Kitamura, era una broma.-
junto con sonreír, Yukihiro también lo vio con cierta incredulidad-
¿Sabes?, realmente empiezo a creer que el que ya no tiene resistencia al
alcohol eres tú y no yo.
“¡Estarás borracho, idiota, pero al menos contrólate un poco!, ¿quieres?”
Ken se regañó mentalmente. Por fuera, hizo un gesto con su mano, como
si espantara una mosca, simulando que se reía de las palabras del otro.“Pareces
un inexperto, hay que ver…si sigues así Yukihiro se va a dar cuenta que
lo único que quieres que callar sus bromitas a punta de besos”
“Ok… yo NO pude haber pensado eso…”
-
Entonces, hagamos un salud porque este es uno de los desayunos más
entretenidos que he tenido últimamente, ¿te parece?- el baterista
levantó su vaso e instó al otro para que hiciera lo mismo, totalmente
ajeno a los pensamientos que Ken estaba teniendo.- De verdad, Ken… me
hacía falta distraerme un rato. Muchas gracias.
Había dejado el
tono bromista de lado. El guitarrista pestañeó un par de veces y volvió
al presente, encontrándose con el rostro mucho más sereno de su
compañero de banda.
Un rostro que de nuevo estaba un poco triste.
“No me hagas esto. Prefiero que te rías de lo idiota que soy a que pongas esa cara… Yuki, por favor…”
-
No me tienes que dar las gracias, es decir… cuando quieras, podemos
volver y ponernos borrachos a las doce del día- Ken esbozó una sonrisa
algo tímida y se rascó la nuca - No sé porqué últimamente sólo te invito
a tomar, pero supongo que sólo es porque no soy tan creativo con los
lugares como las demás personas…. O quizás soy un borracho sin remedio.-
su sonrisa se acentuó.- Creo que estoy un poco mareado y se me están
trabando las palabras, pero… de todas formas, el asunto es que estoy
feliz porque estamos compartiendo este buen sake y… eso. Creo.. ¡Salud!.
Chocaron
los vasos con un ruido tintineante. Kitamura apartó la mirada y tomó un
trago largo. Sintió que el alcohol le raspaba la garganta… Rezó
internamente para no lucir tan tonto como se sentía.
Para su mala
suerte, Yukihiro se le quedó mirando de forma fija y en silencio. Lo
que por supuesto, puso al guitarrista mucho más incómodo de lo que
estaba.
“Yuki lo sabe todo” de pronto Ken pensó, sintiendo algo cercano a la fatalidad. “Se
me debe notar a mil kilómetros a la redonda… sabe que me muero por
darle un beso y demostrarle que puedo ser mucho mejor que el imbécil de
Sakura…”
La sombra del baterista de cabello negro no había
aparecido en su mente desde que habían empezado con los tragos. Sin
embargo, al reparar nuevamente en que él era el culpable de la mirada
cansada y triste del otro batero, Ken apretó el agarre en su vaso como
si éste fuera el pescuezo de Sakura.
“¡Claro que soy mucho
mejor!... Yo nunca estaría con Yukihiro pensando en alguien más, hay que
ser un verdadero imbécil para cometer ese error”.
Como si
leyera su mente, Yukihiro eligió ese momento para preguntar aquello que
rondaba en su mente desde el principio de la mañana.
- Hablaste con Sakura, ¿cierto?.
Y tal como el baterista esperaba, Kitamura se atragantó por segunda vez y lo miró con una innegable sorpresa.
- ¿Cómo?
-
Eso, sé que hablaste con Sakura antes de vernos hoy- en realidad,
Yukihiro no lo sabía con certeza. Pero el presentimiento que le causaban
las actitudes tan condescendientes por parte de Kitamura lo tenían
prácticamente convencido.- Ken, no te estoy reprochando nada… es tan
simple como que lo reconozcas. No soporto sentirme así, tan… expuesto.
La
confesión pareció quedarse en el aire. El guitarrista se aclaró la
garganta, casi afligido, como si las palabras del batero hubieran sido
una bofetada en su rostro.
- ¿Y qué debería haber hablado con
Sakura?- preguntó de vuelta, eludiendo de forma descarada los cargos.
Yukihiro ahogó un suspiro y sonrió de forma triste.
- Sabes bien a lo que me refiero.
-
¿Ah sí?, ¿lo sé?- como un reflejo, Ken se puso a la defensiva.- Ustedes
dan por sentado que yo siempre lo sé todo… qué extraño, Yuki. Porque
estoy comenzando creer que siempre soy el último en enterarme de lo que
pasa frente a mis narices.
Kitamura se detuvo de pronto. En una
extraña coincidencia, se dio cuenta que le estaba repitiendo los mismos
argumentos que le había dado a Sakura durante su discusión de esa
mañana:“Ni él ni tú nunca me dijeron nada… ¿crees que soy adivino o qué?”
Se
hizo un leve e incómodo silencio. Ken respiro y exhalo profundamente un
par de veces, y tratando de controlar su nerviosismo decidió ser un
poco más sincero.
- Vale, tienes razón. Sakura vino por la mañana para darme la noticia de su… em… rompimiento.
De nuevo tropezó con la última palabra. Y ya no era por el alcohol.
Después
de su confesión, Yukihiro bajó la mirada y acentuó la mueca que
simulaba ser una sonrisa. Cambió su postura a una mucho más cómoda. Para
sorpresa de Ken, no parecía tan abatido como el guitarrista podría
haber imaginado.
- Es curioso. No sé si se pueda catalogar como “rompimiento” algo que nunca comenzamos.
-
Eso sí que es curioso - Ken replicó casi sin pensarlo.- cuando dos
personas concluyen en la misma cama entonces sí comienzan algo: una
relación de amantes.
- Quizás tienes razón… pero aún así, si no
estableces las reglas, la otra persona jamás deja de ser un desconocido,
aunque tengan de vez en cuando sexo.
- Entonces, Sakura era un
desconocido para ti- Kitamura concluyó ahora con algo más de rudeza. En
realidad, se había quedado con otra frase dicha por su compañero de
banda: “aunque tengan de vez en cuando sexo”.
No era algo
que no hubiese imaginado. Aún así… la visión de Yukihiro y Sakura en la
cama lo hacía hervir de puros, genuinos y asquerosos celos.
-
Quizás era un extraño, de alguna forma… siempre he creído que todos los
seres humanos no dejamos de ser desconocidos ante los ojos de los
demás.- concedió Yukihiro luego de unos segundos, sin parecer demasiado
afectado por la rudeza de las preguntas de Ken.- Además- agregó-,
aunque te acuestes con otros, aunque compartas un par de palabras y
conversaciones y aunque trabajes con muchas personas a tu alrededor,
siempre están esas malditas cosas ocultas, las caretas que nos hacen ser
y sentirnos como absolutos y perfectos desconocidos…
Las
palabras de Yukihiro se escuchaban cargadas de rabia. El baterista tomó
su vaso de sake, le dio un trago, cerró los ojos y suspiró.
Y así, de pronto… Ken sintió que era otro el hombre que compartía la mesa con él.
-
He tenido miles de relaciones netamente por sexo, créeme, ¡muchísimas!.
Pero jamás me he sentido tan mal por romper con ellas como te veo a ti
ahora…- el guitarrista comentó tras un intervalo, tratando de ser cauto,
pero aún así firme. Yukihiro entornó su mirada turbia hacia él y se
quedó quieto.- Sé que no tengo ni un derecho de preguntártelo, pero… ¿lo
querías, acaso?. ¿Terminaste enamorándote de ese idiota, aún sabiendo
que en realidad Sakura….?
- ¿Sakura qué?- el baterista inquirió,
aunque en su sonrisa amarga se notaba que él comprendía porqué Kitamura
había dejado la frase abierta.
Yukihiro negó con un gesto. Contrariamente, aquel ademán era, de cierta forma, una afirmación.
-
¿Te refieres a ese extraño amor que Sakura siente por Hyde?... Bien,
quizás sí lo sabía. O quizás no. O quizás era sólo que no quería
aceptarlo... Supongo que en el fondo soy tan orgulloso como él. Y me
hubiera sido imposible digerir que con todos mis esfuerzos, no podía
aplazar el cariño que Sakura siempre le ha profesado a Hyde.
- ¿Lo envidias?. Quiero decir… ¿te da rabia contra el enano?.
-
¿Y tú que crees?. ¡Soy humano, Ken! ¡Por supuesto que me da rabia con
ambos!- Yukihiro se rió.- Pero, por otro lado, me obligo a ser justo con
Haido. No soy tan cercano a él como tú, o como Tetsu… Sin embargo,
hemos conversado muchas veces, sé que Hyde me tiene cierta confianza y
creo conocer cómo es su carácter. A pesar de su postura rebelde y
decidida, Hyde es una persona muy débil en algunos aspectos, seguro que
tú también lo has notado. Y después de todo lo que ha pasado entre él y
Tetsu, me atrevo a decir que ahora lo último que Hyde haría sería poner
en riesgo lo único que se ha mantenido inalterable a lo largo del
tiempo: su amistad con Sakura… si en el día de mañana Sakura tuviera los
cojones para aceptar que lo quiere más que como un amigo, Haido jamás
lo aceptaría. Y Sakura también lo sabe. Por eso nunca le dirá nada, de
eso estoy seguro.
Tras las palabras se hizo un nuevo silencio.
Una ligera sombra de triunfo le dio un nuevo brillo a los ojos de Awaji,
y este brillo de malsana alegría provocó que Ken se removiera algo
inquieto en su puesto. Se había puesto serio… definitivamente, al tocar
el tema de Sakura, el tipo sereno que era Yukihiro había cambiado por
completo.
Y aunque entendía sus razones, el cambio no le estaba gustando en lo absoluto.
-
Cuando se te pase un poco la rabia, quizás mirarás todo de forma
distinta- declaró el guitarrista casi fríamente.- Supongo que te doy
toda la razón: con lo enamorado que está Haido de Tetsu, no le hará caso
a Sakura si el idiota intenta algo… pero lo que me preocupa ahora es
que veo cuánto te alegra esto. Eso, se llama resentimiento, Yuki… y
aunque es natural que lo sientas, la verdad es que no va contigo… tengo
fe de que en unos días más te darás cuenta que él y tú no hacían buena
pareja. Quiero al idiota de Sakura, sí… pero Yukihiro, tú mereces
alguien mucho mejor.
“¿…Cómo yo?”
Para su sorpresa, Yukihiro se puso a reír.
-
¿Te das cuenta?. ¡Eso es justamente lo que me choca!- dijo, y su
alegría era tan falsa que Ken deseó verlo triste de nuevo- ¿Y quién es
el que merezco, según tu criterio?. ¿Dios?... con el ramillete de
virtudes que ves en mí, Ken, jamás encontraré a alguien que esté a mi
altura. A menos que sea un ser cercano a la santidad.
- Ser que
no es Sakura, está claro- acotó el guitarrista con algo de humor negro.
No le gustaba en lo absoluto que el otro se tomara sus alcances como
bromas.
Porque no lo eran.
- De todas formas, ¿ves cuánta
razón tengo?. ¡Todos me subestiman!... Créeme, Ken, no soy ni la mitad
de bueno de lo que piensas. Y mejor así... Las personas demasiado buenas
llegan al punto de ser idiotas. Ingenuas… y sufren. Sufren mucho.
Sus
palabras ahora se escucharon algo más amargas. Yukihiro perdió su
mirada en un punto indescifrable por un par de segundos, y luego volvió
a sonreír. Y a parecer firme.
- Nunca es tarde para darnos
cuenta de nuestros errores, ¿no es cierto?. Puede que sí esté un poco
enfadado por todo esto, pero en el fondo le doy gracias a Sakura por
abrirme los ojos. Por hacerme darme cuenta que no basta con buenas
intenciones para cambiar los sentimientos de nadie… no voy a ser tan
tonto de nuevo. No volveré a tratar de ganarme el afecto de nadie… En
estas cosas, es mejor mantenerse de forma impersonal. Así se disfruta
mejor la vida, sin ataduras… ese es tu lema también Ken, ¿no cierto?.
A manera de respaldo, Yukihiro lo observó de forma fija. Ken se esforzó por similar una sonrisa. Pero no pudo.
No le gustaba aquello que se estaba desarrollando frente a sus ojos.
“Si hace poco te detestaba… ahora, juro que deseo golpearte, Sakurazawa”
- Claro, ese es mi lema… y no te imaginas cuán feliz me ha hecho.
El tono irónico fue más que evidente. Kitamura bajó la mirada y se tomó
el trago de una vez, estableciendo un nuevo e incómodo silencio. Su
corazón golpeteaba furioso dentro de su pecho, como desde años no lo
hacía, y de pronto, Ken estaba consciente de que un ligero sentimiento
de angustia estaba comenzando a surgir en él.
Sabía que la rabia y
la desesperación podían provocar muchas cosas, llevaban a decir muchas
promesas, sin embargo… ¿Qué pasaría si Yukihiro hablaba en serio?. ¿Qué
pasaría si realmente se dedicaba a mantener la fachada fría e impersonal
que mantenía desde ahora?
“Este es el momento… si no se lo dices ahora, entonces, quizás después sea demasiado tarde”.
-
¿A dónde vas?- Ken volvió bruscamente al presente cuando vio que su
compañero se levantaba de la mesa. Yukihiro le sonrió de forma
misteriosa y se encogió de hombros.
- No te preocupes tanto, sólo voy al baño. Tampoco es que piense fugarme para dejarte pagando la cuenta.
Se
rió. Ken no alcanzó ni siquiera a reaccionara para cuando Yukihiro ya
había alcanzado la puerta y salía a través de ella. De pronto, solo con
todas sus dudas, el guitarrista estuvo tentado a seguir por una vez sus
impulsos. ¿Qué más podía perder?.
Kitamura se puso también de
pié y salió con pasos largos y rápidos hasta los pasillos intrincados de
la casa. Miró para todas partes: de Yukihiro no había rastro. “¿Por qué eres tan rápido, Awaji?”,
pensó con algo de rabia, y en cuanto vio a la primera chica vestida con
kimono, se acercó para preguntarle lo más amablemente que pudo dónde
era que estaba el baño.
- Tiene que salir hasta el fondo, doblar a la derecha, bajar dos pisos, irse por la parte izquierda y contar tres puertas.
-
Emmm… gracias…- sin entender demasiado, Ken le sonrió por cortesía y se
fue rápidamente hasta el fondo del pasillo principal, rogando a todas
las divinidades que conocía para no perderse.
Quizás ese día
estaba de suerte, porque sin muchas equivocaciones logró llegar hasta la
puerta marrón con el letrero de “hombres” tallado en ella. Al entrar,
pudo comprobar que su suerte sí era mucha, porque en el baño solamente
estaba Yukihiro lavándose las manos.
El baterista levantó la mirada hacia él y se quedó ligeramente sorprendido.
-
¿Qué pasó?. ¿te dieron deseos de pronto?- Yukihiro se rió un poco.
Cortó el agua del lavamanos y encendió el aparatito que expulsaba aire
caliente.
- Sí… me dieron deseos de pronto…- Ken masculló
algo estúpidamente. El pensamiento de qué clases de deseos era los que
estaba sintiendo en ese minuto casi lo hizo reír de nerviosismo.
Con
un movimiento casi maestro, cerró la puerta del baño a sus espaldas y
le puso llave. Miró de nuevo a su alrededor, confirmando que estaban
solos en ese baño moderno que rompía todo el aspecto tradicional de la
casa. Absorto en lo suyo, Yukihiro ni siquiera parecía haberse dado
cuenta de que las posibilidades de huída eran limitadas.
- Bueno,
si quieres te espero afuera mientras haces lo que tengas que hacer-
Yukihiro le propuso casi amable- Aunque te advierto que no puedo tomar
más… a menos que quieras que me emborrache contigo, lo que ya no sería
algo nuevo…me estás llevando por el mal camino, Kitamura.
De
nuevo, siguiendo sus impulsos, Ken se adelantó de forma lenta hasta
donde su compañero de banda estaba y se apoyó en la pared, observándolo
atentamente.
Desde hace años que no se ponía tan nervioso.
- Oye, Yuki… sobre lo que me dijiste allá arriba, eso de no volver a esforzarte por el cariño de nadie… ¿era en serio?.
Ante
sus propios oídos, las palabras sonaron casi ahogadas. El baterista
levantó la mirada de sus manos y frunció el ceño, en actitud claramente
confusa.
- ¿A qué viene la pregunta?.
- No importa. Sólo respóndeme, ¿quieres?.
-
Bueno…- Yukihiro sonrió por incontable vez, y Ken tuvo unas ganas casi
irreprimibles de presionar todas esas sonrisas hipócritas contra sus
labios.- Sí, era cierto…. Pero no creo que me hayas seguido al baño
solamente porque querías saber eso, ¿cierto?. Me hubieras hecho la
pregunta cuando regresara a la mesa.
“¿Por qué tienes que ser tan malditamente inteligente?”,
pensó Ken sin poder contenerse, en cuanto la mirada de Yukihiro pasó de
la confusión a la perspicacia. Nunca se había dado cuenta de lo
atractivo que se veía el baterista cuando hacía ese gesto de arrugar las
cejas y poner la mandíbula tensa.
“Estás jodido, Kitamura. No tienes nada qué hacer… Él te encanta”
- Yo no te seguí solamente para hacer preguntas- contestó entonces Ken, de forma casi mecánica. Yukihiro levantó las cejas.
-
¿Ah, no?... Bueno, estoy seguro que tu vejiga te lo va a agradecer si
decides vaciarla y no seguir tomando más sake…. Creo que estás borracho.
-
¡No estoy borracho!- Kitamura casi masticó las palabras, sonando como
un niño- Tengo mucho más resistencia al alcohol que tú, Yuki… y además,
¡no me cambies el tema!.
- ¿Tema?, ¿qué tema?- Yukihiro
lanzó una risita.- De veras que debes estar bien borracho. Lo que pasa
es que a ti no se te nota, excepto cuando empiezas a actuar de manera
tan rara, como ahora.
- ¡Ah, ok!... ¿te parece que estoy borracho sólo porque te sigo al baño para decirte que me gustas?. ¡Pues bien! ¡A mí me parece que estoy demasiado sobrio, fíjate!.
Ken apretó los puños con impotencia. Cuando vio que su compañero abría los ojos de forma atónita, se dio cuenta que lo había dicho.
E increíblemente… no se arrepintió.
-
¡Ahora te quedas en silencio, ¿verdad?!- siguió contraatacando, de
pronto lleno de fuerza y rabia que no sabía cómo canalizar.- Te pasas
hablando de Sakura y del enano y ni siquiera me dejas aclararte lo que
siento. O sea… ¡Ni siquiera has escuchado todo lo que tengo que
decirte!. Porque, ¡claro!, es fácil decir que no te quieres involucrar
nunca más con nadie, pero, ¿cómo crees que me siento yo con todo
esto?... ¡NO ES JUSTO!. ¡Me costó demasiado aceptar que me gustabas,
Awaji, como para que ahora vengas con esa postura de melodrama!… Que el
idiota de Sakura haya sido un ciego como para no valorarte, no significa
que los demás seamos iguales. Y aunque sé que no soy mucho mejor que
él, ni soy perfecto y quizás ni siquiera merezco a alguien como tú a mi
lado, ¡yo sí te quiero, ¿entiendes?!... ¡Y ya me harté de seguir
tragándome todo esto!.
El guitarrista tomó una bocanada de aire, sintiendo como su corazón se iba relajando de a poco. ¡Qué alivio!...
ni siquiera había pensado antes de decir todas esas cosas, sin embargo,
ahora se sentía mucho mejor. Como si al fin se hubiera sacado un gran
peso de encima.
Yukihiro por su parte, se mantenía quieto en su posición, aún mirándolo de forma asombrada.
- ¿Qué… qué me acabas de decir?- preguntó, en voz muy baja. Ken bufó.
-
¡No te hagas el desentendido, Yukihiro!… Vale, si quieres que te lo
repita pues lo hago: me gustas… y me choca parecer un quinceañero
declarándome en el baño, pero ya ni modo.
Ken apretó los labios y
frunció las cejas. Vio el efecto de sus palabras en el rostro del
baterista, que pasó de la sorpresa a la meditación, y luego, a una
forzada expresión taciturna.
- Ken… no sé qué bicho te picó. Pero si esto es una broma, ten por seguro que no estoy de ánimos como para aguantarla.
Enviándole
una mirada de advertencia, Yukihiro hizo un ademán de retirarse, pero
Ken fue mucho más rápido que él. El guitarrista lo tomó del brazo y lo
obligó a mirarlo de frente.
- ¿Tan increíble te resulta que me
gustes?- le espetó, de nuevo a la defensiva. Yukihiro ahogó un suspiro y
se obligó a calmarse.
- ¿Me estás hablando en serio?.
- ¡Claro que sí!. ¡Carajo!,¡es lo que he estado tratando de decirte todo este tiempo!.
Kitamura hizo un alto, sus palabras perdiéndose en un lugar indescifrable de su garganta.
Luego
de una pausa, Yukihiro suspiró de nuevo. Miró al piso. Cerró los ojos,
como si le hubiesen dado una muy mala noticia… cuando los abrió, había
adoptado la misma expresión tranquila y conciliadora de siempre. Aquella
perfecta expresión de autocontrol que a Ken tanto le disgustaba.
-
Este no es el mejor momento para decirme estas cosas, ¿sabes?- comentó
casi con filosofía. El guitarrista, sin embargo, sintió sus palabras
casi como una ofensa.
- ¿Y tú crees que no lo sé?... ¡Por dios!.
Hasta hace unos días juraba que era heterosexual… y luego me enteré de
lo que pasó entre tú y Sakura, y sentí tantos celos… cuando te vi en la
mañana, quise partirle la cara al muy idiota por atrever a dejarte. Y a
la vez, aunque no esté correcto, me sentí tan aliviado de que ya no
estuvieras con él, Yukihiro…
El batero estrechó sus ojos. Su
rostro pasó de la tranquilidad al más puro enojo, y entonces Ken se
quedó mudo, llamándose mil veces tonto por atreverse a ir tan lejos y
ser tan sincero.
- ¿A sí que te alivió verme esta mañana,
Kitamura?- preguntó Akaji con voz fría.- ¿No será que te pusiste celoso
por saber que Sakura se te había adelanto?... ¡Qué mierda es lo que
quieres, Kitamura!. ¿Acaso ya te cansaron las mujeres y piensas incursar
en el plano de los hombres?... ¿de veras no estás haciendo todo esto
para ver si soy tan tonto como para caer en tu juego?. ¡Dime!.
- ¡NO!... Yuki, yo no…
Se
le trabaron las palabras. Incrédulo, vio como Yukihiro lo apuñalaba con
la mirada y se soltaba del agarre en su brazo con un gesto brusco,
haciendo halago de toda su fuerza. Yukihiro lo miró con ira por un par
de segundos más, y luego le dio un empujón que casi lo hizo caer para
que se apartara de su camino.
Pese a la sorpresa, por segunda vez
Ken fue más rápido. Y antes de que Awaji pudiera llegar a la puerta,
Ken lo volvió a tomar del brazo, lo obligó a dar la vuelta y lo
arrinconó contra la pared, de tal forma que sus rostros quedaron a unos
cuantos centímetros de distancia.
Ya fuera por la rabia o por la
fuerza de la situación, Yukihiro no pudo evitar un estremecimiento
cuando vio los ojos negros de Ken tan cerca de los suyos, brillando con
furia, dándole carácter a su expresión iracunda, como un animal a punto
del ataque.
- ¡Cómo puedes pensar que juego con esto!- Ken le
dijo con la voz ronca, masticando las palabras, sus manos como tenazas a
cada lado de su cuerpo como si quisiera abrazarlo y triturarlo al mismo
tiempo.- Eres un imbécil… no sabes cuánto me costó reunir el valor para
venir aquí y confesarte todo… ¿y tú reaccionas así?. ¡Qué mierda te
pasa!... Si no te interesa tener nada conmigo, dímelo de frente. ¡Pero
no te atrevas a insinuar que esto es un juego!. ¡No voy a exponerme a
sonar cursi y declararte lo que siento por un simple juego, ¿me oíste?!.
Tras
sus palabras, el guitarrista lo observó casi sin pestañar. Sentía en
cada recoveco de su cuerpo la adrenalina corriendo y expandiéndose como
si fuera un veneno. Si mirada bajó de los ojos de Awaji hasta sus labios
delgados. Sin pensarlo, se acercó hacia ellos…
Y por supuesto, antes de que pudiera darle el beso, Yukihiro apartó el rostro.
Se
quedaron quietos en sus posiciones, respirando entrecortadamente como
dos animales a punto del ataque, sin atreverse a comenzar el movimiento.
Ken bajó el rostro casi derrotado e impotente, apretó los puños hasta
casi hacerse daño, y casi saltó cuando alguien del otro lado de la
puerta comenzó a golpearla de mala gana. El guitarrista lanzó una
maldición en voz alta y se obligó a separarse de Yukihiro, quien lo
miraba impasible, apretando la quijada. Gélido como una estatua de
hierro.
- Supongo que no debí decirlo de esa forma. ¡Por
supuesto que no podría alegrarme verte triste!.. Desde que pasé a
buscarte esta mañana, desde entonces supe que debía hacer algo para que
ya no estuvieras tan mal, lo que fuera… yo…- Ken sonrió con amargura y
tragó saliva.- Yo… no creo en eso de que un clavo saca a otro clavo y
esas chorradas, pero… vencí todas mis reservas y ahora estoy aquí. Y si
te digo todo esto es porque necesito que sepas que alguien puede
quererte, y mucho… Yukihiro, yo estoy dispuesto a hacerlo.
De
nuevo, se quedó en silencio, sintiéndose idiota y muy cursi, pero aún
así obligándose a mantenerse estoico en su posición. Todavía seguían
golpeando ruidosamente la puerta. Antes de que Ken perdiera la paciencia
y le gritara un insulto al malnacido que había osado interrumpirlos,
Yukihiro habló.
- Supongo que yo soy el que debería pedirte
disculpas. Perdí los estribos… al final terminé descargándome contigo. Y
tú eres quien menos tienes la culpa de toda la mierda que llevo dentro.
Kitamura levantó la mirada con sorpresa. Su corazón se había
detenido por un segundo, de seguro… cuando Yukihiro le sonrió de forma
tentativa, el guitarrista no pudo evitar responder la sonrisa. Con unas
ganas increíbles de ponerse a saltar, a gritar, ¡lo que fuera!... tenía
demasiada adrenalina y nervios corriendo dentro de su cuerpo.
-
Supongo que no esperaba que reaccionaras de las mil maravillas sabiendo
como están las cosas y, bueno… en realidad, ni siquiera pensé en cómo
reaccionarías, la verdad…- el guitarrista se llevó una mano al cuello y
se masajeó.- Tampoco es que me deba ilusionar que aceptes tener algo
conmigo de buenas a primeras, pero… al menos piénsalo, ¿vale?. Por
ahora, me conformo con eso.
A modo de respuesta, Yukihiro ahogó
un suspiro y apartó la mirada. Ya libre del agarre del guitarrista, sacó
el cerrojo de la puerta, pero antes de abrirla, se dio vuelta hacia Ken
con algo de pesar, aún rehuyendo verlo a los ojos.
- Entiende que ahora no me quiero involucrar con nadie… es lo último que se me pasaría por la cabeza.
- Pero, Yuki…
-
Si te sirve de algo, te aseguro que lo voy a pensar. Es imposible que
no lo haga…- las comisuras de la boca del baterista se movieron casi en
una sonrisa.- De todas formas, no te prometo nada…. Salvo que sí lo voy a
pensar.
Sin mucha alternativa, Ken se cruzó de brazos y terminó
asintiendo de forma resignada. Y cuando Yukihiro hizo un ademán de sacar
dinero de su cartera, Ken lo detuvo con un gesto.
- Te dije
desde un principio que hoy yo invito- aclaró.- Además… sería lo menos
que puedo hacer después de provocarte este mal rato, ¿no crees?.
Trató
de sonar bromista y fracasó estrepitosamente. Yukihiro le lanzó una
mirada de disculpa que Kitamura rehuyó, abrió la puerta y salió en
silencio hacia el pasillo. Un tipo alto y con cara de malas pulgas entró
mientras Yukihiro se iba.
- Si quieren privacidad búsquense un
motel, ¿no?.- comentó de mala gana, mientras pasaba por al lado de Ken y
caminaba rápido hacia uno de los inodoros.
Ken le envió una
mirada asesina. En el fondo, si hubiera dado todo porque ese rato
compartido con Yukihiro hubiera sido digno de un motel.
:::::::::::::::::::
Las
tres de la tarde. El vocalista se sentó en la escalinata que daba a la
entrada del centro comercial, checó la hora en su reloj y maldijo por
incontable vez la extrema preocupación de su querido amante.
-
Está detrás de mí como si fuera mi padre postizo- comentó en tono
lúgubre. Lejos de molestarse, Sakura se quedó de pie a su lado y se
cruzó de brazos, mirándolo con una sonrisita burlesca.
- ¿Te dijo en cuánto tiempo llegaría a buscarte?.
- No. Pero conociendo lo maniático que es, estará aquí en menos de diez minutos, te lo aseguro.
El vocalista suspiró y levantó la mirada para ver a Sakura, totalmente afligido.
-
¿Sabes?, siento que el tiempo se ha hecho demasiado corto, como cuando
éramos adolescentes y nuestros padres nos dejaban salir hasta cierta
hora, ¿te acuerdas?- Hyde sonrió con melancolía. Más que nunca se sintió
cansado.- De verdad, Yachan… hubiese deseado permanecer más tiempo
contigo. Sobre todo porque últimamente, no sé cuándo podré verte de
nuevo.
- Bueno, te lo dije antes: tenías muy calor que esto iba a
pasar cuando decidiste volver con Ogawa, ¿no?. - Sakura se sentó junto
a Hyde y sacó un cigarro de sus bolsillos.- O más bien, cuando
decidiste que querías que él volviera contigo… Todo sería más fácil si
decides pasar la página de una vez, pero claro… como siempre, sigues
siendo tan malditamente rencoroso, akuma…
Sus palabras murieron
mientras se dedicaba a prender el cigarro. Por su parte, Hyde le dedicó
una mirada resentida, se cruzó de brazos y aparto el humo del cigarro de
un manotazo, en silencio, como un niño regañado.
El vocalista
fijó la mirada en sus manos. Volvió a checar la hora en su reloj. Habían
pasado cerca de cinco minutos desde que Tetsuya lo había llamado,
preocupado por saber dónde estaba. La reunión con el abogado había
acabado hace horas y, por supuesto, Hyde no había contestado a sus
llamadas mientras negociaba lo de las fotos y por sobre todo, durante su
plática con Sakura.
Hablando del baterista… Hyde le envió una mirada furtiva y sonrió con tristeza.
Gracias
a su compañía, aquella había sido la primera vez en días que el
vocalista había podido olvidar, a ratos, la sombra de Tetsu.
Ahogando
un suspiro, Hyde espantó la melancolía, sacó el sobre con las fotos y
se las tendió al baterista de cabello negro, quien seguía fumando.
-
Esto ahora es tuyo.- le dijo en voz baja- Tú eres quien hace la próxima
jugada… ya viste cuánto dinero me costaron las malditas fotos, así que
cuídalas mucho, ¿vale?.
Sakura asintió con un ademán. Hyde amplió
la sonrisa, más que nada porque sabía que sus palabras eran infundadas.
Por supuesto, no podía entregarle su confianza a mejor persona… y
además, con todo lo que lo conocía, Hyde podría jurar que el baterista
haría más que un buen trabajo.
Mal que mal, Sakura tenía una destreza increíble para tratar a las mujeres, incluso mayor a la que ostentaba Ken…
- Haré lo que quieras, pero no te garantizo que ella me crea- Sakura
dijo en ese momento contradiciendo en algo sus pensamientos. El batero
se guardó el sobre con las fotos en el bolsillo interno de su chaqueta,
le dio otra calada al cigarro y miró hacia el horizonte, de forma
pensativa.- Ten cuidado, Hyde…. No he conversado con la esposa de Ogawa
muchas veces, pero está claro que Ayana no es tan tonta como piensas…
Si no me cree y se da cuenta que eres tú el que está detrás de todo
esto, puedes quedar muy mal parado. Y eso, akuma, lo sabes tú mejor que
yo.
Los ojos de Sakura lo observaron de forma elocuente y
profunda. Hyde asintió con gravedad, mirando el piso de forma reflexiva.
Luego, su expresión mudó a una mueca de pura ironía.
- Ella supo
cómo meterse en la cama de Tetsu hace unos años, aunque el muy maldito
estaba conmigo… Queda en evidencia que Ayana no tiene ni un pelo de
tonta. Lo tengo bastante claro.
- Te recuerdo que ahora fuiste tú
quien metió sus aristocráticas narices dentro de su matrimonio. No
tienes derecho a sonar tan resentido.
- ¿La estás defendiendo?-
Haido desvió la mirada hacia la silueta negra de Sakura, entornó los
ojos y apretó la quijada, luciendo totalmente ofendido.- Yachan… te lo
ruego… sé que eres un mujeriego de primera, pero no me digas que Ayana
te gusta…
Aunque el vocalista lo estaba mirando de forma cuasi asesina, Sakura tuvo el descaro de reírse.
-
¿Gustarme?... pues, no exactamente- aceptó, con algo de hilaridad-
Aunque no te voy a negar que es una mujer bonita, creo que incluso tú
eres incapaz de negar eso... Y conociendo tus gustos, estoy casi seguro
que si ella no se hubiera enredado con tu amado Ogawa, puede que te
hayas atrevido a cortejarla en el pasado.
- No. Olvídalo.- Hyde desvió la mirada a manera de desprecio. Sakura volvió a reír.
- ¿Estás seguro?.
-
Sí... y ya deja el tema, que estamos perdiendo tiempo y Tetsu puede
llegar en cualquier momento. Recuerda que no conviene que él nos vea
juntos… si vas a seguir con tus bromas, mejor te marchas, ¿no?.
- Vaya que te enfadaste… ¿Me estás echando, Haido?
- Si sigues insinuando que me podría gustar Ayana, pues sí. Te estoy echando.
- Piensa muy bien en lo que haces... Pronto, me vas a estar llamando, desesperado porque quieres verme.
-
Me conoces demasiado para mi gusto- pese a que los comentarios de
Sakura lo había enfadado, el vocalista sonrió.- En todo este tiempo,
eres la persona que más he tenido cerca…
- Eso no es cierto. Y tú lo sabes. No soy el único.
-
Bueno…- Hyde rió.- Ya sabes que Gackt es un tema a parte. De todas
formas… tengo claro que has sido tú quien siempre me ha vigilado desde
cerca, siempre te preocupaste de que no hiciera algo estúpido, o al
menos, más estúpido de lo que suelo hacer siempre… supongo que eres lo
único que necesito ahora para sentirme un poco más estable. Y qué
gracioso… eres el único que no puedo tener cerca ahora…
Con un
suspiro, Haido se quedó en silencio. Bajó la mirada hacia sus zapatos,
sintiendo como el baterista lo escrutaba con la mirada. Le hubiera
gustado no estar tan consciente de que pronto iba a llegar Tetsu, y que
pronto, también, iba a volver a su vida de siempre.
Tan vacía y falsa como el amor que juraba tener por Tetsu.
-
¿Te das cuenta que lo que me dices suena demasiado a una declaración
romántica?- comentó Sakura en voz baja. Haido sonrió con algo de ironía y
levantó la mirada para verlo de frente.
- Yachan, te quiero demasiado como para que mis palabras sean una declaración romántica.
-
Eso no parece ser una buena explicación- comentó Sakura con algo de
seriedad. Hyde, sin embargo, negó con un ademán, se removió en su
asiento y sonrió.
- Si tuviera algo romántico contigo, no sería
ni la mitad de bueno de lo que siento ahora por ti- explicó,
encogiéndose de hombros.- Sakura, el amor es una porquería, tan sencillo
como eso. El amor es una mierda egoísta y tortuosa, que te hace
depender de alguien más, solamente para que ese alguien te use a ratos y
luego se vaya y tú sufras… y así sucesivamente, como en un ciclo
infinito… Por eso, pienso que los cariños más verdaderos son aquellos
que sienten los hermanos o los amigos… son un poco más como lo que yo
siento cuando estoy contigo…
El vocalista se perdió en la
reflexión, y fue entonces cuando Sakura eligió el momento para decir en
voz alta la pregunta que estaba rondando en su mente desde hacía tiempo.
-
¿Nunca te has puesto a pensar qué pasaría si yo decidiera que no quiero
seguir siendo tu amigo?- Sakura volvió a taladrarlo con la mirada.
Serio… tan serio que Haido se obligó a no estremecer.
- La verdad es que me pregunto eso todos los días… y aún no entiendo cómo puedes aguantar a un tipo como yo.
Aunque había cierto dolor en la voz del vocalista, tras un rato de silencio, Sakura no pudo evitar sonreír con algo de amargura.
Por supuesto, Haido no había entendido su pregunta.
-
Quédate tranquilo, porque un tipo como tú puede tener asegurada la
lealtad de un tipo como yo, si es que eso te sirve de algo.- declaró el
baterista luego de unos segundos. En un gesto sin pensar, colocó su mano
en los hombros del vocalista y luego fue bajándola por su espalda, en
una caricia que podría ser considerada como de camaradería, pero que en
realidad no lo era.
Haido le sonrió mientras se conectaban sus
miradas, y Sakura sintió algo cercano a un deja vu. Se dio cuenta que
estaba repitiendo la misma escena en la clínica, estaba a punto de
acortar la pequeña distancia que los separaba, inclinarse sobre su boca y
darle un beso, sin importar que todos pudieran verlo, que alguien
descubriera que se trataba del vocalista de una banda famosa y su
antiguo compañero de banda, dos hombres en un lugar tan público como
ese.
Estaba a punto de besarlo, sin importar siquiera lo que Haido pudiera pensar de ese beso.
En
una broma macabra del destino, la música rockera y estridente del
celular de Hyde comenzó a sonar, sobresaltando a ambos y destruyendo la
magia propia del momento. La sonrisa de Hyde ahora fue de disculpa, y
mientras sacaba el ruidoso aparato de su bolsillo, Sakura se apartó y
lanzó una maldición casi inaudible entre dientes.
Estaba claro que alguien allá arriba conspiraba en su contra siempre que estaba cerca de Hyde.
-
Tetsu me está llamando de nuevo- anunció Haido en voz baja, mirando en
la pantalla las letras vistosas que anunciaban el nombre del bajista,
casi como una burla.- De seguro anda cerca… llegó más rápido de lo que
pensaba.
Hyde miró a Sakura con algo de congoja. Entonces, el baterista comprendió que era el momento de retirarse.
Como siempre, la sola mención de Tetsuya Ogawa lograba desplazarlo.
- Entiendo el mensaje, voy a cambiarme y luego a la casa de tu amada
Ayana – Sakura se puso de pie en un movimiento ágil y se arregló la
chaqueta de cuero.- Te llamo en caso de cualquier cosa, y… por favor, ya
contesta ese aparato, que el ruido me está taladrando los oídos.
El
vocalista ahogó un suspiro. Antes de que Sakura pudiera irse, se puso
de pie y lo tomó del brazo, lo observó de forma penetrante y se acercó
para darle un beso en la mejilla. Un beso que Sakura sintió casi como si
fuera una puñalada.
- Sakurazawa, no te voy a dejar ir con esa
cara… nos volveremos a ver pronto, te lo juro - le susurró Haido con voz
grave. Sakura rió y lo apartó con delicadeza.
- No te acerques tanto… tu presa puede estar cerca y no te conviene que piense que lo engañas.
- A la mierda lo que piense Tetsu.
- Hace un rato no opinabas lo mismo.
En
un movimiento rápido, Sakura le arrebató el celular de las manos y
apretó el botón para aceptar la llamada. Se lo tendió a Haido,
gestualizó un burlón “nos vemos”, y le dio la espalda para alejarse por
las escalinatas, su figura oscura bajo el sol rutilante de la tarde,
como un cuervo volando justo bajo el sol.
Sin otra opción, Hyde
acercó el auricular a su oído y contestó con voz impasible, aún mirando
la silueta de Sakura mientras se alejaba.
- Hola, Tetsu, ¿dónde estás?... ok, voy para allá.
Colgó
el teléfono con mucha desgana. Para su buena suerte, el bajista había
llegado por la parte trasera del centro comercial. Aún así, mientras se
obligaba a apartar la mirada y caminaba al lugar donde Tetsu le había
indicado, Haido se sintió bastante harto.
Por primera vez, deseó
haberse ido con Sakura lejos de sus planes de venganza y lejos del
hombre que tanto odiaba y que amaba, a la vez.
“Es demasiado tarde para que te arrepientas, Hyde… ya no puedes huir y tratar de ser feliz”.
No
era necesario que hiciese un esfuerzo para recordar las inmensas noches
en velas que lo acechaban hasta hace unas semanas. El recuerdo de la
traición de Tetsuya era una herida aún latente, incrustada profundamente
en su cuerpo, un puñal por siempre clavado en su corazón a menos que
hiciera algo pronto para sacárselo.
Cuando vislumbró el Mercedes
gris que Tetsu manejaba aparcado en una esquina, Hyde se obligó a
relajar su expresión, esbozar una sonrisa bastante hipócrita y abrir el
teatro de mentiras de nuevo. Volver a fingir que era un hombre
condescendiente y bueno y que volvía a amar a Tetsu, incluso
perdonándolo de todos sus engaños.
Qué mentira.
El
vocalista cruzó la calle, abrió la puerta del copiloto del auto y se
sentó al lado de un Tetsu algo taciturno, quien lo observaba con una
expresión totalmente tras las gafas oscuras que usaba a la hora de
manejar.
- ¿Y qué tal?, ¿Cómo te fue con el abogado?- le preguntó
Hyde como si nada, colocando una mano sobre una pierna de Tetsu a
manera de saludo y cariño.
El bajista prendió el motor del auto y miró hacia delante, apretando los labios en una línea fina.
- Tetsuya, te hice una pregunta.
- Bien… Me fue bien.
La respuesta había sido indudablemente brusca. Hyde
observó a su pareja entornando los ojos, y aunque ya había percibido
cierto tono forzado en la voz de Tetsu cuando el bajista lo había
llamado al celular, ahora que lo tenía al lado podía cerciorarse de que
Tetsuya estaba, indudablemente, enojado.
Tratando de no exasperarse también, Haido ahogó un suspiro y se obligó a mantener el talante sereno y conciliador.
-
Bueno, ¿y qué te dijo?- le preguntó de forma tentativa, haciendo como
si no se percatara del enfado de Tetsu.- Mientras estuve acompañándote
en el buffet te dio buenas expectativas… ¿dijo algo nuevo después de que
yo me fui?.
- No.
Se detuvieron en un semáforo. Tetsu
tenía la mirada en frente, fija en el camino, como si no notara que
había alguien más al lado de él.
Decidiendo que no estaba de ánimo como para soportarlo, Hyde optó por ir al grano.
-
¿Por qué estás enojado conmigo?- le preguntó con voz ronca, mirando
también al frente, recordándose las una y mil razones por las que no le
convenía pelear con Tetsu.
El bajista no contestó de inmediato.
Se mantuvo un par de segundos totalmente hermético, y luego las
comisuras de su boca se movieron para formar una sonrisa algo tensa.
- ¿Tú qué crees?- contraatacó de vuelta. Haido suspiró de forma audible.
- Tetsu, no me respondas con otra pregunta...
-
Y tú, Haido, no me subestimes, ¿vale?- el bajista dejó de sonreír y por
primera vez le lanzó una mirada seria- Si te desapareces por horas para
venir a un lugar tan concurrido como un centro comercial, entonces, es
más que obvio que me voy a enojar, ¿no te parece?.
Hyde le
devolvió la mirada con algo de desafío. El semáforo marcó el verde, y
mientras se ponían en marcha de nuevo, Haido copió la sonrisita irónica
que había tenido Tetsu segundos atrás.
- No puedo creer que te
enfades porque salgo a caminar un rato… tengo cuarenta años, no
pretenderás que te de cuenta de mis actos como si fueras mi padre. Sería
ridículo…
-¿Tan ridículo te parece que me preocupe por ti?.
-
Claro que no, no seas tonto… Me gusta que te preocupes por mí. Pero de
la misma forma, me hastía que lo hagas hasta el punto de controlar todos
mis actos, como si yo fuera un niño de cinco años y tuvieras que
vigilarme… sabes bien que no soporto que me controlen, ni mucho menos
que tú lo hagas. No tienes derecho.
“Te acostaste con otra a mis espaldas… ¿con qué cara vienes ahora a controlarme?”
Aunque
no lo había dicho en voz alta, la indirecta sobre la infidelidad de
Tetsu pareció ser más que explícita. En parte, Hyde se arrepintió de su
reacción. “Estás siendo un impulsivo, ¿qué pasa contigo, Takarai?” lo espetó una voz dentro de su cabeza. El vocalista colocó sus dedos sobre sus sienes y apoyó la frente sobre el cristal.
A través de su propio reflejo, los ojos azules lo miraban con reproche.
-
Perdona. Sé que para pelear se necesitan dos, no pretendía sonar tan
agresivo contigo- Hyde agregó después de un rato, con voz bastante más
tranquila. Sin embargo, aunque colocó una de sus manos sobre las piernas
de Tetsu de nuevo, el semblante del bajista no se relajó en lo
absoluto.
- Si no quieres que te trate como un niño, entonces
no te comportes como uno y preocúpate más por tu salud, ¿quieres?.- le
espetó Ogawa en voz fría.- Puedo haber cometido muchos errores en el
pasado, pero ya te pedí perdón por ello… porque te quiero me sigo
preocupando tanto por ti. Y con mayor razón ahora, que veo que no estás
haciendo ningún esfuerzo por cuidarte. Ninguno.
Ahora sí, Tetsu
logró enfadarlo. La sonrisa en el rostro de Hyde desapareció al
instante, detuvo las caricias y se dio cuenta que por ahora, no podría
tolerar tan estoico que Tetsu se pusiera en un rol de padre que no le
correspondía.
Y por sobre todo, que le dijera así, tan descarado, que todo ese teatro era porque lo quería…
“Tú no quieres a nadie, Ogawa… solamente te quieres a ti mismo”
-
Acabamos de pasar toda la puta mañana haciendo el amor en mi cama y
ahora me vienes con esto… se te da bien eso de arruinar los buenos
momentos, Ogawa... En serio.
Indudablemente, la voz fría del
vocalista logró remecer a Tetsu, quién apretó con aún más fuerza el
agarre de sus manos sobre el volante y no se atrevió a contestarle. Sin
ánimos de seguir la pelea, ambos se quedaron en silencio por unos
segundos. Y cuando Tetsu volvió a parar en una luz roja, Haido le quitó
el seguro a la puerta del auto y la abrió.
- ¿Qué crees que estás
haciendo?- le preguntó Tetsu al instante, sorprendido, viendo a Hyde
bajar del auto sin reparar que a su lado seguían pasando otros vehículos
que doblaban a toda velocidad.
- ¿No es obvio?... Prefiero tomar un taxi antes de seguir peleando aquí, contigo.
- Haido, por favor… sube al auto. No seas ridículo.
El vocalista rió con ironía.
-
Ridículo sería que mantuviéramos la misma pelea hasta llegar al
departamento, si es que no chocamos antes… Te recuerdo, Tetsuya, que la
última vez que peleamos dentro de tu flamante Mercedes terminé pasando
varios días en un hospital. No voy a arriesgarme de nuevo a tener otro
accidente por tu culpa… vete con cuidado. Nos vemos en el departamento.
Sin nada más que decir, Hyde cerró la puerta del auto con fuerza, pasó
por detrás del Mercedes y se fue caminando por la calle sin siquiera
mirar atrás. “¿Quién diablos se cree que es?” pensó furioso, mientras se ponía las gafas de sol para que nadie en la calle lo reconociera.
De pronto, recordó las palabras de Sakura... Y no se sintió mucho mejor.
“Todo sería más fácil si decides pasar la página de una vez…”
¿Podría alguna vez hacerlo?.
“Claro que no”,
Haido sonrió con amargura. Y mientras decidía seguir caminando un poco
más antes de volver al departamento, tuvo, de pronto, enormes deseos de
cantar.
“Desearía que te hayas ido… desearía que estuvieses muerto”.
Publicado por
Dolly
0 comentarios:
Publicar un comentario